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Web y foro contra la desertización, el cambio climático y erosión en las Islas Canarias

Hasta el 2008 el Ministerio de Medio Ambiente invertirá 82 millones de euros para paliar los efectos de la desertificación

Hasta el 2008 el Ministerio de Medio Ambiente invertirá 82 millones de euros para paliar los efectos de la desertificación

El Mundo, 17-6-2005

MADRID.- El Ministerio de Medio Ambiente destinará durante el período 2005-2008 más de 82 millones de euros para paliar los efectos de la desertificación, un mal que ya afecta a más de un tercio de la superficie de España. La Comunidad Valenciana, Murcia y CANARIAS están ya en situación de riesgo muy alto de que la desertificación afecte al 100% de su territorio.

Para realizar las actuaciones oportunas, Medio Ambiente suscribirá acuerdos con Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura, Galicia, La Rioja, Madrid, Murcia y Valencia.

Según la información facilitada por este Departamento, las Comunidades en las que el riesgo de desertización es menor son las de Asturias, Galicia (en las que ese riesgo es nulo), Cantabria (el 0,28% del territorio presenta un riesgo bajo) y el País Vasco (el 6,69 del suelo tiene un riesgo medio).

Con la mayoría de su superficie en riesgo muy alto están Cataluña, CANARIAS (la que más, con el 68'5% de todo su territorio), Murcia y la Comunidad Valenciana, mientras que regiones como Andalucía o Madrid tienen un riesgo alto. En situación de riesgo moderado están Aragón, Baleares, Castilla La Mancha, Extremadura, La Rioja y Navarra.

En vísperas del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación, el Ministerio de Medio Ambiente pretende llamar la atención sobre esta realidad, que en España afecta principalmente a las regiones de Andalucía, Murcia, Valencia y Canarias. Los factores climatológicos, naturales y humanos inciden en el desarrollo de la desertificación en todo el país. Para mitigar este proceso, según Medio Ambiente, desde la Dirección General para la Biodiversidad se están llevando a cabo distintas actuaciones, como la implantación de cubierta vegetal protectora y fijadora de suelos.

Asimismo, se está trabajando en un Inventario Nacional de Erosión de Suelos, para cuantificar y reflejar cartográficamente los principales procesos de erosión del suelo; una Red de Estaciones Experimentales de Seguimiento y Evaluación de la Erosión, y un Programa de Acción Nacional contra la Dertificación.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la desertificación amenaza en la actualidad a la cuarta parte de las tierras del planeta, a 250 millones de personas y el sustento de más de 1.000 millones de habitantes de 100 países, debido a la disminución de la productividad agrícola y ganadera.

Más de un tercio de la superficie de España está desertificada y la provincias de Las Palmas y Alicante "al cien por cien"

Más de un tercio de la superficie de España está desertificada y la provincias de Las Palmas y Alicante "al cien por cien"

El Mundo, 15-6-2005

MADRID.- España sufre una desertización alta en más de un tercio de su superficie si se suman todos los parámetros -erosión, frecuencia de incendios y condiciones climáticas-, según la subdirectora de Política Forestal y Desertización, María Jesús Rodríguez de Sancho. La desertización consecuencia de la erosión "es un riesgo que existe" y está siendo estudiado en el Ministerio de Medio Ambiente, que está llevando a cabo un Inventario Nacional de Erosión de Suelos (INES) a razón de cinco provincias por año.

Ya están terminados los INES de las Comunidades Autónomas de Asturias, Baleares, Cantabria, Cataluña, Galicia, Madrid, Murcia, Navarra y La Rioja y, posiblemente, toda España esté inventariada en 2012, anunció Rodríguez de Sancho.

Los estados erosivos, sin embargo, no son más que "uno de los parámetros" que se utilizan para estudiar la desertificación; otros son la frecuencia de los incendios forestales, las condiciones climáticas (precipitaciones, sequía) o el índice de aridez. A la recurrencia de los incendios se unen como causas de erosión "las prácticas agrarias, el uso abusivo de los productos agrícolas y el uso inadecuado de técnicas de riego".

María Jesús Rodríguez de Sancho señaló que "disponemos de unas estadísticas de incendios muy completas desde los años 60 y de ellas se deduce que la superficie incendiada cada año se mantiene estable, mientras ha aumentado el número de incendios". Esto se puede deber "a la sequía, pero también a acciones humanas fruto de la negligencia o la intencionalidad", indicó Rodríguez de Sancho.

Aumenta la superficie forestal

Por otro lado, según la subdirectora, en los últimos años ha aumentado la superficie forestal en España, pero María Jesús Rodríguez reconoció que este aumento se debe "en parte a que ha cambiado la metodología" de recuento.

"Actualmente las mediciones se hacen mejor y con mayor exactitud", señaló y agregó que los datos sobre la extensión de bosques se utilizan también para actualizar los datos de erosión. Posteriormente, los nuevos indicadores se comparan con los mapas de estados erosivos elaborados entre 1987 y 2002, que se hicieron a escala 1:200.000. "Los nuevo mapas son cuatro veces más detallados porque se realizan a una escala de 1:50.000", explicó Rodríguez de Sancho y añadió que también se utilizan los datos del inventario forestal nacional. "El objetivo es comparar los datos nuevos con los mapas antiguos para ver la evolución de la erosión y la desertificación y poder adoptar medidas", indicó.

Por otro lado, para evitar los efectos de la desertificación el Ministerio de Medio Ambiente está ultimando el borrador del Programa de Acción Nacional contra la Desertificación (PAND), fruto del convenio de Naciones Unidas contra la Desertización, que contempla acciones forestales, ganaderas y agrícolas contra esta degradación. El borrador de trabajo del PAND afirma que la desertización afecta a la casi totalidad de la superficie de siete provincias españolas y dos de ellas, Las Palmas y Alicante, lo están a un cien por cien.

De las 48 provincias analizadas -excluidas las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla- catorce tienen erosionado más de la mitad de su territorio y de ellas, siete presentan niveles por encima del 90% de su superficie.

Canarias es la comunidad que menos invierte en reforestación en todo el país

Canarias es la comunidad que menos invierte en reforestación en todo el país

La Provincia, 14-8-2001

La superficie de tierras agrícolas reforestadas en el último ejercicio en Canarias alcanzó las 26 hectáreas, lo que sitúa al Archipiélago en penúltimo lugar, por detrás de Baleares.
Esta iniciativa contó con unas ayudas de ocho millones de pesetas, la menor cuantía de todo el territorio nacional, según los últimos datos del Ministerio de Agricultura. En toda España las tierras agrícolas reforestadas fueron 157.700 hectáreas, a las que se destinaron 34.846 millones de pesetas.

Para poder contar con subvenciones para la reforestación de tierras agrícolas en concepto de ayudas al establecimiento, prima compensatoria o costes de mantenimiento, hay que ser titular de la explotación, tal y como queda regulado en el nuevo programa de desarrollo rural de noviembre de 2000.

Del total de ayudas, el Ministerio de Agricultura aportó 9.000 millones de pesetas (54,09 millones de euros), mientras que el resto correspondió a los fondos comunitarios Feoga.
Por comunidades autónomas, Andalucía fue la región con mayor superficie reforestada con 102.011 hectáreas –casi el 65 por ciento del total– y unas ayudas de 10.628 millones de pesetas, de los que 7.970 millones correspondieron al Feoga y el resto al Ministerio de Agricultura.

Por detrás se situaron Extremadura, con 19.330 hectáreas y una subvención de 6.118 millones de pesetas; Galicia, con 16.370 hectáreas y una aportación de 4.062 millones de pesetas; Castilla-La Mancha, con 12.149 hectáreas y 5.692 millones de pesetas; y Castilla y León, con 5.199 hectáreas reforestadas y 5.400 millones de pesetas.

Requisitos

Las superficies agrarias susceptibles de ser reforestadas son las tierras ocupadas por cultivos herbáceos, los barbechos y otras tierras no ocupadas, los huertos familiares, las tierras ocupadas por cultivos leñosos, los prados naturales, pastizales y eriales.
Los apoyos que se conceden para fomentar la forestación de explotaciones agrarias son ayudas al establecimiento e incluyen los costes de plantación y de obras complementarias y al coste de mantenimiento que tiene un periodo máximo de duración de cinco años. Asimismo, se otorga una prima compensatoria por la pérdida de ingresos derivada de la forestación de tierras antes dedicadas a la agricultura, por un periodo máximo de 20 años.

La relación de inversiones en reforestación es la siguiente:

O Andalucía 10.628 millones
O Aragón 263 ”
O Asturias 579 ”
O Islas Baleares 20 ”
O Canarias 8 ”
O Cantabria 105 ”
O Castilla-La Mancha 5.692 ”
O Castilla y León 5.403 ”
O Cataluña 376 ”
O Comunidad Valenciana 99 ”
O Extremadura 6.118 ”
O Galicia 4.062 ”
O Madrid 267 ”
O Murcia 699 ”
O País Vasco 99 ”
O La Rioja 1.663 ”

Cambio climático: Canarias amenazada

Cambio climático: Canarias amenazada

Canariasemanal.com, octubre 2004, n. 0

Celia Rodríguez Santamaría

Hasta hace bien poco parecía un peligro remoto. Pensábamos que aun cuando el cambio climático se produjera, sus efectos no nos afectarían ni a nosotros ni a nuestros hijos. Contribuían a alejar nuestros temores las declaraciones de numerosos “expertos”, generalmente afines a las esferas empresariales o de los gobiernos, que trivializaban las advertencias de los ecologistas y de algunos científicos, calificándolas de catastrofistas.

Su optimismo se sostenía en que, supuestamente, los avances de la ciencia y de la técnica – por si solos – solventarían los posibles “efectos secundarios” del crecimiento económico de Occidente. Los medios de comunicación, la mayoría dependientes económicamente de estas esferas de poder, ayudaron a disipar los posibles temores de la gente. El objetivo ha sido, y continúa siendo, ocultar o tergiversar la auténtica naturaleza de lo que se avecina.

Hoy, sin embargo, resulta difícil atreverse a negar la evidencia de la amenaza. Las manifestaciones de la crisis climática son cotidianas. Un reciente estudio de la Agencia Europea de Medio Ambiente ha constatado que los efectos del cambio climático pueden apreciarse ya en Europa en forma de tormentas, inundaciones, sequías y "otras condiciones meteorológicas extremas, cada vez más frecuentes y económicamente gravosas". De entre los países europeos, España y Portugal –frontera sur del continente- serán los más afectados por los efectos del calentamiento. El problema ha resultado ser mucho más grave de lo que se había calculado. A mediados del presente siglo sus temperaturas medias pueden llegar a incrementarse entre 2,5 y 3,5 grados centígrados en relación a las actuales. Pero si el futuro inmediato de la Península Ibérica no resulta muy esperanzador, el del Archipiélago Canario se presenta aún más inquietante. Dada su particular situación geográfica, cualquier alteración brusca, como una disminución de las precipitaciones, podría generar en las islas un proceso de desertificación de catastróficas consecuencias económicas y sociales.

EL “EFECTO INVERNADERO” COMO ORIGEN DEL CAMBIO CLIMÁTICO

La atmósfera terrestre está compuesta por una mezcla de gases (principalmente Oxígeno y Nitrógeno) entre los que se encuentran los que generan el “efecto invernadero”: dióxido de carbono, metano, dióxido de nitrógeno, etc. Estos gases absorben una parte del calor solar devolviéndolo luego a la superficie terrestre. Gracias a este proceso –que aminora las variaciones térmicas - la temperatura media de la Tierra es de unos 15 Cº. Sin una atmósfera que realizara esta función sería de unos -18 Cº. Por lo tanto, lo que se ha dado en llamar “efecto invernadero” es un fenómeno natural sin el cual no sería posible la vida en la Tierra tal y como la conocemos. Sin embargo, el Dióxido de Carbono (CO2) o el Metano no se introducen en la atmósfera solo por causas naturales sino también como consecuencia de la actividad humana. Actualmente, casi nadie se atreve a cuestionar que es esta actividad la que ha añadido un exceso de “gases invernadero” a la atmósfera provocando las alteraciones climáticas. Según el IPCC*, “un cambio discernible de influencia humana sobre el clima global ya se puede detectar entre las muchas variables naturales del clima”.

Más de las tres cuartas partes del CO2 que se concentra en la atmósfera tiene su origen en el consumo que se hace en unos pocos países del Primer Mundo de los combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo) del Planeta. El uso masivo de estas fuentes de energía no renovables ha aumentado la concentración de CO2 en la atmósfera en un 30% con respecto a los niveles preindustriales. Si su utilización continuara incrementándose al ritmo actual, a finales del presente siglo se llegaría a un aumento del 100%. Ni siquiera la constatación de que las reservas de petróleo y las de gas natural son claramente insuficientes para sostener durante mucho tiempo el crecimiento de la producción energética es capaz de detener esta escalada destructiva.

Por otro lado, también la deforestación desempeña un papel fundamental en la concentración de CO2. Los bosques actúan como “sumideros” naturales, ya que las plantas absorben Dióxido de Carbono durante su crecimiento. Los incendios destruyen este elemento de autorregulación y liberan el CO2 almacenado. Para comprender la magnitud de este proceso basta señalar que durante el siglo XX se destruyó el 60% de los bosques tropicales y que, cada año, se queman o talan cinco millones de hectáreas de selva, dos millones de bosque mediterráneo y diez millones de coníferas.

CONSECUENCIAS PLANETARIAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Quizá el más conocido de los efectos del cambio climático sea el calentamiento global del Planeta. Los años noventa fueron los más calurosos desde que comenzaron a registrarse las temperaturas y la velocidad del calentamiento es actualmente de casi 0,2 grados por década. Según la mayoría de los estudios científicos, en los próximos 100 años se producirá un incremento global de entre 1.5 y 5.8 Cº. Lógicamente se trata de datos aproximativos, pero las revisiones al alza de las primeras cifras que se habían calculado indican que el fenómeno no deja de agravarse. En cualquier caso este aumento de temperatura sería el más rápido en los últimos 10000 años y haría muy difícil la adaptación de los ecosistemas del Planeta. Los conocimientos actuales son suficientes para pronosticar que, en muchos casos, ésta adaptación no se producirá. Se estima que de una quinta parte al 65% de los bosques boreales pueden desaparecer. Y, según un estudio reciente publicado en la revista Nature, más de un millón de especies podrían extinguirse antes del 2050. Jamás nuestra civilización ha tenido que enfrentarse a una amenaza semejante.

El calentamiento del Planeta está provocando ya la fusión de la capa de hielo de los casquetes polares y el subsiguiente aumento del nivel del mar -unos 88 cm a finales de este siglo- podría inundar muchas islas y ciudades costeras. Además, estas crecidas invaden las desembocaduras de los ríos, las zonas fértiles, salinizando muchos acuíferos y reduciendo las reservas de agua potable. A lo largo de este siglo, más de cien millones de personas pueden verse afectadas directamente por estas secuelas del cambio climático. Comoquiera que en el suelo helado de las áreas boreales se concentra una gran cantidad de metano –cuyo efecto sobre el recalentamiento global es muy superior al del CO2- si la descongelación de estos territorios no se detiene, su liberación acelerará enormemente el ritmo de este proceso.

En las próximas décadas aumentarán la frecuencia y la dureza de las olas de calor, que sólo en el año 2003 causaron la muerte de unas 30000 personas en los países de la Unión Europea.

La excesiva evaporación generada por el incremento de las temperaturas contribuirá a modificar los ritmos de las lluvias. Las masas de aire caliente absorben gran cantidad de vapor de agua que más tarde se descarga en forma de violentas precipitaciones. Por lo tanto, las altas temperaturas no provocarán solamente una intensificación de las sequías; sino también al aumento de las lluvias torrenciales. La agricultura y la ganadería de grandes zonas del Planeta pueden resultar arruinadas por el efecto combinado de ambos fenómenos.

Lo que hace no mucho tiempo era una fundada predicción científica se ha convertido en los últimos años en una realidad. En el 2003, los desastres naturales causados por fenómenos climáticos extremos se multiplicaron por 7. En el 2004, todo apunta a que la devastación que están provocando los ciclones, huracanes y tormentas superará con creces las pérdidas personales y materiales del pasado año.

Pero no solo la agricultura y la pesca sino todos los ecosistemas terrestres y acuáticos y, por lo tanto, el conjunto de las actividades socioeconómicas básicas y la salud humana se verán gravemente afectados. La Organización Mundial de la Salud ha alertado de que el cambio climático conllevará la reaparición y extensión de enfermedades infecciosas como la malaria, el dengue o la fiebre amarilla y una significativa pérdida de vidas humanas.

Muchos otros impactos son aún difíciles de prever, pero lo que sí se sabe con certeza es que no se manifestarán aisladamente. Ya en 1966, el biólogo Barry Commoner alertaba de que “el medio ambiente es un sistema complejo, delicadamente equilibrado, y este conjunto íntegro recibe el impacto de todas las agresiones infligidas separadamente por los agentes contaminadores… sus efectos acumulativos, sus acciones interdependientes y su amplificación, pueden ser fatales para la compleja trama de la biosfera”.

Commoner llegaba a finales de la década de los sesenta a conclusiones similares a las que, en el año 2003, se exponían en un informe sobre el estado del Mundo elaborado por el Instituto Wordswatch “a no ser que se produzca un cambio radical, la capacidad de la biosfera de la Tierra para albergar vida – incluyendo la humana – no podrá garantizarse por muchos años”.

EL CAMBIO CLIMÁTICO EN CANARIAS: EL IGNORADO PROTOCOLO DE KYOTO

Aunque puede hablarse con total propiedad de las “consecuencias globales del cambio climático”, sus impactos serán bastante dispares en unas y otras regiones de la Tierra. A la hora de evaluar la gravedad y magnitud que tendrá este cambio en cada una de ellas se deben tener en cuenta, al menos, dos factores fundamentales. La capacidad de los diferentes países para dar respuesta a los fenómenos climáticos más extremos y la situación geográfica de cada una de ellos. Como puede suponerse, serán los habitantes de las regiones más pobres –especialmente los del Sur- los que más sufrirán con las sequías, inundaciones, desplazamientos y hambrunas.

Pero, también entre los países del “Primer Mundo” la variable geográfica resultará fundamental. Al menos a muy corto plazo, aquellos que estén situados en altas latitudes podrían verse incluso beneficiados por unas temperaturas más suaves. En cambio, para los de bajas latitudes la elevación de las temperaturas se traducirá en: un mayor número de incendios, disminución de las reservas de agua, descenso de la productividad agrícola, etc.

En el caso del Archipiélago Canario, situado a escasos 100 Km del continente africano, la tendencia hacia la desertificación se manifestará intensamente, aunque ésta no será la única consecuencia negativa del cambio climático. Un incremento continuado de las temperaturas podría convertirse en detonante de un colapso del frágil e insostenible modelo económico impuesto en las islas, responsable a su vez de su feroz degradación medioambiental. Subordinar la economía de una región a un solo sector y tan inestable como el turístico, tal y como se ha hecho en Canarias, es de por sí bastante peligroso. Si además esto se hace en un territorio limitado y con unos ecosistemas tan frágiles como los del Archipiélago; y cuando la única “planificación” consiste en permitir el “crecimiento” ilimitado en beneficio de una depredadora clase empresarial, sin duda se están sentando las bases para reproducir las crisis económicas que han caracterizado toda nuestra historia.

En el Archipiélago Canario la “liberalización” del suelo ha dado rienda suelta al gran negocio de la especulación inmobiliaria que ha destruido, sistemáticamente, el suelo rústico, las zonas verdes y las costas de las islas.

La construcción de muelles deportivos, macro hoteles o campos de golf y la actividad asociada a estas instalaciones ha generado y continúa generando un consumo de energía desorbitado. La ingente cantidad de residuos que este consumo provoca desborda totalmente las posibilidades de tratamiento de las islas; por lo que, en muchos casos, se recurre a la incineración. Una de las prácticas que más gases de efecto invernadero incorpora a la atmósfera.

La política de gestión del agua, que prioriza también el abastecimiento del desproporcionado sector turístico y de una agricultura de exportación muy poco “ecológica”, somete los escasos acuíferos a una sobreexplotación e incrementa también el gasto energético de manera exponencial.

Para nuestra casta política, cuya connivencia con los sectores empresariales es bien conocida, los acuerdos internacionales que pudieran frenar este “crecimiento” no han supuesto ningún obstáculo. En 1997 el gobierno español firmó, junto a otros 38 países industrializados, el Protocolo de Kyoto. El compromiso de los representantes de la Unión Europea consistió en reducir la emisión de seis de los gases de efecto invernadero en un 8% entre los años 2008-2012 con respecto a los niveles de 1990. Sin embargo, a algunos países, que alegaron su escasa capacidad para reducir las emisiones, se les proporcionó un trato especial. Al Estado español se le permitió aumentar sus emisiones en un 15%. En el año 2003, ya había superando en casi un 40% los niveles de 1990. El archipiélago canario ha estado a la cabeza en la consecución de este lamentable record. Entre los años 1990 y 2000 la emisión de gases de efecto invernadero aumentó en Canarias en un ¡76,6%! (más que en cualquier otra parte del Estado).

En las Islas, un 49% de las emisiones de CO2 están generadas por el transporte; sobre todo por los vehículos privados. El censo de coches en Canarias supera las 1300.000 unidades, lo que significa que circulan casi 7 vehículos por cada 10 habitantes (datos del ISTAC). Pese a que estas cifras son más que alarmantes, no existen políticas ni presupuestos serios destinados a fomentar la alternativa del transporte público. Los hipócritas “días sin coche” celebrados cada año se combinan con la construcción de más carreteras y circunvalaciones que no pueden solventar los problemas de circulación, en tanto el parque móvil continúe aumentando.

Mientras, los canarios han empezado a sufrir algunos de los efectos del cambio climático. La ola de calor que afectó al Archipiélago entre los meses de julio y agosto del presente año fue, según el director del Centro Meteorológico de Canarias, “la más intensa que se ha conocido en Canarias”. El pasado verano se alcanzaron temperaturas de hasta 46 Cº en Lanzarote, 43Cº en Tenerife o 42Cº en el sur de Gran Canaria. Al menos 13 personas murieron como consecuencia de esta ola de calor.

Recientemente, un estudio realizado por la ULPGC estableció que las “mareas de algas” formadas por primera vez en aguas de Gran Canaria y Tenerife se originaron por una “combinación de condiciones climáticas inusuales hasta la fecha”. Según el profesor Antonio Ramos, se llegaron a dar en el mar temperaturas de 29,5 grados “tres por encima de la máxima temperatura registrada en los últimos 15 años”. Según los responsables del estudio este tipo de afloramiento puede convertirse en recurrente en el Archipiélago si las temperaturas continúan siendo tan elevadas. Y añadieron además que podrían reproducirse “otras bacterias más tóxicas que presentarían un riesgo para la salud humana”. No se trata, en este caso, de una manifestación espectacular del cambio climático, aunque sí ilustra hasta que punto son imprevisibles muchas de las consecuencias cuando se altera bruscamente el equilibrio de los ecosistemas.

En cualquier caso, lo que sí se puede predecir es que Canarias será una de las regiones donde más influirá este cambio. De alguno de los fenómenos extremos que hemos mencionado, como las lluvias torrenciales, hemos tenido ya trágicos adelantos, como las inundaciones en Tenerife en mayo del 2003.

Uno de los grandes peligros que tendremos que afrontar en el presente siglo será el progresivo aumento del nivel del mar. Ni siquiera es necesario imaginar escenarios apocalípticos de desaparición total de las islas (lo que por otro lado tampoco se puede descartar). Basta con pensar en el terrible impacto que incluso pequeños aumentos tendrían sobre nuestras playas y muelles, de los que tanto depende la actividad económica del Archipiélago.

Por otro lado, difícilmente el castigado sector agrícola de Canarias podría sobrevivir a un intenso proceso de desertización provocado por el efecto combinado de unas precipitaciones cada vez más escasas y el aumento en la evaporación del agua.

Si se suman a todos estos efectos una importante pérdida de biodiversidad y el fuerte incremento de la erosión de las islas, el panorama resultante no es, ciertamente, demasiado alentador. Y, desde luego, nada tiene que ver con el “paraíso de clima eternamente primaveral” que en las últimas décadas ha convertido a nuestro territorio en lugar de descanso para turistas británicos, alemanes o daneses.

Actualmente estamos viviendo una de las crisis más graves en el sector turístico y no parece que vaya a tener una pronta solución. ¿Qué sucederá en los próximos años si, como indican todos los datos, el ritmo del cambio climático continúa incrementándose? Y, ¿qué alternativas están planificando nuestros eximios políticos locales?

El pasado mes de mayo, el gobierno autónomo de Coalición Canaria mostró hasta que punto se interesa por el bienestar de sus ciudadanos, solicitando a Madrid un tratamiento especial para continuar superando el porcentaje de emisiones de gases recomendado para el Archipiélago.

¿QUÉ SE ESTÁ HACIENDO PARA DETENER EL CAMBIO CLIMÁTICO?

A nivel internacional, los síntomas cada vez más evidentes de lo que nos depara el futuro inmediato han hecho cundir la alarma. En los últimos años una acelerada toma de conciencia se ha generado en sectores cada vez más amplios de la sociedad. Muchos han empezado a actuar individualmente intentando cambiar sus hábitos de consumo y ahorro. En consonancia con esta nueva sensibilidad social, políticos profesionales e incluso los propietarios de las industrias más contaminantes se han transformado en ecologistas de nuevo cuño, incluyendo en sus respectivos discursos una inevitable alusión al “desarrollo sostenible”. ¿Pero, son sinceras estas declaraciones? Dejemos que los hechos se encarguen de responder a esta pregunta.

Los dirigentes políticos de todo el Mundo conocen desde hace al menos tres décadas lo que debería hacerse para intentar afrontar la crisis medioambiental. Los primeros estudios elaborados por el Club de Roma sobre este problema datan de finales de los años sesenta.

En 1972, la ONU se vio obligada a celebrar la primera cumbre de la Tierra. Desde entonces, las reuniones internacionales se han venido celebrando sin que ninguna de ellas sirviera para implementar medidas operativas capaces de frenar el grave deterioro al que está sometido el planeta.

En la Cumbre de Río de Janeiro, 1992, los líderes mundiales adoptaron, por fin, un “plan de acción para lograr un desarrollo sostenible”. Se realizaron numerosas y esperanzadoras declaraciones sobre la lucha contra el cambio climático, la protección de la biodiversidad o la erradicación de las sustancias tóxicas. La prensa internacional calificó el evento como el más importante de los celebrados hasta la fecha. Sin embargo, los grandes medios de comunicación prefirieron no hacerse eco del “desembarco” en la Cumbre del “Consejo Empresarial para el desarrollo Sustentable”, una asociación compuesta por 48 dirigentes de las mayores empresas de todo el Mundo. En realidad, el convenio sobre cambio climático firmado en Río de Janeiro por 181 países no estableció normativa vinculante alguna ni disposiciones efectivas. El “libre mercado, las nuevas tecnologías y el crecimiento económico” se mantuvieron como condiciones imprescindibles para alcanzar un “desarrollo sostenible” definido a la medida de los intereses representados por el Consejo Empresarial. En 1995, el Consejo se reorganizó, integrando esta vez a 150 empresas multinacionales de 27 países que participaron en la preparación de la Cumbre de Johannesburgo celebrada en el 2002. Así las cosas, no es de extrañar que el Plan de Acción aprobado en la ciudad africana propusiera como mecanismo para superar la degradación medioambiental una mayor “liberalización de los mercados”. Diferentes organizaciones internacionales han venido denunciando como la ONU ha abierto sus puertas a las más poderosas corporaciones multinacionales; que consiguen una y otra vez imponer sus propuestas de “autorregulación mediante códigos voluntarios de conducta”. Estas empresas, responsables directas de la destrucción medioambiental, comenzaron muy pronto a invertir una pequeña parte de sus beneficios en magníficas campañas propagandísticas destinadas a fabricarse una renovada imagen ecológica y a imponer un nuevo “ambientalismo empresarial”. Teoría en la que se plasma el deseo de subordinar el cuidado medioambiental a la “racionalidad” del mercado.

Un buen ejemplo de la hipocresía que se esconde tras estas lujosas propagandas lo ofrece la petrolera española Repsol. Recientemente, los responsables de la compañía hicieron público un comunicado en el que manifestaban su “preocupación ante los crecientes indicios de que la actividad humana está causando un impacto sobre el clima de consecuencias aún impredecibles”. Y se comprometían a “colaborar con las administraciones públicas de los países donde opera para facilitar el cumplimiento de los compromisos internacionales, singularmente el Protokolo de Kyoto”.

La realidad es que, en países como Argentina o Ecuador, Repsol IPF, además de despreocuparse totalmente de sus ingentes emisiones de gases, está cometiendo un auténtico genocidio con las ya menguadas poblaciones indígenas. Los Huaorani de Ecuador y los Mapuche de Argentina han denunciado a la petrolera por: explotación laboral, contaminar las reservas de agua potable ocasionando un número importante de muertes o enterrar los desechos de su producción sin ningún tratamiento previo. El 80% de los indígenas Huaorani de Ecuador son portadores de hepatitis como resultado de la explotación petrolífera. En Colombia, la compañía ha instalado bases militares para custodiar los pozos de petróleo; participando en las masacres paramilitares y en amenazas de muerte a los sindicalistas que se atreven a denunciar estos abusos.

Pero la actividad de Repsol IPF apenas si se diferencia de las prácticas del resto de multinacionales que, han conseguido apropiarse incluso de las reivindicaciones ecologistas. Paradójicamente, quienes hoy pretenden abanderar un “crecimiento sostenible” formaban parte, hasta hace bien poco, del “Global Clima Coalition”, poderoso grupo de presión creado para oponerse a las reglamentaciones sobre las emisiones de gases de efecto invernadero previstas por el Protocolo de Kyoto.

¿Y el publicitado Protocolo? ¿No podría significar al menos un primer paso para revertir el cambio climático?

El acuerdo firmado por los 39 países industrializados en la ciudad japonesa se ha presentado ante la opinión pública mundial como la muestra más evidente de que, finalmente, los líderes políticos han comprendido la necesidad de pasar a la acción en la defensa del medioambiente. Al mismo tiempo, se ha venido haciendo hincapié en que la negativa de los EE.UU. a comprometerse en el proyecto anulaba gran parte de su efectividad, ya que la potencia norteamericana es, con mucho, el Estado más contaminante del Planeta. Sin duda, esto es cierto. Pero representa tan solo un pequeña parte de la verdad.

Cuando han pasado casi siete años desde los acuerdos de Kyoto podemos realizar un primer balance sobre la credibilidad de las promesas realizadas en esa Cumbre.

La media de reducción de gases de efecto invernadero asumida en Kyoto por los países más industrializados fue de aproximadamente un 5.2%. Actualmente, y según un informe que la propia ONU hizo público en el 2003, “los países ricos están aumentando las emisiones de gases causantes del efecto invernadero y la tendencia no presenta signos de cambiar”. De acuerdo con los estudios realizados por esta organización, las emisiones de Europa, Japón, Estados Unidos y otros países industrializados crecerán en conjunto un 17% de aquí al 2010.

Pero lo más preocupante no es el hecho de que los rubricantes del Protocolo hayan sido incapaces de lograr la reducción a la que se comprometieron. Aún más significativo es el propio contenido de los acuerdos, que refleja hasta que punto sus pactos continúan subordinados a las necesidades de acumulación de los grandes poderes económicos. No mucha gente sabe que el Protocolo de Kyoto incluyó una fórmula ideal para que los firmantes pudieran eludir el compromiso ecológico: “la posibilidad de comerciar con los derechos de emisiones”. Esta cláusula –basada en los supuestos de la economía neoliberal- permite a las empresas que deseen contaminar por encima de los niveles establecidos acudir al mercado para comprar estos derechos a otras empresas o países. De esta forma, los Estados que más contaminan intentarán garantizar “su crecimiento económico” comprando sus cuotas a los países subdesarrollados. Sin ir más lejos, el Plan Nacional de Asignación de Derechos de Emisión de CO2 del PSOE prevé cumplir con el compromiso de Kyoto recurriendo a la compra de derechos en América Latina y la Europa del Este. El procedimiento para llevar a cabo este tipo de transacciones también fue desarrollado en el Protocolo bajo el eufemismo de “Mecanismos de Desarrollo Limpio”. Proyectos de inversión – es decir, nuevas posibilidades de hacer negocio- relacionados con bosques, plantaciones forestales y suelos en dichos países.

Con todo, el más importante de los engaños consiste en ocultar a la mayoría de la población el hecho de que el objetivo de reducir en un 5% u 8% las emisiones de CO2, no modificaría ni un ápice la evolución del cambio climático. Según las opiniones científicas más autorizadas, para estabilizar la concentración efectiva de Dióxido de Carbono en la atmósfera sería preciso reducir las emisiones de origen energético entre un ¡70% y un 80%! (con respecto a los niveles de 1990). Y aún así, dicha estabilización solo tendría lugar una década después con una cantidad de dióxido de carbono un 8% mayor que en 1990.

No es casual que nadie mencione estas cifras ya que, sencillamente, reducciones de esta magnitud son absolutamente incompatibles con la ley de hierro que rige el sistema económico mundial: la acumulación. Una de las primeras lecciones que se imparte a cualquier joven estudiante de Economía es que la única manera de evitar la paralización de la producción - que se produce cuando esta acumulación no puede continuar - consiste en aumentar el Consumo ¡sin cesar y además a una tasa creciente! Este objetivo básico de la actividad económica de la sociedad capitalista se formula habitualmente como la necesidad de alcanzar “un rápido y continuado crecimiento”.

En la actualidad, ya hemos sobrepasado con creces la capacidad de regeneración de la biosfera terrestre y los recursos naturales más básicos se agotan de manera alarmante. Y, pese a las viejas promesas de “prosperidad para todos”, el incremento de la producción continúa basándose en una concentración cada vez mayor de la riqueza y en la extensión de la miseria entre la mayor parte de la población mundial. Mientras el 20% de los habitantes del planeta dispone del 86% del PIB global; más de mil millones de personas no pueden acceder al consumo básico de agua, alimentación o energía.

Esta crítica situación ha convertido en un reto impostergable recuperar una explicación totalizadora que sea capaz de establecer las oportunas relaciones entre ecologismo – economía y política. Una explicación que permita desechar, por quiméricas, las soluciones que durante décadas nos han venido presentando como “realistas”. El cambio climático no se detendrá convenciendo a los grandes multinacionales para que contaminen con moderación. Por el contrario, su búsqueda continua del máximo beneficio y la lucha incesante por conquistar nuevos mercados y dominar los escasos recursos naturales continuarán empeorando, necesariamente, la crisis medioambiental. Las guerras de conquista contra Irak o Afganistán o la creación de un ejército europeo con capacidad para intervenir con la misma “efectividad” que el de los EE.UU., son sólo algunos ejemplos de lo que las grandes potencias están dispuestas a hacer para facilitarles el trabajo.

Así pues, atender a los imperativos ecológicos solo será posible modificando radicalmente el tipo de economía que rige nuestra civilización. Desde luego esta no será una tarea fácil ni exenta de duras confrontaciones. Tampoco el éxito de la empresa está garantizado. Pero, en cualquier caso, superar el actual sistema de producción y construir una sociedad que garantice la satisfacción de las necesidades básicas de las mayorías, respetando los ecosistemas a los que debemos la vida, es en la actualidad un requisito indispensable para la supervivencia de la especie humana. ¿Acaso existe otra motivación más importante que pueda guiar nuestros esfuerzos?

Referencias bibliográficas:

-* IPCC: Panel Internacional sobre Cambio Climático, compuesto por unos 2500 científicos

- Reichmann, Jorge. “Todo tiene un límite: Ecología y transformación social” Editorial Debate, S.A. (2001)

- Commoner, Barry. “Ciencia y supervivencia” (1966)

- Instituto Worldwatch “Situación del Mundo en el 2003” FUHEM e Icaria Editorial

- Nieto, Joaquín – Santamaría, José “Emisiones de gases de efecto invernadero en España por Comunidades Autónomas” 29 de octubre de 2003

- Ayala, Francisco “El cambio climático en España: una realidad”

- Protocolo de Kyoto de la convención marco de las Naciones Unidas

- Profesiones, nº 90 “España tratará de reducir un 0,4 las emisiones de gases hasta 2007” Julio-agosto de 2004

- Tamayo G., Eduardo “Cumbre secuestrada por transnacionales” Servicio informatico “ALAI-amiatina”

- Hauter, Wenonanh “Johannesburgo: Pactos con el diablo. Las sociedades privadas y el medio ambiente global” Rebelión 29 de agosto de 2002

- Wallerstein, Inmmanuel “Ecología y costes de producción capitalistas. No hay salida” Iniciativa Socialista, nº 50 Otoño de 1998

- “Canarias registra el verano más caluroso desde que se miden las temperaturas”. La Provincia. 1 de septiembre de 2004

- “Gobierno de Canarias achaca las “mareas de algas” a las altas temperaturas y el siroco” La Provincia. 24 de septiembre de 2004

- “Lejos de Kyoto”. La Provincia. 9 de mayo de 2004

La mitad de la superficie de la isla de Gran Canaria sufre un alto grado de erosión extrema

La mitad de la superficie de la isla de Gran Canaria sufre un alto grado de erosión extrema

El Foro de Canarias, 2004

El 50 % del territorio de Gran Canaria sufre un elevado grado de erosión, mientras que el 6 % se halla en una situación de erosión extrema e irreversible. Así se pone de manifiesto en las conclusiones que aporta el plan sobre actuaciones estratégicas "Gran Canaria, siglo XXI" sobre la situación medioambiental de los 1.558 kilómetros cuadrados de superficie de la Isla.

Los expertos que participaron en la redacción de este documento recuerdan que la situación edáfica de Gran Canaria es grave y preocupante, tanto en lo que se refiere al nivel de erosión, como al grado de contaminación del suelo. Esta degradación ha estado provocada por la erosión hídrica y eólica, como resultado de la pérdida de masa forestal, así como por la escasez de materia orgánica y el abandono de tierras de cultivos agrícolas.

Además, señala este informe que encargó el Cabildo a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), el suelo insular ha sufrido un alto grado de contaminación provocado por la salinización del acuífero, como consecuencia de la sobreexplotación de pozos para extraer agua del subsuelo. Los vertidos incontrolados, añaden los expertos que participaron en la redacción de este documento, también han incidido en la pérdida de fertilidad del suelo en unas dimensiones que están aún por determinar.

En este sentido, el informe plantea que una de las principales carencias con las que se enfrenta las labores de recuperación y conservación de la superficie insular es la clara falta de indicadores de los fenómenos que le afectan y de sus riesgos asociados, así como el escaso número de estudios de investigación con bases científicas sólidas que determinen el estado real del suelo.

El litoral de Gran Canaria también sufre un alto grado de deterioro y daños irreparables como consecuencia de haber estado sometida a una presión y ocupación masiva durante las últimas décadas. De hecho, un informe del Ministerio de Medio Ambiente apunta que 57 de las 128 playas de la Isla presentan un grado de ocupación alto.

Treinta especies están en peligro

Los investigadores que redactaron el informe Gran Canaria, siglo XXI consideran que la biodiversidad del territorio insular sufre otros tipos de amenazas. A este respecto apuntan algunos aspectos:

La transformación que produce la acción del hombre sobre el suelo está produciendo fuertes impactos que inciden directamente en las especies vertebradas e invertebradas.

El sobrepastoreo, así como la introducción de especies exóticas o la sobreexplotación pesquera siguen aún sin controlarse, a pesar de que provocan pérdidas irreversibles sobre la diversidad biológica de la Isla.

Más de treinta especies de la flora y fauna de Gran Canaria se encuentran en peligro de extinción y no existen, según los expertos, planes para su recuperación y conservación.

La gestión de los espacios naturales debe agilizarse

Gran Canaria sólo dispone de tres de los dieciséis planes de uso y gestión de espacios naturales que existen en Canarias: los planes directores de la Reserva Natural de Las Dunas de Maspalomas, del Paisaje Protegido de Tafira y de la Reserva Natural El Brezal. Todavía se encuentran en fase de redacción los planes de uso y gestión del Nublo y el de Tamadaba.

Los expertos que redactaron el informe Gran Canaria, siglo XXI ven necesario consolidar y agilizar el desarrollo de estos instrumentos de planificación y gestión de los espacios naturales y consideran esencial velar por el cumplimiento de las condiciones impuestas en estos planes.

La protección de los espacios naturales se ha visto reforzada por diferentes directivas europeas, especialmente la relativa a la conversación de los hábitats naturales y de flora y fauna silvestres que conforman la Red Europea Natura-2000. En este sentido, el Consejo de Gobierno canario aprobó en octubre la lista de lugares de interés comunitario, que ha sido remitida a Bruselas para su aprobación. Esta lista es esencial para la constitución de la Red Europea e imprescindible para conseguir financiación comunitaria con el fin de hacer posible su conversación. En esta relación se encuentran 37 espacios de Gran Canaria que ocupan una superficie de 107 hectáreas, en los cuales se han incorporado como novedad áreas marinas emblemáticas y de alto interés.

Científicos gallegos desarrollan un suelo artificial a partir de residuos que servirá para regenerar terrenos degradados o desertizados

Científicos gallegos desarrollan un suelo artificial a partir de residuos que servirá para regenerar terrenos degradados o desertizados

COLPISA/Madrid (10 de mayo)

Científicos del Grupo Toysal y de la Universidad de Santiago de Compostela, dirigidos por el catedrático de Ingeniería Química Manuel Bao Iglesias, han desarrollado, a partir de la combinación de residuos, un suelo artificial capaz de regenerar terrenos degradados por su intensiva explotación minera, agrícola o industrial.

Con este nuevo producto se van a ver beneficiados aquellos terrenos que han soportado actividades mineras, industriales o agrícolas en exceso, o bien que sufran un proceso de desertización, lo cual es un problema palpable en muchas zonas del país.

Según publica 'Diario de León', este innovador proyecto, que comenzó a desarrollarse en 1998, ha sido probado con gran éxito en 'Mina Barquiña'. Este lugar es una antigua cantera de cuarzo a cielo abierto en las cercanías de Santiago de Compostela, que estaba totalmente erosionada.

La creación de este nuevo suelo está permitiendo el crecimiento de especies arbóreas tan exigentes como robles o castaños. El proyecto puede ser una auténtica revolución en la recuperación de suelos, ya que acortaría los plazos considerablemente, permitiendo una mayor explotación de los terrenos.

Desarrollo sostenible

Al acto de presentación oficial de este tipo de suelo artificial asistió el Conselleiro de Medio Ambiente de la Xunta, Carlos del Álamo, quien destacó la sintonía de esta aportación científica con el "modelo de desarrollo sostenible" que predica su departamento, al tiempo que elogió la figura de Manuel Bao.

El Conselleiro recordó que Bao ejerció un papel fundamental como impulsor del Plan Sogama. La consellería autorizó y ejerció el seguimiento de esta iniciativa científica, a través del Centro de Información y Tecnología Ambiental (Cita) y de la Dirección General de Montes. Esta última institución asesoró sobre la selección de especies a implantar en la zona de experiencia piloto, ya que se consideraban las más idóneas para su aplicación.

La realidad del cambio climático en España y sus principales impactos ecológicos y socioeconómicos

La realidad del cambio climático en España y sus principales impactos  ecológicos y socioeconómicos

Francisco Ayala
Asesor científico del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) de la ONU

El cambio climático en España: una realidad

El Cambio Climático por aumento del efecto invernadero, tratado habitualmente como una posibilidad seria por estar científicamente fundada, pero necesitada aun de elementos suficientes de confirmación (Balairón, 2000; IPCC, 2001), de acuerdo con lo que se deduce del análisis de los datos actualmente disponibles , parece haber comenzado ya en España.

Los elementos que configuran esta realidad, obtenida del análisis de los datos de 38 observatorios meteorológicos de la red principal distribuidos por toda la España Peninsular (Instituto Nacional de Meteorología, 2002), una vez excluidos los afectados por perturbaciones como la “isla de calor” de las grandes ciudades, y los carentes de un número suficiente de datos, son los siguientes.

a) Subida media de la Temperatura media anual en la España Peninsular en el periodo 1971-2000 : 1,53 ºC. La temperatura ha subido en 36 de los 38 observatorios analizados de forma estadísticamente significativa al 95 %.

Dado que las predicciones máximas de los modelos climáticos son -para el siglo XXI- de hasta unos 0,4 ºC de aumento por década para el siglo XXI ( Parry et al. 2000 ), 1,2 ºC para 30 años, la realidad observada para el periodo 1971-2000 sugiere que estas tasas máximas previstas se estarían superando hoy un 27,5 %, que el problema es más grave de lo que suponíamos, y que puede llegarse a mediados de siglo con una subida mínima de temperatura respecto a 2000 de 2,50 ºC y probable en torno a los 3,5 ºC dado el aumento previsible de gases invernadero, 1-2 ºC más de lo que pensábamos hace unos pocos años. Ya el meteorólogo Carlos Almarza, del Instituto Nacional de Meteorología, advirtió en 2000 que el aumento de temperatura en Madrid en el último siglo y medio, descontado el efecto de isla térmica, había sido un 50 % superior a la media del Hemisferio Norte (Almarza, 2000). Esto supone que hemos entrado en una clara africanización del clima peninsular en España, ya que el cuarto meridional del país tiene ya temperaturas medias iguales a las del norte de Marruecos hace un cuarto de siglo, y a mediados de siglo, las tendrá toda la mitad sur.

b) Precipitación anual: sin cambios o a la baja mayoritariamente donde hay tendencia estadísticamente significativa. Un análisis de los datos del Instituto Nacional de Meteorología para la media de precipitación en España en el periodo 1947-1999, indica que no se observa aun una tendencia estadísticamente significativa; sin embargo, la tendencia de la precipitación estacional en invierno, componente principal de la anual en gran parte del país, y principal fuente de generación de recursos hídricos, indica una clara tendencia decreciente, estadísticamente significativa al 95%. Por tanto, El descenso de la lluvia previsto en los modelos parece haber comenzado.

c) Humedad relativa del aire: a la baja donde hay tendencia estadísticamente significativa.

d) Número de días de nieve anuales: a la baja sin excepción.

e) Nº de días con Temperatura media mayor de 25ºC, al alza sin excepción. Esto indica una clara tendencia al aumento de las olas de calor, tanto en frecuencia como en severidad.

f) Temperaturas máximas anuales y mínimas anuales: al alza sin excepción.

g) Nivel medio del mar (Alicante): la tasa anual de subida se ha multiplicado por 3 en la década 1990-2000 (3,875 mm/año) respecto a la década 1980-1990 (1,345 mm/año). Fenómenos similares se han producido en el Cantábrico.

Este conjunto de hechos constituyen una primera aproximación al problema, claramente significativa, que debería alertar a todos los que tienen que ver con el Clima o sus efectos. El resultado coincide con una apreciación ampliamente extendida entre la población de que el clima “No es como antes”. Dado que se trata de un proceso en marcha, una primera repercusión de esta realidad debería ser la incorporación de este aspecto en cuantos planes, programas y proyectos, públicos y privados, puedan resultar afectados de forma significativa por el mismo.

Impactos ecológicos y sobre recursos agrarios e hídricos

Gran parte de los impactos, bien a nivel global (IPCC, 2001; Watson, 2001), bien a nivel regional (Karas, 1997), han sido ya identificados.

Ecosistemas forestales:

a) Ralentización del crecimiento y productividad debido al claro aumento del estrés hídrico.

b) Aumento de la peligrosidad (y frecuencia en los naturales) de los incendios forestales por la mayor temperatura y sequedad del aire c) La menor productividad conlleva inevitablemente un aumento de la vulnerabilidad de las especies animales asociadas y el descenso de la caza salvaje, así como un descenso de la materia orgánica en los suelos forestales, que realimenta una menor productividad d) El aumento de temperatura conllevará inevitablemente un corrimiento altitudinal de las zonas de vegetación; esto puede conllevar tanto la destrucción de endemismos de la zona sin vegetación más alta, como la conversión a estepa de algunas zonas bajas actualmente forestadas.

Humedales:

La disminución de los recursos hídricos, el aumento de temperaturas y la disminución de la humedad del aire, conllevan menores láminas de agua por el severo aumento de la evaporación ; pueden darse graves crisis ecológicas especialmente en humedales de alimentación pluvial dominante (Ayala-Carcedo, 2002).

Recursos hídricos:

El mero aumento de temperatura, a igualdad de lluvia, conlleva inevitablemente un claro aumento de la evapotranspiración a través de suelos y plantas, y por tanto una reducción de los recursos disponibles. Esta reducción ha tenido que darse ya, lo que cuestiona algunas restituciones de aportación a régimen natural realizadas en algunas cuencas por los organismos hidrográficos que no muestran tendencia a la reducción y que han sido utilizadas para el Plan Hidrológico Nacional (PHN) 2002.

Este descenso generalizado de recursos, evaluado ya desde 1996 (Ayala-Carcedo, 2003) cuestiona en profundidad tanto los planteamientos económicos -menos recursos sobre los que repercutir los costes de obras hidraúlicas- como ecológicos de no pocas actuaciones del PHN (Arrojo y del Moral eds., 2003). El caso del Trasvase Ebro-Costa Mediterránea es especialmente relevante, ya que la disminución de recursos en la cuenca del Ebro, aunada a la aceleración de la subida del nivel del mar -y por tanto la mayor penetración de la cuña salina Ebro arriba hacia Tortosa, lo que implica la necesidad de asegurar mayores caudales en el río para impedir dicha penetración-, colocan esta obra en un campo claramente marginal en lo económico frente a otras alternativas, y con graves repercusiones ecológicas ( Vid. Arrojo, y del Moral edits., 2003).

El descenso de recursos, junto a la pérdida de productividad de los ecosistemas naturales tierra adentro, conllevará un descenso de los recursos pesqueros y la productividad de los ecosistemas marinos, volviéndolos más vulnerables ante la contaminación marina.

Costas:

Agravamiento generalizado del retroceso de costas y deltas y erosión de las playas por la triple combinación de : a)Subida del nivel del mar debida a la expansión térmica del agua derivada de una mayor temperatura b)Descenso de los recursos hídricos portadores de sedimento c) Sobrerregulación de los ríos. Esto hace que las políticas de aguas y costas deban estar vertebradas, debiendo sujetarse la primera a los requisitos ecológicos impuestos por la segunda. Una de las consecuencias de estos hechos previsibles puede que sea probablemente la revisión al alza del límite de 100 metros de dominio público marítimo-terrestre para la construcción en zonas costeras, ya que el ascenso previsto para mediados de siglo, unos 20 cm al menos, supone en numerosas zonas la invasión marina de esta franja de dominio público.

Agricultura:

a) Descenso de la productividad de los secanos y pastos por el aumento del estrés hídrico y las rachas de sequía.

b) Aumento de la vulnerabilidad de frutales por el adelanto de la floración, debido a las heladas tardías.

c) Mayor vulnerabilidad de los suelos a la salinización

d) Probablemente, una mayor incidencia de diversas plagas agrícolas. Algunos aspectos de estos impactos, han sido analizados por Shafer y Mjedle (1994) e Iglesias (1995).

Impactos en sectores económicos y sociales

a) Aumento de las olas de calor en frecuencia, persistencia y severidad con su cortejo de efectos asociados: muertes de personas, incendios forestales, descenso del turismo etc. Cabe recordar, en España, las olas de calor veraniegas de 1995, con 93 muertos, y la de 2003, con 141 muertos y graves incendios, los fenómenos con mayor mortalidad de la última década.

b) Penetración de infecciones exóticas propias de zonas más cálidas y agravamiento de infecciones debidas a legionella y similares.

c) Descenso de los consumos energéticos para calefacción –uno de los efectos positivos del Cambio Climático- y aumento severo de los de refrigeración / acondicionamiento. Dado que estos segundos implican consumo de energía eléctrica, frente al uso directo del combustible en la calefacción, y los rendimientos en la conversión de energía térmica en eléctrica, menores del 50%, esto implicará un aumento neto de las emisiones de gases invernadero y, por tanto, una dificultad adicional para el ya problemático cumplimiento del Protocolo de Kioto, que obliga jurídica y económicamente a España a limitar el aumento de emisiones de gases invernadero para 2012 al 15% sobre las de 1990 (en la actualidad, se lleva un aumento del 38%).

d) Aunque algunos estudios pronostican un aumento de la frecuencia y severidad de los riesgos tipo inundación (Easterling et al., 2000), no se detecta aun en España una tendencia estadística suficientemente significativa que permita hacer un pronóstico.

Una parte de los nuevos riesgos puede ser neutralizada a través de contramedidas adecuadas. Así, en el sector agrícola, mediante el cambio de variedades o especies mejor adaptadas al nuevo clima o cambio en los sistemas y calendario de laboreo. Lo mismo puede decirse en el sector energético, aunque es dudoso sean suficientes para permitir el cumplimiento del Protocolo de Kioto tras el escaso interés en el tema de los gobiernos que han seguido a la firma del Protocolo.

Una exposición de medidas para frenar el Cambio Climático, poco priorizadas e insuficientes en mi opinión, puede verse en la Estrategia Española sobre cambio climático para el cumplimiento del protocolo de Kioto recientemente aprobada en 2004 por el Consejo Nacional del Clima, un primer paso, modesto, en la dirección adecuada.

Referencias

· Almarza, C. (2000). Respuesta al Calentamiento Global de la serie de temperatura media anual de Madrid. Actas de la II Asamblea Hispano-Lusa de Geodesia y Geofísica..

· Arrojo, P. y del Moral, L. edits. (2003). La Directiva Marco del Agua: realidades y futuros.III Congreso Ibérico de Planificación y Gestión del agua. Fundación Nueva Cultura del Agua, Zaragoza, 585 pp.

· Ayala-Carcedo, F.J.(2003). Impactos del Cambio Climático sobre los recursos hídricos en España y viabilidad física y ecológica del Plan Hidrológico Nacional 2001. En Arrojo y Del Moral eds. La Directiva Marco del Agua: Realidades y Futuros. Fundación Nueva Cultura del Agua, Zaragoza, 253-271.

· Ayala-Carcedo, F.J. (2002). Notas sobre impactos físicos previsibles del Cambio Climático sobre los lagos y humedales españoles. En del Moral ed. III Congreso Ibérico de Planificación y Gestión de Aguas, Sevilla, Fundación Nueva Cultura del Agua, 360-364.

· Ayala-Carcedo, F.J. y Piserra, M. (2000). Impacto potencial del Cambio Climático sobre la economía y los seguros en Europa. Gerencia de Riesgos y Seguros, MAPFRE, Año XVII, 69, 15-20

· Balairón, L. edit. (2000): El Cambio Climático, El Campo de las Artes y las Ciencias , 137, Servicio de Estudios del BBVA.

· Easterling, D.R.; Meehl, G.A.; Parmesan, C.; Changon, S.A.; Karl, T.R. & Meams, L.O. (2000). Climate Extrems: Observations, Modelling and Impacts. Science, 289, 2068-2074.

· Iglesias, A. (1995), La influencia del cambio climático sobre los cultivos, El Boletín, Mº de Agricultura, Pesca y Alimentación, Madrid, 21, 16-24.

· Instituto Nacional de Meteorología (2002). Valores normales y estadísticos de observatorios meteorológicos principales (1971-2000). Vols. 1-5.

· IPCC (2001). Third Assessment Report on Climate Change. United Nations (hay versión en la red ).

· Karas, J. (1997). El Cambio Climático en la Región Mediterránea. Greenpeace.

· Parry, M.; Parry, C. y Livermore, M. (edit.)(2000), Valoración de los efectos potenciales del cambio climático en Europa (Informe ACACIA de la Comisión Europea, Resumen y conclusiones), Universidad de Castilla-La Mancha-Iberdrola, Toledo, 29 pp.

· Peñuelas, J. 2004. El avance de la primavera y las asincronías entre especies llegan también a España. Investigación y Ciencia , Prensa Científica, Barcelona, 330, 74-75.

· Shafer, C.E. & Mjedle, J.W. ( 1994). Weather, Agricultural Production and Prices. En Griffiths ed. Handbook of Agricultural Meteorology, Oxford University Press, NY, 299-308.

· Watson, R.T. ed. (2001). Climate Change 2001: Synthesis Report..Cambridge University Press, 700 pp.

Kit educativo de la UNESCO contra la desertización

Kit educativo de la UNESCO contra la desertización

Enfrentados con el reto de combatir la desertificación y la necesidad de crear conciencia pública a través de herramientas que estimulen a las generaciones más jóvenes, la UNESCO, en colaboración con el Secretariado de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD), ha lanzado un kit educativo sobre la desertificación. Este kit original, se dirige especialmente a los educadores de los últimos años de la escuela primaria y a sus alumnos entre los 10 y 12 años, de aquellos países afectados por el fenómeno de la desertificación. El enfoque positivo del kit muestra que la desertificación es evitable, y que cada uno de nosotros, a su nivel, juega un papel importante en el futuro de nuestro planeta.

El Kit está ahora en su segunda edición reimprimida. Las ediciones en árabe, chino y ruso estarán pronto disponibles.

El kit educativo sobre desertificación es una herramienta muy valiosa, que el profesor puede utilizar de manera flexible durante sus cursos. La información contenida en él, puede ser integrada a los programas escolares regulares en disciplinas tan diversas como la geografía, historia, ciencias, matemáticas e idiomas, así como durante las actividades prácticas realizadas fuera del aula. Este kit está compuesto de cuatro elementos agrupados en un estuche: una guía para el maestro, una serie de casos de estudio, tres copias de una tira cómica y un afiche.

La guía del maestro "Aprendiendo a luchar contra la desertificación", comprende 20 unidades que introducen distintos aspectos del fenómeno de la desertificación utilizando un lenguaje didáctico. La primera parte de la guía explica las causas y efectos -climáticos, geográficos y socio-económicos- de la desertificación. La segunda parte introduce la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación y propone algunas ideas y actividades para resolver el problema de la desertificación. Cada unidad, formada por cuatro páginas generosamente ilustradas con fotos y material moderno y atractivo, propone además actividades para la clase, a fin de sensibilizar a los niños sobre la protección del medioambiente.

La serie de casos de estudio: "La lucha contra la desertificación da sus frutos" está compuesta de una serie de ejemplos de proyectos concretos realizados en doce países que han ratificado la CCD: Argelia, Chile, China, Ecuador, España, Gambia, India, Italia, Kenia, Níger, Perú y Uzbekistán. Cada caso de estudio consiste de seis páginas que explican las causas y efectos de la desertificación en cada uno de los países, describiendo las circunstancias y soluciones específicas aplicadas para mejorar la situación. El profesor encontrará en la primera página un mapa identificando la situación geográfica del proyecto, una tabla con datos estadísticos del país y una introducción que resume el caso de estudio. Es así como se presenta una perspectiva general del tema y su interés pedagógico en relación con el contexto socio-económico, cultural y geográfico de los alumnos. Como en la guía del profesor, al final de cada estudio de caso se proponen un conjunto de actividades para la clase.

La tira cómica:

Una primera tira cómica llamada, "La Escuela donde crece el Arbol Mágico", fue inspirada en el caso de estudio chileno y narra la historia de unos niños que crearon un vivero en su escuela. La caricatura extiende el caso de estudio y hace viajar a los niños chilenos hacia Europa y África, donde se encontrarán con otras poblaciones que sufren también los efectos de la desertificación y con quienes intercambiarán sus propias experiencias.

El afiche está destinado a ser expuesto en la clase, con el fin de que sea constantemente visible. Su elemento principal es un mapamundi que muestra las distintas zonas áridas del mundo, ilustradas con fotografías representativas. Adicionalmente, se presentan actividades prácticas de lucha contra la desertificación a través de dibujos expresivos. El afiche es en colores y mide 120 cm x 80 cm.

El kit esta disponible en tres idiomas, inglés, francés y español, entre algunas escuelas primarias de los países afectados por la desertificación. Ello se realizará principalmente a través de la red de Escuelas Asociadas de la UNESCO y del Secretariado de la UNCCD. El proyecto ha sido financiado por los gobiernos de Italia y Suiza.

Para versiones en las lenguas siguientes:

Español - Kit educativo sobre la desertificación - ISBN: 92-3-303892-0
Français - Kit pédagogique sur la lutte contre la désertification - ISBN: 92-3-203892-7
English - Environmental Education Kit on Desertification - ISBN: 92-3-103892-3

El kit educativo sobre desertificación es una herramienta muy valiosa, que el profesor puede utilizar de manera flexible durante sus cursos. La información contenida en él, puede ser integrada a los programas escolares regulares en disciplinas tan diversas como la geografía, historia, ciencias, matemáticas e idiomas, así como durante las actividades prácticas realizadas fuera del aula.

Para obtener una copia de este Kit Educativo pulse aquí

Cambio climático

Cambio climático

Antonio Pérez Henares

Los cambios de clima no son ninguna novedad en la historia de la Tierra. Han sido su constante vital. Y han sido, en ocasiones, terribles y traumáticos. Han supuesto el exterminio de innumerables especies y han propiciado el florecimiento de otras tantas. En nuestra Península, y sin necesidad de remontarnos ni al Pleistoceno ni al Jurásico, sino en esta misma era cuaternaria, hubo momentos en que los hipopótamos y los elefantes se bañaban en el Manzanares bajo un ardiente sol tropical y periodos gélidos en que los mamut se paseaban por Granada y los iceberg navegaban por el estuario del Tajo.

Entonces, ¿por qué asusta tanto a los científicos este cambio que parece estar echándose encima? La explicación es que, en este caso, el cambio no es natural, sino que está siendo artificialmente provocado por la mano del hombre, y por ello, por su artificio, parece estarse produciendo con inusitada velocidad y con efectos que pueden ser más demoledores.

Sin embargo, y a pesar de las alarmas científicas cada vez más insistentes, la sociedad no parece motivarse por el asunto al que ve, como poco, lejano y hasta ajeno. Como si con ellos no fuera. La extinción de una especie o la amenaza sobre un determinado hábitat les conmueve porque son capaces de verlo y de sentirlo, pero esto del cambio climático les suena a hipótesis futura. Y no. Esta ahí, llamando a la puerta, y aunque no queremos oírlo, nos la va a acabar tirando abajo.

WWF/Adena crea una Red de Ayuntamientos por el clima

WWF/Adena crea una Red de Ayuntamientos por el clima

WWF/Adena y la Junta de Andalucía han creado una iniciativa pionera para combatir el cambio climático: la Red Andaluza de Ayuntamientos por el Clima. Integrada por más de cien municipios, pretende que los ayuntamientos andaluces reduzcan sus emisiones de CO2 para 2010 incorporando medidas concretas de eficiencia energética y promoviendo el uso de energía limpia.

En un momento en el que determinados sectores empresariales y algunos representantes de la administración española cuestionan el cumplimiento por parte de España del Protocolo de Kioto, 110 municipios andaluces dan ejemplo de su proactividad uniéndose bajo una iniciativa pionera, la Red Andaluza de Ayuntamientos por el Clima, que tiene como objetivo combatir el cambio climático.

Promovida por WWF/Adena y la Junta de Andalucía, la Red Andaluza de Ayuntamientos por el Clima engloba al 80 por ciento de la población de la Comunidad Autónoma, 5.6 millones de habitantes, y está compuesta por los ayuntamientos andaluces del Programa Ciudad 21 y de la red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía.

WWF/Adena y la Junta de Andalucía consideran fundamental trabajar con los ayuntamientos. No en vano, estos son además de grandes consumidores de energía, potenciales productores y una pieza clave para la sensibilización y movilización de los ciudadanos. Además, es prioritario facilitar que a escala local se asuman también los objetivos planteados a nivel estatal y europeo, de forma progresiva, y con la plena participación de estas entidades locales y de los ciudadanos.

Por esa razón, se dotará a los ayuntamientos andaluces de las herramientas necesarias para reducir sus emisiones de CO2. Con ese fin, los ayuntamientos van a implicarse en la lucha contra el cambio climático incorporando medidas concretas de eficiencia energética y promoviendo el uso energía limpia a nivel municipal, y contribuyendo a la sensibilización de los vecinos y sectores económicos con gran incidencia en el consumo energético.

Cabe destacar, en cualquier caso, que Andalucía ha sido la primera Comunidad Autónoma que ha publicado su Estrategia autonómica contra el Cambio Climático. Asimismo, tiene un programa de promoción de energías renovables y dispone de un programa para promover la eficiencia energética. En este marco de actuaciones, la Red Andaluza de Ayuntamientos por el Clima viene a completar estas iniciativas para frenar el cambio climático.

Según Mar Asunción, Responsable del Área de Cambio Climático, “la Red Andaluza de Ayuntamientos por el Clima es pionera en España, servirá de ejemplo para la creación de futuras redes autonómicas y, además, contribuirá de esta forma a crear una Red Española de Ayuntamientos por el Clima”.

Para saber más: Red de Ayuntamientos por el Clima

«La solución al cambio climático es sencilla, pero supondría alterar la economía mundial»

«La solución al cambio climático es sencilla, pero supondría alterar la economía mundial»

Entrevista a Ricardo Aguilar*

Aguilar asegura que ir destruyendo los ecosistemas es destruirnos a nosotros mismos, pero concreta que hay especies que en el momento en que se hace una buena gestión de ellas, se recuperan con una gran facilidad.

La defensa del medio acuático, tanto marino como fluvial, es el objetivo de Zipristin, un amplio programa de actividades que incluye desde concursos hasta un ciclo de conferencias que ayer abrió en el Aquarium de San Sebastian Ricardo Aguilar, quien habló sobre la preservación de la Biología marina para que los océanos no sean contaminados.

P ¿Se están tomando medidas eficaces para acabar con la sobreexplotación de los recursos marinos?

R Medidas eficaces, no. Lo que pasa es que se están empezando a tomar las primeras medidas. Son muy tímidas, pero por lo menos ya se reconoce que el problema está aquí.

P ¿Y cómo se puede solucionar?

R Primero habría que preservar los ecosistemas fundamentales para las pesquerías. También habría que reducir el uso de técnicas destructivas, como el arrastre de fondo, e incrementar la selectividad de las artes. Y , sobre todo, fomentar la pesca de bajura frente a las grandes flotas industriales.

P ¿Qué especies están más amenazadas?

R La verdad es que nunca se han tomado muy serio los mares desde el punto de vista de la protección, a pesar de que muchas especies corren un peligros similar e incluso a veces mayor que las que están en tierra. Por ejemplo, en algunas zonas el pez sierra está en situación crítica y en otras podría haber desaparecido. Sin embargo, no se ha protegido. Los erizos de espinas largas también están en una grave situación y en el Cantábrico ha disminuido muchísimo la población de marsopas. En cuanto a las especies comerciales, al ser mucho más numerosas que otras, es bastante difícil que se dé la extinción total pero se quedan en grupos tan reducidos que llegan a lo que se llama la extinción comercial, como ha pasado con el besugo, con el bacalao en muchos lugares y está pasando con la merluza.

P ¿La desaparición de especies es ir abonando el suicidio del ser humano?

R Obviamente el ir destruyendo los ecosistemas es destruirnos a nosotros mismos. Pero el mar también es muy agradecido. Hay especies en concreto que, en el momento en que se hace una buena gestión de ellas, se recuperan con una gran facilidad, como el bonito, los túnidos en general o el pez espada.

P ¿Hemos aprendido algo de la catástrofe del Prestige? ¿Las normas comerciales que rigen el mar han dejado de ser tan laxas?

R Se ha mejorado un poquito, pero muchas de las propuestas todavía están siendo debatidas. Nosotros estamos trabajando mucho la contaminación crónica por hidrocarburos. Estamos hablando de vertidos que son tres veces superiores a los de los accidentes. Y la verdad es que hay una presión enorme por parte de muchas navieras y de industrias petroleras para que no se apruebe la normativa que hay en discusión en la UE.

P Los mares empiezan a sufrir los efectos del cambio climático. ¿Ya no hay marcha atrás?

R Las solución es a la vez sencilla y compleja. Hay que tender a sistemas energéticos mucho más eficientes y a otros que no precisen la combustión de fósiles, petróleo... Pero aquí entramos directamente en el corazón de la economía mundial. Entonces lo que es tan sencillo supone un cambio que no es tan fácil.

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* Director de investigación y proyectos de Internacional Oceana para Europa. Entre 1999 y 2001 fue director de campañas de Greenpeace España. Responsable del capítulo español del Informe del Worldwatch Institute sobre el estado del Planeta.

La UE apuesta por la creación de bosques para combatir el cambio climático

La UE apuesta por la creación de bosques para combatir el cambio climático

Las masas arboreas limpian el aire de contaminantes y capturan CO2 pero falta una normativa que legisle las ayudas a los propietarios forestales.

La conservación de los bosques se ha convertido en los últimos años en una de las mayores prioridades, no ya de los ecologistas, sino del conjunto de la sociedad. Los propietarios de terrenos forestales están llegando a tener, incluso, incentivos económicos. Las masas arbóreas limpian el aire de contaminantes y capturan dióxido de carbono, principal causante del efecto invernadero y, por ende, del cambio climático mundial. El objetivo principal, por lo tanto, es el de mantener y potenciar las áreas forestales, y para ello es necesario incentivar a los propietarios para su mantenimiento sostenible.

Desde la década de los 90, sucesivos programas financiados con fondos públicos han contribuido a un auge en las forestas de tierras agrarias en España. En 1999 la Unión Europea estableció un reglamento para regular un régimen de ayudas que incentivara el cambio de terreno agrícola al forestal.

Sin embargo, el experto en economía y gestión forestal Luis Díaz Balteiro analizó un estudio sobre la rentabilidad de estos incentivos, del que dedujo que el sistema actual de ayudas puede constituir una «solución subóptima, ya que añadir nuevas subvenciones a las ya existentes no va a potenciar una mayor captura de carbono, sino únicamente logrará incrementar los ingresos de los propietarios».

El aumento de gases de ‘efecto invernadero’ redujo las lluvias en España en los últimos 30 años

El aumento de gases de ‘efecto invernadero’ redujo las lluvias en España en los últimos 30 años

22-3-2004

Un estudio concluye por primera vez que la actividad humana altera también la presión atmosférica. Los cambios causados por el aumento del CO2 afectan al clima.

El incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero ha desencadenado una acelerada subida de la temperatura media mundial. Pero este efecto derivado de la actividad industrial no sólo se deja sentir en los termómetros, sino también en los barómetros. En un estudio publicado ayer en Nature, científicos británicos del Centro Hadley y canadienses de la Universidad de Victoria aportan las primeras pruebas de que el aumento de las emisiones de dióxido de carbono y de otros gases han originado alteraciones de la presión atmosférica en los últimos 50 años.

La presión atmosférica es un factor fundamental para la regulación del clima porque controla la circulación de las masas de aire. Y sus cambios graduales pueden, a la postre, modificar los patrones habituales de lluvias, temperaturas, vientos y formaciones de tormentas. De hecho, diversos grupos científicos atribuyen recientes cambios en el clima de Europa a perturbaciones en un fenómeno oceánico-atmosférico llamado Oscilación del Atlántico Norte (NAO).

A esas alteraciones en la NAO se achaca la reducción del 60% en el nivel de lluvias en España durante los últimos 30 años y un aumento de igual proporción y en ese mismo periodo de las precipitaciones en Escocia. Lo que no está en absoluto claro para los científicos es si esas decisivas alteraciones en la Oscilación del Atlántico Norte son producto de variaciones naturales del clima terrestre o son inducidas por la actividad humana. El equipo británico-canadiense ofrece ahora las primeras pruebas convincentes en favor de la segunda hipótesis y asegura que los efectos del aumento de dióxido de carbono y de otros gases de «efecto invernadero» sobre la presióna son más potentes de lo estimado hasta ahora.

Modelos climáticos
El equipo dirigido por Nathan Gillet, de la Universidad de Victoria, analizó los registros de presión atmosférica de los últimos 50 años en diversas latitudes del Océano Atlántico, incluyendo regiones polares y aguas próximas al sur de Europa. Este grupo detectó así una subida de la presión media sobre el sur del continente europeo, que contrasta con un decenso de la presión sobre los polos y las aguas más septentrionales del Océano Pacífico.

Para comprobar si esas alteraciones son consecuencia directa de la actividad humana, este equipo comparó posteriomente los registros históricos de presión atmosférica con los resultados de experimentos efectuados con cuatro modelos climáticos de escala global. En cada caso se simularon cambios en las concentraciones de gases de efecto invernadero y en la cantidad de polvo originado en la atmósfera por gases ricos en partículas de azufre. Al final de la investigación, las proyecciones condujeron a la conclusión inequívoca de que, efectivamente, el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero causa cambios en la presión sobre el Atlántico, que explicarían porqué los inviernos son ahora más húmedos y cálidos en el noroeste de Europa y más secos en el sur.

Cambio climático: Canarias amenazada

Cambio climático: Canarias amenazada

Canariasemanal.com, octubre 2004, n. 0

Celia Rodríguez Santamaría

Hasta hace bien poco parecía un peligro remoto. Pensábamos que aun cuando el cambio climático se produjera, sus efectos no nos afectarían ni a nosotros ni a nuestros hijos. Contribuían a alejar nuestros temores las declaraciones de numerosos “expertos”, generalmente afines a las esferas empresariales o de los gobiernos, que trivializaban las advertencias de los ecologistas y de algunos científicos, calificándolas de catastrofistas.

Su optimismo se sostenía en que, supuestamente, los avances de la ciencia y de la técnica – por si solos – solventarían los posibles “efectos secundarios” del crecimiento económico de Occidente. Los medios de comunicación, la mayoría dependientes económicamente de estas esferas de poder, ayudaron a disipar los posibles temores de la gente. El objetivo ha sido, y continúa siendo, ocultar o tergiversar la auténtica naturaleza de lo que se avecina.

Hoy, sin embargo, resulta difícil atreverse a negar la evidencia de la amenaza. Las manifestaciones de la crisis climática son cotidianas. Un reciente estudio de la Agencia Europea de Medio Ambiente ha constatado que los efectos del cambio climático pueden apreciarse ya en Europa en forma de tormentas, inundaciones, sequías y "otras condiciones meteorológicas extremas, cada vez más frecuentes y económicamente gravosas". De entre los países europeos, España y Portugal –frontera sur del continente- serán los más afectados por los efectos del calentamiento. El problema ha resultado ser mucho más grave de lo que se había calculado. A mediados del presente siglo sus temperaturas medias pueden llegar a incrementarse entre 2,5 y 3,5 grados centígrados en relación a las actuales. Pero si el futuro inmediato de la Península Ibérica no resulta muy esperanzador, el del Archipiélago Canario se presenta aún más inquietante. Dada su particular situación geográfica, cualquier alteración brusca, como una disminución de las precipitaciones, podría generar en las islas un proceso de desertificación de catastróficas consecuencias económicas y sociales.

EL “EFECTO INVERNADERO” COMO ORIGEN DEL CAMBIO CLIMÁTICO

La atmósfera terrestre está compuesta por una mezcla de gases (principalmente Oxígeno y Nitrógeno) entre los que se encuentran los que generan el “efecto invernadero”: dióxido de carbono, metano, dióxido de nitrógeno, etc. Estos gases absorben una parte del calor solar devolviéndolo luego a la superficie terrestre. Gracias a este proceso –que aminora las variaciones térmicas - la temperatura media de la Tierra es de unos 15 Cº. Sin una atmósfera que realizara esta función sería de unos -18 Cº. Por lo tanto, lo que se ha dado en llamar “efecto invernadero” es un fenómeno natural sin el cual no sería posible la vida en la Tierra tal y como la conocemos. Sin embargo, el Dióxido de Carbono (CO2) o el Metano no se introducen en la atmósfera solo por causas naturales sino también como consecuencia de la actividad humana. Actualmente, casi nadie se atreve a cuestionar que es esta actividad la que ha añadido un exceso de “gases invernadero” a la atmósfera provocando las alteraciones climáticas. Según el IPCC*, “un cambio discernible de influencia humana sobre el clima global ya se puede detectar entre las muchas variables naturales del clima”.

Más de las tres cuartas partes del CO2 que se concentra en la atmósfera tiene su origen en el consumo que se hace en unos pocos países del Primer Mundo de los combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo) del Planeta. El uso masivo de estas fuentes de energía no renovables ha aumentado la concentración de CO2 en la atmósfera en un 30% con respecto a los niveles preindustriales. Si su utilización continuara incrementándose al ritmo actual, a finales del presente siglo se llegaría a un aumento del 100%. Ni siquiera la constatación de que las reservas de petróleo y las de gas natural son claramente insuficientes para sostener durante mucho tiempo el crecimiento de la producción energética es capaz de detener esta escalada destructiva.

Por otro lado, también la deforestación desempeña un papel fundamental en la concentración de CO2. Los bosques actúan como “sumideros” naturales, ya que las plantas absorben Dióxido de Carbono durante su crecimiento. Los incendios destruyen este elemento de autorregulación y liberan el CO2 almacenado. Para comprender la magnitud de este proceso basta señalar que durante el siglo XX se destruyó el 60% de los bosques tropicales y que, cada año, se queman o talan cinco millones de hectáreas de selva, dos millones de bosque mediterráneo y diez millones de coníferas.

CONSECUENCIAS PLANETARIAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Quizá el más conocido de los efectos del cambio climático sea el calentamiento global del Planeta. Los años noventa fueron los más calurosos desde que comenzaron a registrarse las temperaturas y la velocidad del calentamiento es actualmente de casi 0,2 grados por década. Según la mayoría de los estudios científicos, en los próximos 100 años se producirá un incremento global de entre 1.5 y 5.8 Cº. Lógicamente se trata de datos aproximativos, pero las revisiones al alza de las primeras cifras que se habían calculado indican que el fenómeno no deja de agravarse. En cualquier caso este aumento de temperatura sería el más rápido en los últimos 10000 años y haría muy difícil la adaptación de los ecosistemas del Planeta. Los conocimientos actuales son suficientes para pronosticar que, en muchos casos, ésta adaptación no se producirá. Se estima que de una quinta parte al 65% de los bosques boreales pueden desaparecer. Y, según un estudio reciente publicado en la revista Nature, más de un millón de especies podrían extinguirse antes del 2050. Jamás nuestra civilización ha tenido que enfrentarse a una amenaza semejante.

El calentamiento del Planeta está provocando ya la fusión de la capa de hielo de los casquetes polares y el subsiguiente aumento del nivel del mar -unos 88 cm a finales de este siglo- podría inundar muchas islas y ciudades costeras. Además, estas crecidas invaden las desembocaduras de los ríos, las zonas fértiles, salinizando muchos acuíferos y reduciendo las reservas de agua potable. A lo largo de este siglo, más de cien millones de personas pueden verse afectadas directamente por estas secuelas del cambio climático. Comoquiera que en el suelo helado de las áreas boreales se concentra una gran cantidad de metano –cuyo efecto sobre el recalentamiento global es muy superior al del CO2- si la descongelación de estos territorios no se detiene, su liberación acelerará enormemente el ritmo de este proceso.

En las próximas décadas aumentarán la frecuencia y la dureza de las olas de calor, que sólo en el año 2003 causaron la muerte de unas 30000 personas en los países de la Unión Europea.

La excesiva evaporación generada por el incremento de las temperaturas contribuirá a modificar los ritmos de las lluvias. Las masas de aire caliente absorben gran cantidad de vapor de agua que más tarde se descarga en forma de violentas precipitaciones. Por lo tanto, las altas temperaturas no provocarán solamente una intensificación de las sequías; sino también al aumento de las lluvias torrenciales. La agricultura y la ganadería de grandes zonas del Planeta pueden resultar arruinadas por el efecto combinado de ambos fenómenos.

Lo que hace no mucho tiempo era una fundada predicción científica se ha convertido en los últimos años en una realidad. En el 2003, los desastres naturales causados por fenómenos climáticos extremos se multiplicaron por 7. En el 2004, todo apunta a que la devastación que están provocando los ciclones, huracanes y tormentas superará con creces las pérdidas personales y materiales del pasado año.

Pero no solo la agricultura y la pesca sino todos los ecosistemas terrestres y acuáticos y, por lo tanto, el conjunto de las actividades socioeconómicas básicas y la salud humana se verán gravemente afectados. La Organización Mundial de la Salud ha alertado de que el cambio climático conllevará la reaparición y extensión de enfermedades infecciosas como la malaria, el dengue o la fiebre amarilla y una significativa pérdida de vidas humanas.

Muchos otros impactos son aún difíciles de prever, pero lo que sí se sabe con certeza es que no se manifestarán aisladamente. Ya en 1966, el biólogo Barry Commoner alertaba de que “el medio ambiente es un sistema complejo, delicadamente equilibrado, y este conjunto íntegro recibe el impacto de todas las agresiones infligidas separadamente por los agentes contaminadores… sus efectos acumulativos, sus acciones interdependientes y su amplificación, pueden ser fatales para la compleja trama de la biosfera”.

Commoner llegaba a finales de la década de los sesenta a conclusiones similares a las que, en el año 2003, se exponían en un informe sobre el estado del Mundo elaborado por el Instituto Wordswatch “a no ser que se produzca un cambio radical, la capacidad de la biosfera de la Tierra para albergar vida – incluyendo la humana – no podrá garantizarse por muchos años”.

EL CAMBIO CLIMÁTICO EN CANARIAS: EL IGNORADO PROTOCOLO DE KYOTO

Aunque puede hablarse con total propiedad de las “consecuencias globales del cambio climático”, sus impactos serán bastante dispares en unas y otras regiones de la Tierra. A la hora de evaluar la gravedad y magnitud que tendrá este cambio en cada una de ellas se deben tener en cuenta, al menos, dos factores fundamentales. La capacidad de los diferentes países para dar respuesta a los fenómenos climáticos más extremos y la situación geográfica de cada una de ellos. Como puede suponerse, serán los habitantes de las regiones más pobres –especialmente los del Sur- los que más sufrirán con las sequías, inundaciones, desplazamientos y hambrunas.

Pero, también entre los países del “Primer Mundo” la variable geográfica resultará fundamental. Al menos a muy corto plazo, aquellos que estén situados en altas latitudes podrían verse incluso beneficiados por unas temperaturas más suaves. En cambio, para los de bajas latitudes la elevación de las temperaturas se traducirá en: un mayor número de incendios, disminución de las reservas de agua, descenso de la productividad agrícola, etc.

En el caso del Archipiélago Canario, situado a escasos 100 Km del continente africano, la tendencia hacia la desertificación se manifestará intensamente, aunque ésta no será la única consecuencia negativa del cambio climático. Un incremento continuado de las temperaturas podría convertirse en detonante de un colapso del frágil e insostenible modelo económico impuesto en las islas, responsable a su vez de su feroz degradación medioambiental. Subordinar la economía de una región a un solo sector y tan inestable como el turístico, tal y como se ha hecho en Canarias, es de por sí bastante peligroso. Si además esto se hace en un territorio limitado y con unos ecosistemas tan frágiles como los del Archipiélago; y cuando la única “planificación” consiste en permitir el “crecimiento” ilimitado en beneficio de una depredadora clase empresarial, sin duda se están sentando las bases para reproducir las crisis económicas que han caracterizado toda nuestra historia.

En el Archipiélago Canario la “liberalización” del suelo ha dado rienda suelta al gran negocio de la especulación inmobiliaria que ha destruido, sistemáticamente, el suelo rústico, las zonas verdes y las costas de las islas.

La construcción de muelles deportivos, macro hoteles o campos de golf y la actividad asociada a estas instalaciones ha generado y continúa generando un consumo de energía desorbitado. La ingente cantidad de residuos que este consumo provoca desborda totalmente las posibilidades de tratamiento de las islas; por lo que, en muchos casos, se recurre a la incineración. Una de las prácticas que más gases de efecto invernadero incorpora a la atmósfera.

La política de gestión del agua, que prioriza también el abastecimiento del desproporcionado sector turístico y de una agricultura de exportación muy poco “ecológica”, somete los escasos acuíferos a una sobreexplotación e incrementa también el gasto energético de manera exponencial.

Para nuestra casta política, cuya connivencia con los sectores empresariales es bien conocida, los acuerdos internacionales que pudieran frenar este “crecimiento” no han supuesto ningún obstáculo. En 1997 el gobierno español firmó, junto a otros 38 países industrializados, el Protocolo de Kyoto. El compromiso de los representantes de la Unión Europea consistió en reducir la emisión de seis de los gases de efecto invernadero en un 8% entre los años 2008-2012 con respecto a los niveles de 1990. Sin embargo, a algunos países, que alegaron su escasa capacidad para reducir las emisiones, se les proporcionó un trato especial. Al Estado español se le permitió aumentar sus emisiones en un 15%. En el año 2003, ya había superando en casi un 40% los niveles de 1990. El archipiélago canario ha estado a la cabeza en la consecución de este lamentable record. Entre los años 1990 y 2000 la emisión de gases de efecto invernadero aumentó en Canarias en un ¡76,6%! (más que en cualquier otra parte del Estado).

En las Islas, un 49% de las emisiones de CO2 están generadas por el transporte; sobre todo por los vehículos privados. El censo de coches en Canarias supera las 1300.000 unidades, lo que significa que circulan casi 7 vehículos por cada 10 habitantes (datos del ISTAC). Pese a que estas cifras son más que alarmantes, no existen políticas ni presupuestos serios destinados a fomentar la alternativa del transporte público. Los hipócritas “días sin coche” celebrados cada año se combinan con la construcción de más carreteras y circunvalaciones que no pueden solventar los problemas de circulación, en tanto el parque móvil continúe aumentando.

Mientras, los canarios han empezado a sufrir algunos de los efectos del cambio climático. La ola de calor que afectó al Archipiélago entre los meses de julio y agosto del presente año fue, según el director del Centro Meteorológico de Canarias, “la más intensa que se ha conocido en Canarias”. El pasado verano se alcanzaron temperaturas de hasta 46 Cº en Lanzarote, 43Cº en Tenerife o 42Cº en el sur de Gran Canaria. Al menos 13 personas murieron como consecuencia de esta ola de calor.

Recientemente, un estudio realizado por la ULPGC estableció que las “mareas de algas” formadas por primera vez en aguas de Gran Canaria y Tenerife se originaron por una “combinación de condiciones climáticas inusuales hasta la fecha”. Según el profesor Antonio Ramos, se llegaron a dar en el mar temperaturas de 29,5 grados “tres por encima de la máxima temperatura registrada en los últimos 15 años”. Según los responsables del estudio este tipo de afloramiento puede convertirse en recurrente en el Archipiélago si las temperaturas continúan siendo tan elevadas. Y añadieron además que podrían reproducirse “otras bacterias más tóxicas que presentarían un riesgo para la salud humana”. No se trata, en este caso, de una manifestación espectacular del cambio climático, aunque sí ilustra hasta que punto son imprevisibles muchas de las consecuencias cuando se altera bruscamente el equilibrio de los ecosistemas.

En cualquier caso, lo que sí se puede predecir es que Canarias será una de las regiones donde más influirá este cambio. De alguno de los fenómenos extremos que hemos mencionado, como las lluvias torrenciales, hemos tenido ya trágicos adelantos, como las inundaciones en Tenerife en mayo del 2003.

Uno de los grandes peligros que tendremos que afrontar en el presente siglo será el progresivo aumento del nivel del mar. Ni siquiera es necesario imaginar escenarios apocalípticos de desaparición total de las islas (lo que por otro lado tampoco se puede descartar). Basta con pensar en el terrible impacto que incluso pequeños aumentos tendrían sobre nuestras playas y muelles, de los que tanto depende la actividad económica del Archipiélago.

Por otro lado, difícilmente el castigado sector agrícola de Canarias podría sobrevivir a un intenso proceso de desertización provocado por el efecto combinado de unas precipitaciones cada vez más escasas y el aumento en la evaporación del agua.

Si se suman a todos estos efectos una importante pérdida de biodiversidad y el fuerte incremento de la erosión de las islas, el panorama resultante no es, ciertamente, demasiado alentador. Y, desde luego, nada tiene que ver con el “paraíso de clima eternamente primaveral” que en las últimas décadas ha convertido a nuestro territorio en lugar de descanso para turistas británicos, alemanes o daneses.

Actualmente estamos viviendo una de las crisis más graves en el sector turístico y no parece que vaya a tener una pronta solución. ¿Qué sucederá en los próximos años si, como indican todos los datos, el ritmo del cambio climático continúa incrementándose? Y, ¿qué alternativas están planificando nuestros eximios políticos locales?

El pasado mes de mayo, el gobierno autónomo de Coalición Canaria mostró hasta que punto se interesa por el bienestar de sus ciudadanos, solicitando a Madrid un tratamiento especial para continuar superando el porcentaje de emisiones de gases recomendado para el Archipiélago.

¿QUÉ SE ESTÁ HACIENDO PARA DETENER EL CAMBIO CLIMÁTICO?

A nivel internacional, los síntomas cada vez más evidentes de lo que nos depara el futuro inmediato han hecho cundir la alarma. En los últimos años una acelerada toma de conciencia se ha generado en sectores cada vez más amplios de la sociedad. Muchos han empezado a actuar individualmente intentando cambiar sus hábitos de consumo y ahorro. En consonancia con esta nueva sensibilidad social, políticos profesionales e incluso los propietarios de las industrias más contaminantes se han transformado en ecologistas de nuevo cuño, incluyendo en sus respectivos discursos una inevitable alusión al “desarrollo sostenible”. ¿Pero, son sinceras estas declaraciones? Dejemos que los hechos se encarguen de responder a esta pregunta.

Los dirigentes políticos de todo el Mundo conocen desde hace al menos tres décadas lo que debería hacerse para intentar afrontar la crisis medioambiental. Los primeros estudios elaborados por el Club de Roma sobre este problema datan de finales de los años sesenta.

En 1972, la ONU se vio obligada a celebrar la primera cumbre de la Tierra. Desde entonces, las reuniones internacionales se han venido celebrando sin que ninguna de ellas sirviera para implementar medidas operativas capaces de frenar el grave deterioro al que está sometido el planeta.

En la Cumbre de Río de Janeiro, 1992, los líderes mundiales adoptaron, por fin, un “plan de acción para lograr un desarrollo sostenible”. Se realizaron numerosas y esperanzadoras declaraciones sobre la lucha contra el cambio climático, la protección de la biodiversidad o la erradicación de las sustancias tóxicas. La prensa internacional calificó el evento como el más importante de los celebrados hasta la fecha. Sin embargo, los grandes medios de comunicación prefirieron no hacerse eco del “desembarco” en la Cumbre del “Consejo Empresarial para el desarrollo Sustentable”, una asociación compuesta por 48 dirigentes de las mayores empresas de todo el Mundo. En realidad, el convenio sobre cambio climático firmado en Río de Janeiro por 181 países no estableció normativa vinculante alguna ni disposiciones efectivas. El “libre mercado, las nuevas tecnologías y el crecimiento económico” se mantuvieron como condiciones imprescindibles para alcanzar un “desarrollo sostenible” definido a la medida de los intereses representados por el Consejo Empresarial. En 1995, el Consejo se reorganizó, integrando esta vez a 150 empresas multinacionales de 27 países que participaron en la preparación de la Cumbre de Johannesburgo celebrada en el 2002. Así las cosas, no es de extrañar que el Plan de Acción aprobado en la ciudad africana propusiera como mecanismo para superar la degradación medioambiental una mayor “liberalización de los mercados”. Diferentes organizaciones internacionales han venido denunciando como la ONU ha abierto sus puertas a las más poderosas corporaciones multinacionales; que consiguen una y otra vez imponer sus propuestas de “autorregulación mediante códigos voluntarios de conducta”. Estas empresas, responsables directas de la destrucción medioambiental, comenzaron muy pronto a invertir una pequeña parte de sus beneficios en magníficas campañas propagandísticas destinadas a fabricarse una renovada imagen ecológica y a imponer un nuevo “ambientalismo empresarial”. Teoría en la que se plasma el deseo de subordinar el cuidado medioambiental a la “racionalidad” del mercado.

Un buen ejemplo de la hipocresía que se esconde tras estas lujosas propagandas lo ofrece la petrolera española Repsol. Recientemente, los responsables de la compañía hicieron público un comunicado en el que manifestaban su “preocupación ante los crecientes indicios de que la actividad humana está causando un impacto sobre el clima de consecuencias aún impredecibles”. Y se comprometían a “colaborar con las administraciones públicas de los países donde opera para facilitar el cumplimiento de los compromisos internacionales, singularmente el Protokolo de Kyoto”.

La realidad es que, en países como Argentina o Ecuador, Repsol IPF, además de despreocuparse totalmente de sus ingentes emisiones de gases, está cometiendo un auténtico genocidio con las ya menguadas poblaciones indígenas. Los Huaorani de Ecuador y los Mapuche de Argentina han denunciado a la petrolera por: explotación laboral, contaminar las reservas de agua potable ocasionando un número importante de muertes o enterrar los desechos de su producción sin ningún tratamiento previo. El 80% de los indígenas Huaorani de Ecuador son portadores de hepatitis como resultado de la explotación petrolífera. En Colombia, la compañía ha instalado bases militares para custodiar los pozos de petróleo; participando en las masacres paramilitares y en amenazas de muerte a los sindicalistas que se atreven a denunciar estos abusos.

Pero la actividad de Repsol IPF apenas si se diferencia de las prácticas del resto de multinacionales que, han conseguido apropiarse incluso de las reivindicaciones ecologistas. Paradójicamente, quienes hoy pretenden abanderar un “crecimiento sostenible” formaban parte, hasta hace bien poco, del “Global Clima Coalition”, poderoso grupo de presión creado para oponerse a las reglamentaciones sobre las emisiones de gases de efecto invernadero previstas por el Protocolo de Kyoto.

¿Y el publicitado Protocolo? ¿No podría significar al menos un primer paso para revertir el cambio climático?

El acuerdo firmado por los 39 países industrializados en la ciudad japonesa se ha presentado ante la opinión pública mundial como la muestra más evidente de que, finalmente, los líderes políticos han comprendido la necesidad de pasar a la acción en la defensa del medioambiente. Al mismo tiempo, se ha venido haciendo hincapié en que la negativa de los EE.UU. a comprometerse en el proyecto anulaba gran parte de su efectividad, ya que la potencia norteamericana es, con mucho, el Estado más contaminante del Planeta. Sin duda, esto es cierto. Pero representa tan solo un pequeña parte de la verdad.

Cuando han pasado casi siete años desde los acuerdos de Kyoto podemos realizar un primer balance sobre la credibilidad de las promesas realizadas en esa Cumbre.

La media de reducción de gases de efecto invernadero asumida en Kyoto por los países más industrializados fue de aproximadamente un 5.2%. Actualmente, y según un informe que la propia ONU hizo público en el 2003, “los países ricos están aumentando las emisiones de gases causantes del efecto invernadero y la tendencia no presenta signos de cambiar”. De acuerdo con los estudios realizados por esta organización, las emisiones de Europa, Japón, Estados Unidos y otros países industrializados crecerán en conjunto un 17% de aquí al 2010.

Pero lo más preocupante no es el hecho de que los rubricantes del Protocolo hayan sido incapaces de lograr la reducción a la que se comprometieron. Aún más significativo es el propio contenido de los acuerdos, que refleja hasta que punto sus pactos continúan subordinados a las necesidades de acumulación de los grandes poderes económicos. No mucha gente sabe que el Protocolo de Kyoto incluyó una fórmula ideal para que los firmantes pudieran eludir el compromiso ecológico: “la posibilidad de comerciar con los derechos de emisiones”. Esta cláusula –basada en los supuestos de la economía neoliberal- permite a las empresas que deseen contaminar por encima de los niveles establecidos acudir al mercado para comprar estos derechos a otras empresas o países. De esta forma, los Estados que más contaminan intentarán garantizar “su crecimiento económico” comprando sus cuotas a los países subdesarrollados. Sin ir más lejos, el Plan Nacional de Asignación de Derechos de Emisión de CO2 del PSOE prevé cumplir con el compromiso de Kyoto recurriendo a la compra de derechos en América Latina y la Europa del Este. El procedimiento para llevar a cabo este tipo de transacciones también fue desarrollado en el Protocolo bajo el eufemismo de “Mecanismos de Desarrollo Limpio”. Proyectos de inversión – es decir, nuevas posibilidades de hacer negocio- relacionados con bosques, plantaciones forestales y suelos en dichos países.

Con todo, el más importante de los engaños consiste en ocultar a la mayoría de la población el hecho de que el objetivo de reducir en un 5% u 8% las emisiones de CO2, no modificaría ni un ápice la evolución del cambio climático. Según las opiniones científicas más autorizadas, para estabilizar la concentración efectiva de Dióxido de Carbono en la atmósfera sería preciso reducir las emisiones de origen energético entre un ¡70% y un 80%! (con respecto a los niveles de 1990). Y aún así, dicha estabilización solo tendría lugar una década después con una cantidad de dióxido de carbono un 8% mayor que en 1990.

No es casual que nadie mencione estas cifras ya que, sencillamente, reducciones de esta magnitud son absolutamente incompatibles con la ley de hierro que rige el sistema económico mundial: la acumulación. Una de las primeras lecciones que se imparte a cualquier joven estudiante de Economía es que la única manera de evitar la paralización de la producción - que se produce cuando esta acumulación no puede continuar - consiste en aumentar el Consumo ¡sin cesar y además a una tasa creciente! Este objetivo básico de la actividad económica de la sociedad capitalista se formula habitualmente como la necesidad de alcanzar “un rápido y continuado crecimiento”.

En la actualidad, ya hemos sobrepasado con creces la capacidad de regeneración de la biosfera terrestre y los recursos naturales más básicos se agotan de manera alarmante. Y, pese a las viejas promesas de “prosperidad para todos”, el incremento de la producción continúa basándose en una concentración cada vez mayor de la riqueza y en la extensión de la miseria entre la mayor parte de la población mundial. Mientras el 20% de los habitantes del planeta dispone del 86% del PIB global; más de mil millones de personas no pueden acceder al consumo básico de agua, alimentación o energía.

Esta crítica situación ha convertido en un reto impostergable recuperar una explicación totalizadora que sea capaz de establecer las oportunas relaciones entre ecologismo – economía y política. Una explicación que permita desechar, por quiméricas, las soluciones que durante décadas nos han venido presentando como “realistas”. El cambio climático no se detendrá convenciendo a los grandes multinacionales para que contaminen con moderación. Por el contrario, su búsqueda continua del máximo beneficio y la lucha incesante por conquistar nuevos mercados y dominar los escasos recursos naturales continuarán empeorando, necesariamente, la crisis medioambiental. Las guerras de conquista contra Irak o Afganistán o la creación de un ejército europeo con capacidad para intervenir con la misma “efectividad” que el de los EE.UU., son sólo algunos ejemplos de lo que las grandes potencias están dispuestas a hacer para facilitarles el trabajo.

Así pues, atender a los imperativos ecológicos solo será posible modificando radicalmente el tipo de economía que rige nuestra civilización. Desde luego esta no será una tarea fácil ni exenta de duras confrontaciones. Tampoco el éxito de la empresa está garantizado. Pero, en cualquier caso, superar el actual sistema de producción y construir una sociedad que garantice la satisfacción de las necesidades básicas de las mayorías, respetando los ecosistemas a los que debemos la vida, es en la actualidad un requisito indispensable para la supervivencia de la especie humana. ¿Acaso existe otra motivación más importante que pueda guiar nuestros esfuerzos?

Referencias bibliográficas:

-* IPCC: Panel Internacional sobre Cambio Climático, compuesto por unos 2500 científicos

- Reichmann, Jorge. “Todo tiene un límite: Ecología y transformación social” Editorial Debate, S.A. (2001)

- Commoner, Barry. “Ciencia y supervivencia” (1966)

- Instituto Worldwatch “Situación del Mundo en el 2003” FUHEM e Icaria Editorial

- Nieto, Joaquín – Santamaría, José “Emisiones de gases de efecto invernadero en España por Comunidades Autónomas” 29 de octubre de 2003

- Ayala, Francisco “El cambio climático en España: una realidad”

- Protocolo de Kyoto de la convención marco de las Naciones Unidas

- Profesiones, nº 90 “España tratará de reducir un 0,4 las emisiones de gases hasta 2007” Julio-agosto de 2004

- Tamayo G., Eduardo “Cumbre secuestrada por transnacionales” Servicio informatico “ALAI-amiatina”

- Hauter, Wenonanh “Johannesburgo: Pactos con el diablo. Las sociedades privadas y el medio ambiente global” Rebelión 29 de agosto de 2002

- Wallerstein, Inmmanuel “Ecología y costes de producción capitalistas. No hay salida” Iniciativa Socialista, nº 50 Otoño de 1998

- “Canarias registra el verano más caluroso desde que se miden las temperaturas”. La Provincia. 1 de septiembre de 2004

- “Gobierno de Canarias achaca las “mareas de algas” a las altas temperaturas y el siroco” La Provincia. 24 de septiembre de 2004

- “Lejos de Kyoto”. La Provincia. 9 de mayo de 2004

Científicos gallegos desarrollan un suelo artificial a partir de residuos que servirá para regenerar terrenos degradados o desertizados

Científicos gallegos desarrollan un suelo artificial a partir de residuos que servirá para regenerar terrenos degradados o desertizados

COLPISA/Madrid (10 de mayo)

Científicos del Grupo Toysal y de la Universidad de Santiago de Compostela, dirigidos por el catedrático de Ingeniería Química Manuel Bao Iglesias, han desarrollado, a partir de la combinación de residuos, un suelo artificial capaz de regenerar terrenos degradados por su intensiva explotación minera, agrícola o industrial.

Con este nuevo producto se van a ver beneficiados aquellos terrenos que han soportado actividades mineras, industriales o agrícolas en exceso, o bien que sufran un proceso de desertización, lo cual es un problema palpable en muchas zonas del país.

Según publica 'Diario de León', este innovador proyecto, que comenzó a desarrollarse en 1998, ha sido probado con gran éxito en 'Mina Barquiña'. Este lugar es una antigua cantera de cuarzo a cielo abierto en las cercanías de Santiago de Compostela, que estaba totalmente erosionada.

La creación de este nuevo suelo está permitiendo el crecimiento de especies arbóreas tan exigentes como robles o castaños. El proyecto puede ser una auténtica revolución en la recuperación de suelos, ya que acortaría los plazos considerablemente, permitiendo una mayor explotación de los terrenos.

Desarrollo sostenible

Al acto de presentación oficial de este tipo de suelo artificial asistió el Conselleiro de Medio Ambiente de la Xunta, Carlos del Álamo, quien destacó la sintonía de esta aportación científica con el "modelo de desarrollo sostenible" que predica su departamento, al tiempo que elogió la figura de Manuel Bao.

El Conselleiro recordó que Bao ejerció un papel fundamental como impulsor del Plan Sogama. La consellería autorizó y ejerció el seguimiento de esta iniciativa científica, a través del Centro de Información y Tecnología Ambiental (Cita) y de la Dirección General de Montes. Esta última institución asesoró sobre la selección de especies a implantar en la zona de experiencia piloto, ya que se consideraban las más idóneas para su aplicación.

Tu tienes la palabra: participa en el Foro de Debate

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Queremos que la gente se involucre y vea este gravísimo problema del cambio climático y la desertización como lo que es: un problema propio. Cada cual debe contribuir a salvar nuestra Isla de la catástrofe medioambiental hacia la que se dirige. Ahora tu tienes la palabra.

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Queremos saber tu opinión

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De esta manera tú también podrás pararte un poco a pensar sobre la respuesta más adecuada a diversas preguntas vitales respecto a nuestra actitud frente al cambio climático, la lucha contra el fuego y la desertización.

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Adena/WWF pide que los gobiernos restauren los bosques para evitar la erosión

Adena/WWF pide que los gobiernos restauren los bosques para evitar la erosión

El Día, 18-6-2003

La organización ecologista apuesta por el mantenimiento de la biodiversidad en el Día Mundial de la Lucha contra la Desertización y la Sequía, y cree que "es necesario que las políticas nacionales eliminen o reformen los incentivos financieros, políticos y económicos para no perder la vegetación".

La organización ecologista Adena pidió ayer a los gobiernos mediterráneos que combatan la desertización con la restauración de bosques para garantizar el mantenimiento de la biodiversidad y reducir la degradación del suelo, "un problema que le cuesta a España 200 millones de euros".

Con motivo del Día Mundial de la Lucha contra la Desertización y la Sequía, el grupo ecologista afirmó que para restaurar los bosques con éxito es necesario que las políticas nacionales "eliminen o reformen" los incentivos financieros, políticos y económicos que contribuyan a la pérdida de los espacios forestales. Según sus datos, unos 300.000 kilómetros cuadrados del litoral costero europeo del Mediterráneo sufren la erosión del suelo como consecuencia de "las malas políticas del uso de la tierra, la gestión no regulada en la zona y la sobreexplotación de los recursos forestales". En concreto, los ecologistas dicen que aproximadamente el 66 por ciento del área mediterránea rural tiene un riesgo de moderado a alto de degradación del suelo. "Sin embargo, el 41 por ciento del territorio español, el 68 por ciento del griego y el 43 por ciento del portugués presentan un riesgo más alto", añaden. 200 millones de eurosSegún calcula Adena, la desertización le cuesta a España unos 200 millones de euros, mientras que Túnez pierde "unas 8.000 hectáreas de tierra al año" y le cuesta 100 millones de euros.

Para combatirla, Adena y el Centro de Cooperación del Mediterráneo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), promueven la restauración de bosques para recuperar las funciones que estos cumplen como la de proporcionar comida, hábitat para las especies o la estabilización del suelo, además de aumentar todo el territorio forestal. Por otra parte, Ecologistas en Acción advirtió que más del 40 % del territorio español está afectado por el proceso de desertización y pidió al Gobierno que ponga en marcha un Plan Nacional con medidas basadas en la gestión sostenible de las tierras agrícolas, de los recursos hídricos y de ordenación del territorio. Esta organización ecologista critica que "a pesar de la situación Medio Ambiente ha sido incapaz de desarrollar el tan prometido Programa de Acción".

El territorio canario

Por su parte, el grupo ecologista Ben-Magec ha denunciado "la gravedad de la pérdida de suelo fértil en Canarias y la falta de medidas para atajar la desertización en el Archipiélago, que afecta al 68% del territorio canario". En esta línea recuerdan que "Canarias ha vivido en los últimos años un descenso significativo de la actividad primaria y la superficie dedicada a los cultivos agrícolas ha bajado de 54.000 hectáreas en 1990 a 43.700 en el año 2000". Agrega que en esos suelos no explotados han pasado a formar parte de eriales que, si labores de mantenimiento y explotación, son desmantelados a gran velocidad. Para Ben-Magec, el tesoro que supone mantener un suelo no erosionado en Canarias se está perdiendo "a marchas forzadas disipando un patrimonio que tarda miles de años en formarse, y todo ello, ante la actitud pasiva y cómplice de las instituciones públicas".

Canarias firmará un acuerdo por 5,5 millones para luchar contra la desertización

Canarias firmará un acuerdo por 5,5 millones para luchar contra la desertización

El Día, 17-6-2004

El Gobierno de Canarias firmará en breve un convenio con el Ministerio de Medio Ambiente por el que el Ejecutivo central asignará a la Comunidad autónoma 5,5 millones de euros para actuaciones contra la erosión y la desertización.

Hoy, 17 de junio, se conmemora el Día Mundial contra la Desertización, un fenómeno que afecta ya a buena parte del planeta y que en Canarias, como en el resto del mundo, es un síntoma que avanza por las condiciones de meteorología y la influencia de la actividad humana. Aún no se han alcanzado cotas de especial preocupación, pero sí se ha dado la voz de alarma en la zona sur de Gran Canaria, así como en Lanzarote y Fuerteventura, islas donde la erosión eólica añadida implica la puesta en marcha de medidas correctoras.

En el Archipiélago ya están en marcha algunas líneas de actuación, principalmente en el marco hidrológico-forestal, que consisten en la repoblación de zonas sensibles a sufrir erosión. El convenio que se firmará con el Ministerio, que se desarrollará entre 2004 y 2008, es complementario a los planes ya iniciados, como el forestal, que recoge acciones plurianuales de ordenación y recuperación. Dada su importancia económica, abarca el ámbito del Archipiélago, y se centra en la adecuación de laderas para evitar escorrentías, una medida que frena la erosión.

En las Islas se presentan algunos problemas por la degradación de los terrenos, principalmente por la falta de actividad agrícola, aunque el futuro del territorio y el freno a la desertización dependerá del nuevo marco legislativo que la Comunidad autónoma adopte en función de la nueva Ley Nacional de Montes, cuyos artículos están en fase de redacción.

La mitad de la superficie de la isla de Gran Canaria sufre un alto grado de erosión extrema

La mitad de la superficie de la isla de Gran Canaria sufre un alto grado de erosión extrema

El Foro de Canarias, 2004

El 50 % del territorio de Gran Canaria sufre un elevado grado de erosión, mientras que el 6 % se halla en una situación de erosión extrema e irreversible. Así se pone de manifiesto en las conclusiones que aporta el plan sobre actuaciones estratégicas "Gran Canaria, siglo XXI" sobre la situación medioambiental de los 1.558 kilómetros cuadrados de superficie de la Isla.

Los expertos que participaron en la redacción de este documento recuerdan que la situación edáfica de Gran Canaria es grave y preocupante, tanto en lo que se refiere al nivel de erosión, como al grado de contaminación del suelo. Esta degradación ha estado provocada por la erosión hídrica y eólica, como resultado de la pérdida de masa forestal, así como por la escasez de materia orgánica y el abandono de tierras de cultivos agrícolas.

Además, señala este informe que encargó el Cabildo a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), el suelo insular ha sufrido un alto grado de contaminación provocado por la salinización del acuífero, como consecuencia de la sobreexplotación de pozos para extraer agua del subsuelo. Los vertidos incontrolados, añaden los expertos que participaron en la redacción de este documento, también han incidido en la pérdida de fertilidad del suelo en unas dimensiones que están aún por determinar.

En este sentido, el informe plantea que una de las principales carencias con las que se enfrenta las labores de recuperación y conservación de la superficie insular es la clara falta de indicadores de los fenómenos que le afectan y de sus riesgos asociados, así como el escaso número de estudios de investigación con bases científicas sólidas que determinen el estado real del suelo.

El litoral de Gran Canaria también sufre un alto grado de deterioro y daños irreparables como consecuencia de haber estado sometida a una presión y ocupación masiva durante las últimas décadas. De hecho, un informe del Ministerio de Medio Ambiente apunta que 57 de las 128 playas de la Isla presentan un grado de ocupación alto.

Treinta especies están en peligro

Los investigadores que redactaron el informe Gran Canaria, siglo XXI consideran que la biodiversidad del territorio insular sufre otros tipos de amenazas. A este respecto apuntan algunos aspectos:

La transformación que produce la acción del hombre sobre el suelo está produciendo fuertes impactos que inciden directamente en las especies vertebradas e invertebradas.

El sobrepastoreo, así como la introducción de especies exóticas o la sobreexplotación pesquera siguen aún sin controlarse, a pesar de que provocan pérdidas irreversibles sobre la diversidad biológica de la Isla.

Más de treinta especies de la flora y fauna de Gran Canaria se encuentran en peligro de extinción y no existen, según los expertos, planes para su recuperación y conservación.

La gestión de los espacios naturales debe agilizarse

Gran Canaria sólo dispone de tres de los dieciséis planes de uso y gestión de espacios naturales que existen en Canarias: los planes directores de la Reserva Natural de Las Dunas de Maspalomas, del Paisaje Protegido de Tafira y de la Reserva Natural El Brezal. Todavía se encuentran en fase de redacción los planes de uso y gestión del Nublo y el de Tamadaba.

Los expertos que redactaron el informe Gran Canaria, siglo XXI ven necesario consolidar y agilizar el desarrollo de estos instrumentos de planificación y gestión de los espacios naturales y consideran esencial velar por el cumplimiento de las condiciones impuestas en estos planes.

La protección de los espacios naturales se ha visto reforzada por diferentes directivas europeas, especialmente la relativa a la conversación de los hábitats naturales y de flora y fauna silvestres que conforman la Red Europea Natura-2000. En este sentido, el Consejo de Gobierno canario aprobó en octubre la lista de lugares de interés comunitario, que ha sido remitida a Bruselas para su aprobación. Esta lista es esencial para la constitución de la Red Europea e imprescindible para conseguir financiación comunitaria con el fin de hacer posible su conversación. En esta relación se encuentran 37 espacios de Gran Canaria que ocupan una superficie de 107 hectáreas, en los cuales se han incorporado como novedad áreas marinas emblemáticas y de alto interés.