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Web y foro contra la desertización, el cambio climático y erosión en las Islas Canarias

Gran Canaria, la isla marchita

Gran Canaria, la isla marchita

Debido a la desgracia de padecer no solo una sequía cada vez mayor, sino además unas autoridades municipales, insulares y autonómicas totalmente incompetentes y con poco amor al trabajo a la hora de atender sus obligaciones medioambientales y, en particular, su nulo propósito de acometer acciones para solucionar la desesperada situación que vive Gran Canaria y la Provincia de Las Palmas con respecto a su galopante desertización y erosión, reproducimos nuevamente parte de un documento publicado por TURCON en junio de 1999.

Extractado de Política canaria y medio ambiente, un recordatorio de lo que quieren que olvidemos : elecciones junio 1999. Elaborado por Turcón-Ecologistas en acción.

Este documento puede consultarse completo (PDF, 617 Kb).
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Podemos comenzar con el tema tal vez más candente por el perjuicio que nos está causando en los últimos años: la sequía. Problema que, como advertía una conocida revista, golpea dos veces: por el perjuicio que causa y por la inoperancia política para resolverlo. La agricultura, roturadora en tiempos pasados de nuestros bosques y vegetación al objeto de aprovechar el suelo para sustento para la población, es ahora el garante de extensos espacios medioambientales en buena parte de Gran Canaria y del Archipiélago. Su actividad es imprescindible para evitar la erosión del terreno en unas islas cada vez más áridas. Pero la agricultura y la ganadería no son sólo eso –no nos engañemos–, es generación de riqueza y empleo alternativos e, indudablemente, una forma de vida donde se conservan casi en exclusiva nuestras tradiciones como pueblo: romerías, productos y platos típicos, vestimenta, arquitectura, música popular... Sin embargo, en los últimos tiempos observamos, particularmente en nuestra Isla, una sociedad urbana, hostil e indiferente por igual al campo y a la agricultura, que secularmente ha menospreciado la importante labor del agricultor, por no hablar de política y políticos con actitudes claramente biocidas y agrofóbicas, ya sea por acción u omisión.

Indudablemente, vinculada a la agricultura y la ganadería se encuentra el agua, absolutamente imprescindible para las mismas y, desde luego, para su enemigo más directo: el turismo. El gobierno en Canarias y en el ámbito nacional está dominado a todos los niveles por Coalición Canaria y el Partido Popular. Son competentes en el tema del agua el Ministerio de Fomento, el de Medio Ambiente y hasta el de Administraciones Públicas; dentro del Gobierno de Canarias, la Consejería de Obras Públicas y la de Política Territorial, y ya más cerca nuestro Cabildo Insular, dentro del cual hay nada menos que tres organismos: el Consejo Insular de Aguas, el Consorcio de Aguas Depuradas y la Comunidad de la Lumbre. Todo ello sin contar con las competencias de 21 municipios. Pues bien todos ellos son incapaces, según se ha demostrado y recordaremos aquí, de solucionar nuestros problemas de agua.

El nivel freático del subsuelo está a punto de desaparecer por la sobreexplotación, habiéndose secado numerosos nacientes históricos y sin que se ponga coto a los numerosos pozos ilegales o no, muchos de los cuales venden agua a las propias corporaciones. La lluvia artificial se ha suspendido por claras presiones de los propietarios privados de agua –popularmente conocidos como los aguatenientes–, principales interesados en que haya poco líquido en el mercado para poder vendérnosla a precio de oro. Las obras hidráulicas no se acometen en tiempo y forma por papeles que no aparecen y estúpidos políticos que no saben solucionar nuestros más apremiantes problemas. Las depuradoras no funcionan, o dan agua salobre de pésima calidad inundando de malos olores nuestro aire y de sal nuestros cultivos. No se aplica en sus aspectos positivos la muy discutible Ley de Aguas de Canarias, padeciendo la falta de aplicación de un Plan Hidrológico medianamente válido, así como planificaciones de Desarrollo Agrícola y Ganadero tanto insular como regional, faltan programas de ayudas a la producción y comercialización, escasa dotación presupuestaria de las consejerias cabildicia y regional, no hay incentivos para la renovación generacional de los trabajadores del campo para solventar el el acusado envejecimiento de los productores, es nula la investigacion y desarrollo en el área... La lista a este respecto es interminable ¿será verdad aquello de que los canarios no sabemos autogobernarnos?.

Merece la pena que analicemos un poco más en detalle los aspectos aquí esbozados dentro del espacio limitado de esta publicación, comenzando por la situación en que nos encontramos y por los logros políticos acometidos para remediarlos, llamando la atención sobre la administración que más responsabilidad tiene en este problema: el Cabildo Insular de Gran Canaria.

La situación en que nos encontramos

Nuestra provincia fué el lugar de toda España donde menos llovió en el periodo interanual de 1997-1998 –según datos del Instituto Nacional de Meteorología–, con sólo 19 días de lluvia en Gran Canaria entre 365, y únicamente 92 litros de aprovechamiento. Almería, con su famoso desierto y siendo el lugar más seco de la Península Ibérica tuvo 28 en el mismo período.

La Mesa del Agua, la Agricultura y la Ganadería, cifró a finales del mismo año en 13.000 millones las necesidades sólo en las medianias de Gran Canaria, no ya para paliar la sequía, sino para poder superar la crisis en la que se ha visto sumida durante años por la falta de apoyo de las instituciones y en particular del Cabildo. A 19 de mayo pasado la prensa anunciaba que la escasez y la demanda duplicaba el precio del agua en el primer trimestre del año, por ello, el portavoz de la Federación de Exportadores de Productos Hortofrutícolas, Roberto Góiriz, anunciaba que se encarecerán los precios de venta al público, lo que aumentará nuestra cesta de la compra, agravando la ya abultada cifra que al respecto padece la región más inflacionista de toda España. Ello reducirá la competitividad de las exportaciones canarias de este género al exterior que, dicho sea de paso, es lo único que exportamos.

Según un estudio de la Consejería de Agricultura, Pesca y Alimentación del Gobierno canario, el desarrollo turístico ha reducido en tan sólo 7 años el 40% de la superficie cultivable en los municipios de la provincia de Las Palmas que mayor auge en inversiones de ocio han recibido en este periodo. En los años sesenta teníamos 30.000 hectáreas de cultivos, hoy contamos con tan sólo 8.000. El contraste a este respecto es absoluto con la provincia tinerfeña, en la que pese al aumento turístico no sólo no se ha reducido el terreno agrícola, sino que ha aumentado en un 8% en el último período, pasando de 8.329 hectáreas en 1990 a 9.058 en 1997. Sólo en el caso del municipio de Telde, donde fué famosa en otros tiempos la Vega de Telde –la más grande junto con la de la Orotava de toda Canarias–, han desaparecido en los últimos tres años 1.800 hectáreas de cultivos. Por si fuera poco, la población dedicada a la agricultura (el 6% del total) envejece ostensiblemente. El 60% de los agricultores grancanarios tiene más de 50 años, lo que implica que no hay ya un relevo generacional para garantizar la supervivencia del sector.

La erosión en nuestra Isla es brutal. Las Canarias Orientales sufren un proceso cada vez más acelerado de desertización, a través de la pérdida de cubierta vegetal primero y del suelo fértil después a un ritmo de aproximadamente 1 milímetro de espesor anual, lo que supone 25 toneladas por hectárea de media. En nuestro caso, el 60% de la superficie insular tiene un alto nivel de salinidad, que se acrecienta con la mala calidad de las aguas depuradas para el riego, mientras que otro 40% sufre erosión acentuada. Gran Canaria, según un estudio del Departamento de Edafología de la Universidad de La Laguna de principios de esta década, pierde en algunas zonas hasta cien toneladas por hectárea y año, cuando el límite de lo tolerable es entre 2 y 3 en la misma superficie y periodo.Las Islas Orientales pierden así cada año 13.000 toneladas de terreno fértil. Las causas son la sequía, la sobreexplotación hidráulica, la nula política preventiva de las administraciones y el turismo. Frente a ello, la agricultura y la adecuada gestión de los espacios naturales protegidos son la única solución.

Lógicamente la lluvia no sólo es beneficiosa para la agricultura por los cultivos o la ganadería por los pastos, sino también para el turismo, ya que a ningún visitante le agrada ver resecos eriales donde sólo destacan las piedras, sino una isla verde rebosante de
vegetación.

¿Pero qué hacen nuestros políticos?

La acendrada sequía de los últimos años coincide, curiosamente, con el fracaso de la política de repoblación forestal desde los setenta y la desaparición del programa de lluvia provocada que venía sosteniendo en épocas precedentes el Cabildo grancanario.

Al respecto, merece la pena que nos detengamos un instante en el tema de la lluvia artificial. El proyecto, consistente en sobrevolar en avioneta determinados tipos de nubes previamente detectadas por radar y verter en ellas un preparado químico a base de agua destilada, nitrato amónico y urea, fué financiado por el Cabildo Insular por última vez en el periodo 1986-1992, revelándose como de grandes resultados. Prestigiosos meteorólogos como D. Desiderio Padilla han demostrado con su experiencia el éxito en las lluvias obtenidas. Tal es así que las últimas inundaciones sufridas en Las Palmas de Gran Canaria se debieron a ello, consiguiendo además llenar las presas y reverdecer nuestros campos. Sin embargo los propietarios de pozos y accionistas de heredades de aguas o embalses comenzaron una campaña de infundios a fin de desprestigiarlo, lo que consiguieron gracias a la debilidad de los políticos cabildicios que padecemos, que acabaron argumentando que no salía rentable la inversión para los resultados obtenidos. La diferencia a la vista está, la isla se seca año tras año. Somos ya el lugar de España donde menos llueve. Un desastre.

Por contra, un sector que ha perdido de facto el último año la cosecha de vinos y más de la mitad de las de papas, cuenta con un Cabildo que se gasta 100 millones de pts. en una campaña de imagen publicitaria en la que demuestra lo lejos que se encuentra de la sociedad y de los problemas grancanarios.

La ridícula suma inicial ofertada por el Cabildo Insular de Gran Canaria para paliar los catastróficos efectos de la sequía en nuestra isla desde 1998 y que aún subsisten, 600 millones de pts., contrasta con un informe de la misma entidad que revelaba pérdidas por valor de 5.532 millones, cantidad ratificada posteriormente por el Gobierno de Canarias, que no invertía sin embargo un duro en solucionar este gravísimo problema. El mismo Gobierno autónomo ha contemplado además presupuestos mayores para obras hidráulicas en la provincia tinerfeña que en la grancanaria. Sin embargo, el caso más sangrante fué el de los Presupuestos del Estado de 1998 para obras hidráulicas urgentes, cifrados en 227.000 millones, de los cuales sólo destinaron 185 millones a Gran Canaria.

La irresponsabilidad del Cabildo grancanario, gobernado actualmente por Coalición Canaria y Partido Popular y presidido por el conocido José Macías, no conoce precedentes. En casi todos los campos y particularmente en el que ahora nos ocupa se puede asegurar que ha tocado fondo. Quizá el caso más sangrante fue cuando este Cabildo de nuestras desgracias, impasible ante una isla reseca por la persistente sequía que venimos arrastrando en los últimos años, se enzarzó en una absurda discusión con el Ministerio de Economía y Hacienda a causa de un papelito milagroso que por lo visto les era imprescindible para acometer las obras hidráulicas más urgentes para resolver la sequía, por valor de 7.000 millones de pts., producto de lo presupuestado en la comisión mixta de seguimiento del convenio de infraestructuras hidráulicas Canarias-Estado. Pues bien eso fue en noviembre de 1998 ...y el dichoso papel había llegado al Cabildo tres meses antes, en agosto. Ningún cargo o funcionario se interesó en averiguar que pasaba con aquel papel extraviado o retrasado, no se acudió a Madrid personalmente para ver que ocurría. Es mejor dejar pasar el tiempo escudándose en la burocracia dejando que nuestra agricultura y ganaderia se pudran. Por lo visto el dichoso papel fué abducido por los extraterrestres, tan ajenos a nuestro planeta como el Cabildo a la isla de Gran Canaria. Así, a finales del pasado ejercicio, sólo había adjudicados 4 de los 12 proyectos previstos mientras que las áreas de Medio Ambiente, cuyo responsable es Carmelo Ramírez (CC) y Política Territorial, regida por María del Puy Martín (PP), tenían la mayor cantidad de dinero por consejerías (1.900 y 2.200 millones respectivamente) aún pendiente de gastar, lo cual habla a las claras de la eficacia de su gestión. Además, en este último caso se le había bajado un 32% su presupuesto a Política Territorial con respecto al año anterior, debido a su escaso nivel de ejecución y retraso en el gasto.

Sin embargo, la incompentencia absoluta está personificada en las figuras de Andrés Rodríguez y Antonio Sánchez Báez, del Centro Canario Nacionalista (integrado en Coalición Canaria), consejeros respectivamente de Recursos Hidráulicos, y de Agricultura, Ganadería y Pesca del Cabildo grancanario que ni crujen ni mujen, tan anodina es su labor. En el caso de José Macías, del PP, presidente de la Corporación insular, el cargo le viene ancho por todos lados. El pobre hombre, indudablemente buena persona y por lo visto, por eso mismo, absolutamente incompatible con la política, no se entera de nada. Él, que solo sirve para poner buenas caras, estrechar manos y salir en las fotos. Oye campanas y no sabe en donde. Por lo menos y al igual que los máximos responsables de la política canaria tiene quien le escriba los discursos para quedar bien sobre el papel, peroen esta barca indudablemente naufragaremos todos. La Mesa del Agua ha pedido repetidamente a José Macías que no esconda la cabeza debajo del ala ante el grave problema del agua, pero está claro que no se le pueden pedir peras al olmo.

Algunos de los más destacados méritos de la política canaria son:

• El demencial Plan Hidrológico de Gran Canaria elaborado por CC y PP, que condena la agricultura de medianias de la Isla, recomendando que se paralice el crecimiento de la superficie cultivada y se mantenga en el nivel actual. Además, no prohibe explícitamente las extracciones de agua del subsuelo por debajo de los 300 metros. Estas mismas zonas sólo pueden aprovechar ahora el 10% de su potencialidad agrícola y ganadera. Estos planes han convertido a Gran Canaria de esponja en auténtica piedra y arena.

• Se alquilan módulos de depuración en Barranco Seco que no se ponen en marcha, se asignan las obras del terciario en la misma instalación, a fin de eliminar la altisima salinidad de sus aguas –lo que las hace de facto inútiles para el riego–, y habiendo pasado más de un año desde su adjudicación, aún no se han iniciado por el Ministerio de Fomento, gobernado por el Partido Popular (y recordemos que la obra, sin contar los retrasos que siempre se producen, cuentan con un plazo de ejecución de 18 meses, con lo cual no estaría lista hasta el 2001-2002).

• El famoso Trasvasur, canal de trasvase de aguas desde las presas del sur de la Isla hasta los cultivos del sureste sigue, 25 años después de comenzar su construcción y cientos de millones invertidos aún sin terminar.

• Se consiente sin abrir el pico el machacamiento del desarrollo agrícola de la zona de Tafira, expropiando cuarenta parcelas en producción para la unión de la Variante de Tafira con la Circunvalación.

• La venta de los intereses colectivos en el vital tema del agua es patente. Podemos resumirlo en tres puntos: privatización de Emalsa, bajada de pantalones ante la Ley de Aguas en la época de gobierno regional de los socialistas y abandono del excelente programa de lluvia artificial para beneficio de los aguatenientes y de las heredades privadas de aguas (recordemos que el 94'3% de la población no es propietaria de acciones en ningun pozo, galeria o presa). Nada menos que 5.000 millones de pts. mueve al año en Gran Canaria el mercado del agua de uso agrícola. En 1996 el Partido Popular intentó cambiar la Ley de Aguas para eliminar el dominio público del agua en Canarias.

• Como revelaba la prensa de los últimos días, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria está hurtando cada día nada menos que 2.500 m3 de agua a la agricultura de la Isla para regar los jardines, según ha denunciado el Consorcio Insular de Aguas. Desde luego, no criticamos el mantenimiento de unos jardines que embellecen la ciudad y que buena falta le hace, sino el empleo de la moda del césped, planta totalmente ajena a una región semidesértica como la canaria y voraz consumidora de agua, situación más grave además si se priorizan los mismos con respecto a nuestros campos.

• Es inexplicable que un Consistorio como el la capital grancanaria, privatice la mayoría de una empresa de abastecimiento de aguas, Emalsa, y no mantenga el control estratégico de un servicio de primera necesidad, mantenga inactiva una de sus potabilizadoras y acuda al mercado libre (léase pozos que esquilman cada vez más nuestros escasos recursos hidráulicos del subsuelo) a competir con los agricultores encareciendo los costes del agua ya mas cara de toda España. Mientras, estúpidamente, se enfrentan al Consorcio Insular de Aguas, disparando así la crisis del modelo más racional de aprovechamiento de las aguas residuales en la isla La pregunta del millón aquí es ¿cómo es posible que en la actualidad con los medios tecnológicos y económicos de que disponemos y la autogestión prácticamente absoluta que poseemos los canarios desde hace años se consienta esta dejación y abandono de nuestra agricultura y ganaderia y estemos poco menos como hace pocas décadas sacando al santo en procesión para rogar por caridad unas gotas de lluvia?. Cientos de miles de millones se invierten en obra públicas para el tráfico pero no hay para potabilizadoras, lluvia artificial, canalizaciones, ayudas al campo, formación de los agricultores, recuperación de los cultivos perdidos, compensación de desastres naturales, medidas contra la erosión... Esto es ciencia ficción, por lo menos con nuestros pésimos políticos.

Un científico británico afirma haber inventado una máquina capaz de crear nubes de lluvia

El Mundo, 2-12-2002

Un científico británico afirma haber inventado una máquina capaz de crear nubes de lluvia. Se trata de una turbina de 60 metros de altura y accionada por el viento.

Un científico de la universidad escocesa de Edimburgo, Stephen Salter, ha recibido una subvención gubernamental para poner a punto su última invención, la primera máquina capaz de crear nubes de lluvia, indica 'The Times'. El profesor tuvo la idea de crear una turbina de unos 60 metros de altura en forma de batidora de huevos accionada por el viento que, colocada debajo de un catamarán, puede aspirar agua de mar y pulverizarla en la atmósfera para crear nubes de lluvia.

Empleada con prudencia, en particular en las inmediaciones de zonas desérticas, esta invención podría permitir luchar contra la sequía en el mundo, frenar la subida de las aguas como consecuencia del calentamiento climático y contribuir a acabar con el conflicto que opone a israelíes y palestinos en torno al acceso al agua, dijo el científico.

El Gobierno le concedió 105.000 libras (unos 160.000 euros) para poner a punto su proyecto, indica el diario. Salter, de 62 años, no quiere dejarse distraer por la incredulidad de algunos de sus colegas, explica 'The Times'. "Se dijo que no se podían construir barcos de hierro. Se dijo que las ondas de radio de Marconi no podrían ser difundidas más allá del horizonte. La institución casi siempre se equivoca", recuerda el diario.

El éxito de la reforestación en Tenerife

Wladimiro Rodríguez Brito*

El Día, 18-5-2003

UNA VEZ TRANSCURRIDOS 8 años desde que comenzamos la campaña de reforestación de la isla de Tenerife, por fin hemos completado un período de dos inviernos consecutivos en los que la meteorología nos ha sido propicia, permitiéndonos que las nuevas plantas hayan arraigado con fuerza en los desprotegidos suelos del sotavento tinerfeño.

En un recorrido por el territorio objeto de reforestación, desde Chivisaya (Candelaria) hasta Archifira, Lomo Cho Blas (Fasnia), o por Chajaña, Charco del Obispo, Las Colmenas, Casas de la Torta y Majada del Río (Arico), se comprueba con facilidad y a simple vista, la importancia ecológica y paisajística de los trabajos realizados. En una superficie superior a los 3.000.000 de metros cuadrados se ha plantado una cifra superior a las 235.000 plantas, fundamentalmente pinos canarios, pero también cedros, sabinas, castaños e higueras.

En estos momentos, y después de la bonanza del tiempo en los últimos dos años, hemos conseguido que arraiguen algo más del 65 por ciento del total de las plantas reforestadas en el 2002. Incluso el porcentaje aumenta hasta alcanzar nada menos que un 93 por ciento en las plantas del 2003, lo que supone una cifra de éxito altísimo con relación a las difíciles condiciones geográficas de la zona en cuestión, las tierras más secas del sureste de la isla de Tenerife. Este éxito incuestionable es achacable fundamentalmente al esfuerzo del personal de Medio Ambiente del Cabildo y al de la empresa Tragsa durante todos estos años de intensa y dura campaña sobre el terreno.

No obstante, en estos días estamos apoyando con un riego selectivo el crecimiento de las especies plantadas ante el verano que se aproxima y que amenaza, como en años anteriores, con ser largo y seco.

Es por todo ello, que queda de manifiesto el esfuerzo desde el Cabildo de Tenerife de cumplir uno de sus principales objetivos en materia de medio ambiente, logrando de esta manera atajar el avance de la erosión y la desertización creciente de una parte importante de nuestro territorio. En especial, los espacios más maltratados históricamente por el hombre en los últimos cuatrocientos años. No olvidemos que se trata de una zona deforestada –desde hace siglos– para obtener madera y resina para los barcos, carbón para sus calderas y leña para las cocinas canarias. Si a esto le añadimos un intenso sobrepastoreo tenemos un paisaje yermo y desprovisto de vegetación, donde las lluvias torrenciales desnudaban año tras año los limos que permitían el arraigo de la vegetación autóctona.

Todo ello finaliza con la compra progresiva de numerosas fincas por parte del Cabildo de Tenerife, proceso que se inicia a finales de los ochenta y que aún no ha finalizado. Es más, es uno de los objetivos de esta Corporación disponer de la mayor cantidad de estas fincas para ser de nuevo reforestadas y constituir una reserva de biodiversidad para las presentes y futuras generaciones de canarios y canarias.

Otro factor importante que merece la pena ser destacado fue la buena disposición de los últimos cabreros de Arico y Fasnia que accedieron de buen grado a no soltar sus rebaños en las zonas en las que comenzábamos a trabajar con los jóvenes pinos. Sin embargo, no hemos conseguido la misma colaboración en lugares como Chivisaya, en Candelaria, lo que supone una dificultad añadida para realizar con mayor eficacia la reforestación de la zona.
Asimismo, los inviernos lluviosos también han beneficiado a los apicultores, ya que los tajinastes, las retamas, los escobones y las chahorras se han recuperado lo suficiente para ofertar a las abejas una gran cantidad de néctar para elaborar las peculiares y deliciosas mieles de nuestras medianías altas y zonas de cumbre.

En definitiva y lo más importante, es que todo el trabajo desarrollado durante estos últimos años ha permitido invertir el proceso al que estaba abocada buena parte del territorio más árido de Tenerife y de Canarias, lo que a su vez beneficia las actividades agrarias y supone un elemento importante para la prevención de aluviones hacia las zonas pobladas.

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* Consejero de Medio Ambiente del Cabildo Insular de Tenerife

Crónica del programa de lluvia artificial en Gran Canaria (1984-1985)

Crónica del programa de lluvia artificial en Gran Canaria (1984-1985)

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La Palmera Canaria (Phoenix canariensis): diversidad Genética e Hibridación

La Palmera Canaria (Phoenix canariensis): diversidad Genética e Hibridación

Miguel Ángel González Pérez
Pedro Sosa Henríquez

Departamento de Biología. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Medio Ambiente CANARIAS : Revista de la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente, 2002, n. 23

Primera evidencia molecular de la existencia de híbridos entre Phoenix canariensis y P. Dactylifera.

La importancia de la documentación sobre los niveles y distribución de la diversidad genética en especies para designar estrategias de conservación óptimas está ampliamente reconocida por diferentes autores (Francisco-Ortega et al., 2000; Sosa, 2001) e instituciones internacionales. Así, ya desde 1992, el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas, considera los recursos genéticos de las especies como prioridad en los programas de conservación de la biodiversidad.

En este sentido en los últimos cuatro años, en el grupo de Biología Molecular del Departamento de Biología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria se ha llevado a cabo una investigación sobre la caracterización molecular de la palmera canaria (Phoenix canariensis) como base para su conservación. En este estudio se ha pretendido determinar los niveles de diversidad genética existentes en poblaciones naturales de P. Canariensis; cómo se distribuye esa variabilidad genética en la especie; detectar la existencia de estructuras genéticas dentro de las poblaciones; esclarecer la relación filogenética con P. dactylifera y buscar un marcador molecular que permitiera diferenciar ambas especies, así como sus posibles híbridos.

Para realizar este análisis se ha recurrido a dos técnicas de Biología Molecular como son la electroforesis isoenzimática y los RAPD (Random Amplified Polymorphic DNA), y se ha recolectado un total de 657 muestras, entre todas las islas mayores con palmerales significativos. Así se tomaron ejemplares de Acusa, Fataga, Barranco de la Angostura, La Sorrueda, Tafira y Maspalomas entre otras localidades en Gran Canaria; Haría y Máguez en Lanzarote; Río Palma y Gran Tarajal en Fuerteventura; Rambla de Castro y Acantilado de la Culata en Tenerife; Tamargada, Las Hayas y Vegaipala en La Gomera; y Zumacal y Mirca en La Palma. Además de ejemplares del palmeral de Elche (Hort. Del Gat.) que se utilizaron como referencia de palmera datilera.

Los problemas para su conservación

La palmera canaria, Phoenix canariensis (Hort. ex Chab.), perteneciente a la familia Arecaceae (Palmae), es una especie endémica de Canarias, que se encuentra en mayor o menor medida en todas las islas mayores. Es bien conocido el enorme interés que tiene la palmera canaria en nuestro archipiélago, tanto para el medio ambiente, por ser uno de los elementos más importantes del paisaje canario, como para la economía de algunos sectores populares, teniendo en la actualidad, a parte de un valor ornamental, utilidad en la artesanía para la elaboración de esteras, cestas y otros utensilios. Estas y otras importantes características, como su valor cultural e incluso religioso para el archipiélago canario y los canarios, han sido las razones fundamentales para ser considerada como el símbolo vegetal de nuestra Comunidad Autónoma.

Tanto el estudio de la genética de poblaciones como el diseño de estrategias de conservación en esta especie, presenta dos problemas importantes, ambos relacionados con la otra especie del género Phoenix presente de forma significativa en el archipiélago Canario, la palmera datilera (Phoenix dactylifera). Uno de estos problemas es la dificultad de establecer la naturaleza de los individuos y/o poblaciones. Es decir, determinar qué palmerales son realmente naturales, aquellos que no han sido cultivados ni plantados por el hombre. Esto se ve agravado por el hecho de que desde tiempos inmemoriales se han introducido ejemplares de P. dactylifera en Canarias, por la importancia económica de esta especie. Existen, incluso, citas históricas en las que se incentiva la reintroducción de palmera datilera en Canarias.

El segundo gran problema que presenta la conservación de la palmera canaria es la dificultad, en muchos casos, de la identificación de los ejemplares auténticamente canarios (P. canariensis), debido en parte a la gran plasticidad morfo lógica que presenta esta especie, lo que hace que su aspecto varíe considerablemente según el ambiente donde se encuentra. A esta dificultad, se suma, además, el hecho de que las especies del género Phoenix presentan una gran facilidad para hibridar en la naturaleza, como ya han descrito entre P. canariensis y P. dactylifera muchos autores (Kunkel & Kunkel, 1974; González Pérez, 2001). La similitud morfológica de ambas especies, la existencia de individuos híbridos, y la gran variabilidad morfológica que presenta la palmera canaria conllevan que, actualmente, la clasificación e identificación morfológica de las palmeras, auténticamente canarias, sea muy dificultosa y con un elevado factor subjetivo. Asimismo, en estado juvenil, las morfologías de ambas especies son exactamente iguales, y, por tanto, imposibles de distinguir por los métodos tradicionales. Este problema ha conducido a la plantación de palmeras jóvenes, consideradas canarias, que posteriormente y después de los años han demostrado su carácter híbrido o datilero. Todo esto se ve agravado por la introducción de especies exóticas en las islas, favoreciendo la hibridación y pérdida de entidad genética de la palmera canaria. En palabras de D. Jaime O’Shannahan: “Es preciso sensibilizarnos ante el grito de angustia que la palmera canaria lanza ante su paulatina desaparición, a base de ser atacada, en lo más profundo de su ser, al importarse ejemplares de otras variedades que, plantadas a su vera, con los años, producen híbridos, materializando su destrucción genética, tiro de gracia a su definitiva destrucción”.

A toda esta problemática se une la intervención del hombre, que ha provocado una gran reducción en el número y el tamaño de poblaciones de palmera canaria desde la conquista normando-castellana. Esto implica que su distribución originaria exacta sea difícil de establecer, debido a la gran tala efectuada después de la conquista, a los cultivos llevados posteriormente en las diferentes islas y por supuesto a la presión ejercida por los intereses turísticos.

A pesar de estos problemas, los conocimientos actuales sobre la diversidad genética existente en las poblaciones de P. canariensis y la distribución de esta variabilidad en la especie, son muy escasos o nulos. Así, la falta de más trabajos científicos sobre la diversidad genética de la palmera canaria supone uno de los principales problemas para su conservación.

Nivel y distribución de la diversidad genética

En general, el nivel de diversidad genética de una especie depende de varios factores tales como su biología repro ductiva, tipo de cruzamiento (autofecundación o reproducción cruzada), o dispersión de polen y semillas (por el viento, por animales, por insectos, por gravedad). También influye si la planta es perenne o anual, el porte de la misma, si es arbórea o arbustiva, y la distribución de la especie, es decir, si está ampliamente distribuida o si presenta una distribución restringida (endémica). Así, las especies alógamas (con reproducción cruzada), generalmente, presentan una mayor diversidad genética que las especies autógamas (con autofecundación), ya que la reproducción cruzada genera variabilidad genética, produciendo una mayor diversidad genética intrapoblacional. Asimismo, las especies con una amplia distribución exhiben una elevada diversidad genética con respecto a especies de distribución reducida, debido posiblemente al escaso número de individuos que colonizaron y formaron esas poblaciones (Sosa, 2001).

En nuestra investigación encontramos que la palmera canaria presenta unos niveles de diversidad altos en comparación con otras especies de forma de vida similar (monocotiledóneas, endémicas y con reproducción cruzada). Esta alta diversidad de la palmera canaria no es algo único a esa especie, sino que, nuestros resultados coinciden con los encontrados por varios autores (Francisco Ortega et al., 2000; Batista et al., 2000; González Pérez, 2001; Sosa, 2001; Bou za et al., 2002) en los cuales se describe que las especies vegetales endémicas de la Región Macaronésica presentan unos niveles de variabilidad genética superiores a los detectados en otras islas oceánicas. Esta elevada variabilidad genética presente en especies endémicas de Canarias se debe por un lado a la proximidad del archipiélago al continente, lo que ha posibilitado múltiples colonizaciones por parte del taxon continental. Por otro lado, Francisco Ortega et al. (2000) explica esta alta diversidad exponiendo que las islas han sido refugio de viejos linajes durante los periodos de glaciación y desertificación ocurridos en Europa y Norte de África después del Mioceno. Además, dada las considerables edades geológicas de algunas islas, que oscilan entre 20 millones de años para Fuerteventura y 750.000 años para el Hierro, la variación genética encontrada mediante isoenzimas aumentaría con el tiempo a través de mutaciones u otros procesos, y por lo tanto aquellos taxones más antiguos serían más diversos (Franciso Ortega et al., 2000). En el caso particular de la palmera canaria, una posible especiación de un progenitor ampliamente distribuido, como P. dactylifera o similar, podría explicar la elevada diversidad genética encontrada en esta especie.

Estos altos niveles de diversidad genética detectados en la especie símbolo de la comunidad autónoma, deben alentarnos en los esfuerzos por su conservación, ya que una alta diversidad genética suaviza el efecto de la selección y la endogamia que sufren las pequeñas poblaciones.

En cuanto a la distribución de esta diversidad genética en la especie, se observó que el 75,9% de la diversidad genética detectada en la palmera canaria se encontraba dentro de las poblaciones, mientras que tan solo un 24,1% se debía a variabilidad genética entre poblaciones. Esto es muy relevante a la hora de diseñar estrategias de conservación, ya que la reducción de las poblaciones supone una pérdida de variabilidad genética importante en la especie, con todo lo que ello conlleva.

Aunque la mayor parte de la variabilidad genética, como hemos visto, está mantenida dentro de las poblaciones, el grado de diferenciación genética es considerable. En este sentido, destaca, en el estudio realizado, la gran diferenciación existente entre las poblaciones analizadas de La Gomera con respecto al resto de palmerales estudiados del archipiélago canario. Aunque, debemos tener en cuenta el bajo número de poblaciones analizadas de esta isla, por lo que un aumento de los palmerales sería necesario para confirmar esta fuerte diferenciación genética.

Para determinar la existencia de estructuras genéticas dentro de las poblaciones se llevó a cabo un análisis de autocorrelación espacial, que determina la existencia de correlación entre la distancia geográfica y la distancia genética de los individuos, detectándose la existencia de estructuras genéticas dentro de los palmerales. Esto indica que los individuos más próximos geográficamente se encuentran también genéticamente mas emparentados, siendo el diámetro de esta “estructura familiar” de aproximadamente 100 m, aunque puede variar ligeramente, según las poblaciones. La existencia de estas “estructuras familiares” tiene una repercusión muy importante en las estrategias de conservación, ya que deben ser tenidas en cuenta a la hora de recolectar material para la realización de un banco de semillas, al objeto de recoger la mayor diversidad posible.

Diferenciación genética con P. Dactylifera

Los resultados de identidad genética mostraron una alta relación entre Phoenix canariensis y P. Dactylifera, lo que confirma que ambas especies se encuentran filogenéticamente muy relacionadas, argumento que corrobora la reciente divergencia de ambos taxones. Precisamente, una especie recientemente derivada presentaría: 1) una menor diversidad genética que su progenitor, como muestran los resultados obtenidos para la palmera canaria. 2) Albergaría una parte de la diversidad alélica encontrada en el progenitor con pocos o ningún alelo exclusivo.

Esto se manifiesta en el análisis de la diversidad genética por locus de las poblaciones de palmera canaria y palmera datilera, donde se observa que el número de alelos detectados para todos los loci estudiados en P. canariensis es siempre igual o menor a los observados en P. dactylifera. iii) una alta similitud genética con el taxon, lo cual también se cumple entre ambas especies de Phoenix. A esto se une la circunstancia de que ambas especies de Phoenix hibridan de forma natural y presentan un conjunto importante de caracteres morfológicos comunes, lo que constituye un argumento más a favor de que la palmera canaria y la palmera datilera han divergido recientemente.

A pesar de la gran relación existente entre estas dos especies y gracias a la técnica de los RAPD hemos logrado identificar un marcador molecular que de una forma clara, rápida, objetiva y sin necesidad de que los ejemplares adquieran el porte adulto, nos permita diferenciar los individuos de palmera canaria, palmera datilera y los posibles híbridos. Esto, además, supone la primera evidencia molecular de la existencia de dichos híbridos entre Phoenix canariensis y P. Dactylifera, ya que, hasta ahora, los híbridos eran descritos de forma sujetiva en base a caracteres morfológicos, con el inconveniente que supone la gran variabilidad morfológica que presenta la palmera canaria.

El hallazgo de estos marcadores moleculares que nos permiten identificar los individuos de P. canariensis, P. dactylifera, así como sus híbridos también tiene varias aplicaciones directas para la conservación de la especie endémica, como son los siguientes:

1) Caracterizar los individuos y palmerales auténticamente canarios.

2) Reconocer de forma rápida y libre de ambigüedades los individuos jóvenes de palmera canaria.

3) Identificar el material vegetal (semillas, etc.) para la creación de bancos de germoplasma.

4) Seleccionar ejemplares para programas de reforestación o reforzamiento de los palmerales.

Guías para la conservación

Sobre la base de los resultados obtenidos en nuestro estudio consideramos que las mejores medidas para la protección y conservación de P. canariensis deberían ser las siguientes:

1) No introducir especies foráneas en el archipiélago, o en su defecto controlar donde son plantadas, evitando en la medida de lo posible que estas crezcan cerca de palmerales naturales de P. Canariensis.

2) Respetar y proteger las poblaciones naturales existentes en el archipiélago, evitando su reducción.

3) Es aconsejable evitar el trasiego de palmeras entre poblaciones, ya que los caracteres morfológicos nos han demostrado, en muchos casos, no ser fiables en la correcta diferenciación de individuos de una u otra especie del género Phoenix, presentes en Canarias. A lo cual, además hay que sumarle la posibilidad de que los individuos transplantados sean híbridos, lo que dificulta aún más su identificación mediante caracterización morfológica. Incluso el movimiento indiscriminado de individuos o semillas de palmera canaria de un palmeral a otro podría conllevar el riesgo de depresión por "outbreeding". Esto supone la pérdida de la adaptación local y la ruptura de complejos génicos coadaptados, que conllevaría una reducción del éxito biológico, además de suponer una perdida de diversidad genética interpoblacional.

En el caso de que la repoblación sea la única estrategia posible a seguir, ésta debe estar controlada, teniendo en cuenta que el número de individuos introducidos no puede exceder al 1% de los individuos de la población de origen (Ellstrand & Elam, 1993).

Un 43 por ciento del territorio de las Islas sufre un claro proceso de desertificación

El Día, 18-6-2002

La erosión y la pérdida progresiva de suelo representa uno de los problemas medioambientales más graves del Archipiélago. Antonio Rodríguez y Marisa Tejedor, catedráticos de Edafología por la ULL, advierten de los peligros de la desforestación y la presión demográfica.

A propósito de esta realidad, y coincidiendo con la celebración del "Día mundial de la desertización", los catedráticos de Edafología de la Universidad de La Laguna, Marisa Tejedor y Antonio Rodríguez, sostienen que el 43,4% de la superficie de las Islas sufre una pérdida, debido a la erosión hídrica y eólica, que cifra en 15 toneladas de suelo por hectárea y año. Es decir, al límite de lo que se considera "tolerable".

Los datos del Ministerio de Medio Ambiente no son más alentadores. Un 30% de la superficie del Archipiélago sufre un grado de erosión que se sitúa entre extremo y alto, y hasta un 33% soporta lo que se llama "erosión media".

Pero los catedráticos establecen de partida una distinción conceptual: la desertización es consecuencia de un fenómeno natural (caso de Fuerteventura o Lanzarote), mientras la desertificación es un fenómeno que tiene que ver con la acción directa del hombre.

Causas

En el primer caso, el problema lo representan los incendios forestales o la lluvia, que en las Islas con grandes pendientes provoca el arrastre de tierras.

En estos casos, los trabajos de recuperación se centran en la repoblación arbórea y arbustiva; los tratamientos selvícolas, de los que se encargan los Cabildos, además de la hidrotecnia de corrección de pendientes y retención de acarreos de barrancos.

"Pero la acción antrópica es el aspecto fundamental", explica Antonio Rodríguez. En condiciones naturales, y en zonas con arboleda, el agua de lluvia debe infiltrarse hacia el subsuelo o bien correr por los cauces naturales, "pero el creciente proceso de desforestación ha cubierto el suelo de asfalto y cemento".

Por eso considera una falacia "hablar de desarrollo sostenible, porque ese umbral de degradación ya se ha superado. La cuestión ahora es no continuar con este proceso devastador y establecer un nuevo modelo de convivencia con el medio", asegura.

Crear reservas

La desertificación está representando una pérdida potencial de suelo, "incluso en zonas húmedas de las Islas", por lo que se hace preciso y urgente "crear reservas".

Además, está la salinización de los recursos hídricos, "por la práctica de una agricultura intensiva y al sobreuso de fertilizantes", o las actividades de pastoreo.

¿Las soluciones? En el año 99 se aprobó el Plan Forestal de Canarias, "un documento que si se lleva a cabo en sus puntos teóricos y prácticos puede representar una herramienta útil, pero aplicar una única medida correctora resultaría insuficiente", explica el catedrático.

Las nuevas directrices no las conoce, pero las anteriores sí tuvo oportunidad de estudiarlas, "porque el departamento de Edafología emitió un informe", y en esa redacción ya criticaron "que no se tuvieran en cuenta los recursos naturales que no tienen valor comercial, tales como la biodiversidad o el suelo".

Presión demográfica

Marisa Tejedor insistió en que la presión demográfica es uno de los factores fundamentales que afectan a la desertificación del territorio en las Islas. La catedrática indicó otros aspectos perjudiciales como el sobre pastoreo, la pérdida de cubierta vegetal o los usos inadecuados del suelo.

Tejedor llamó la atención sobre la necesidad de preservar el suelo como recurso donde se asienta la biodiversidad de Canarias, al no ser renovable.

El bosque termófilo en Gran Canaria

El bosque termófilo en Gran Canaria

Francisco González Artiles
Servicio de Medio Ambiente. Cabildo de Gran Canaria.

Medio Ambiente CANARIAS: Revista de la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente, 2000, n. 16


La restauración de este ecosistema es factible a pesar de las difíciles condiciones climáticas de su entorno.

El bosque termófilo es una formación vegetal de afinidad mediterráneo-norteafricana, dominada por especies de los géneros Olea, Pistacia, Juniperus, etc., que da lugar a bosques o a matorrales, en función del grado de desarrollo que alcancen sus especies. En la región mediterránea, estas especies son, en muchos casos, las acompañantes de los encinares, alcornocales, etc., pero en Macaronesia, y concretamente en Canarias, constituyen por sí solas bosques con entidad propia, como los acebuchales, lentiscales, almacigales, sabinares, palmerales, etc.

Esta formación ha sido duramente castigada por la actividad humana, ya desde tiempos prehispánicos, al ocupar los terrenos que fueron colonizados y roturados en primer lugar. No obstante, en Gran Canaria se conservan todavía importantes relictos, que si bien son sólo una pequeña parte de lo que llegó a existir, nos permiten constatar su gran riqueza florística y diversidad.

Al hablar de las posibilidades de recuperación de esta formación, debemos de diferenciar la potencialidad que tiene el propio bosque para regenerarse por sí mismo, frente a las acciones de restauración de este ecosistema. En el primer caso, esta formación se ve favorecida por la dispersión ornitócora que tienen la mayoría de los frutos de sus especies pero, al mismo tiempo, se ve fuertemente limitada por una producción y viabilidad de los frutos muy variable, que depende enormemente de las condiciones climáticas del año, el aislamiento de muchos ejemplares, que difícilmente actúan como focos eficaces de dispersión y el elevado lapso temporal que plantea su regeneración natural.

Las ventajas que proporcionan las tareas de restauración de este ecosistema, como el elevado número de ejemplares que se pueden introducir en la naturaleza, la direccionalidad de su introducción (selección de lugares estratégicos a la hora de crear bosquetes), la obtención de resultados en un plazo más corto que en la regeneración natural, y la actuación sobre problemas acuciantes, como la erosión o la degradación paisajística, hacen de la repoblación, una opción realista.

Resultados y discusión

Con la finalidad de obtener datos que avalaran la realización de repoblaciones a gran escala, se hizo un seguimiento, durante varios años, de 4 parcelas repobladas en Gran Canaria: Tirma, Corralillos, Dragonal y Bandama. Para ello se midieron tanto alturas (desde la base de la planta hasta la yema más alta) como diámetros basales de las especies utilizadas (tabla 1), con una periodicidad anual. No se utilizaron ejemplares de sabina (Juniperus turbinata subsp. canariensis) al no existir disponibilidad de ejemplares en vivero de procedencia grancanaria. Las parcelas muestran distinta composición de especies debido a que fueron realizadas por distintos equipos y con distintas finalidades. Se muestran los resultados en forma de porcentaje de variación entre la medida inicial y final del seguimiento, para cada especie arbórea (figura.1). También se hizo una estimación de la supervivencia de los individuos de las especies más frecuentes, utilizados en las repoblaciones (tabla 2).

Como resultado de las mediciones, se observó que el drago (Dracaena draco )y la palmera canaria (Phoenix canariensis) en Bandama, son las dos especies que, sin aporte antrópico de agua o nutrientes, mostraron un mayor incremento porcentual de alturas (Figura 1) probablemente debido a una valencia ecológica que les permite aprovechar situaciones más xéricas. Sin embargo, los ejemplares de palmera introducidos en Tirma y el Dragonal murieron todos, básicamente, por falta de agua.

El almácigo en Bandama es la especie leñosa que muestra un mejor comportamiento en cuanto a incrementos absolutos y relativos, tanto de la altura como del diámetro basal (Figura 1) Estos resultados concuerdan con el valor de tensión máximo de succión obtenido por Naranjo (1994), que confirma a esta especie como más resistente a la sequía (62 atm/bar), que acebuches y lentiscos.

El lentisco sigue a la anterior en cuanto a incrementos porcentuales de alturas y diámetros basales (Figura. 1), no obstante, muestra unos porcentajes de pérdida (Tabla 2) que lo hacen inadecuada para su uso indiscriminado, probablemente debido a que posee la menor tensión máxima de succión (44 atm/bar) de entre las tres especies (almácigos, acebuches y lentiscos) y por lo tanto una menor resistencia a la sequía, comportándose como una especie de transición al monteverde, siendo recomendable su utilización en zonas con condiciones microclimáticas más húmedas y menos expuestas.

El acebuche muestra unos porcentajes de incremento de alturas y diámetro basales inferiores a la especie anterior en Bandama, pese a que alcanza una altura media mayor. En cambio, su porcentaje de supervivencia es muy superior, hecho debido, probablemente, a una tensión máxima de succión netamente superior a la especie anterior (57 atm/bar). Dado el papel que desempeña en las comunidades termófilas, especialmente de las zonas N y NE de la isla y los resultados aquí mostrados, aparece como una especie adecuada para emplear de modo generalizado en los intentos de regenerar este ecosistema.

En relación a la última especie arbórea utilizada en Bandama, el peralillo (Maytenus canariensis), no se han detectado pérdidas, mostrando un crecimiento constante, pero inferior al de las otras especies de árboles comentadas, comportándose, al igual que el lentisco, como una especie de transición al monteverde.

Sin embargo, los peores resultados de crecimiento y supervivencia se observan en los almácigos de Tirma y los acebuches del Dragonal, probablemente debido a las condiciones de las repoblaciones, que se comentan más adelante.

En relación a los arbustos, éstos presentan un papel muy interesante a la hora de crear biomasa vegetal y por lo tanto cobertura del suelo y aporte de nutrientes al mismo a través de la hojarasca, así como nichos para la fauna. Según lo observado, la retama blanca (Retama raetam) y la malva de risco (Lavatera acerifolia), en Bandama, presentan los mejores resultados en cuanto a incrementos absolutos y relativos, tanto de la altura como del diámetro basal, mientras que el granadillo (Hypericum canariense) en el Dragonal, presenta los peores. Sin embargo, el granadillo en Bandama se desarrolla bien, y tiene la ventaja de formar parte de los matorrales de sustitución del bosque termófilo.

Otro aspecto importante es que las especies introducidas puedan frutificar, lo cual ayuda a una regeneración más rápida del ecosistema. El comportamiento reproductivo de los arbustos en Bandama fue variable: el granadillo empezó a fructificar al año de haber sido plantado, el guaydil lo hizo a partir del segundo año, la retama blanca y la malva de risco fructificaron a partir del tercero y el orobal a partir del cuarto. El resto de las especies introducidas, arbóreas o arbustivas, no habían mostrado indicios de reproducción hasta la finalización del seguimiento (1996).

Comparación de las repoblaciones

Comparando repoblaciones, es en Bandama donde se dan los mejores resultados (Figura 1), tanto en supervivencia (Tabla 2) como en desarrollo de las especies, en base a una conjunción de factores climáticos, edáficos, fisiográficos y de manejo de la repoblación. Hay que destacar que el material vegetal empleado es originario de la zona y aclimatado en un vivero in situ, con 1-2 años de edad. Así mismo se protegió a las plantas, tuvieron un riego inicial, etc.

Los Corralillos quedarían fuera de comparación, ya que han recibido un aporte contínuo de agua y un abonado inicial. Los árboles presentan un crecimiento importante entre 1991 y 1994, ralentizándose a partir de esa fecha.

Lo peores resultados mostrados por las repoblaciones de Tirma y el Dragonal se pueden achacar a la falta de protección de las plantas frente a los conejos, a la utilización de plantas que llevaban demasiado tiempo en vivero y a una mala fecha de plantación, seguida de una ausencia total de riegos de apoyo.

Conclusiones

En base a lo aquí expuesto, se consideran factibles las tareas de restauración de este ecosistema, pese a las difíciles condiciones climáticas que se dan en su entorno potencial. Para garantizar un buen establecimiento de las plantas introducidas, es fundamental la utilización de material vegetal de 1-2 años de edad, proteger a la planta frente a herbívoros y, si es posible, realizar algún riego de apoyo. En cuanto a la elección de las especies arbóreas a utilizar, almácigos y acebuches muestran los mayores crecimientos medios, una vez se logra su establecimiento. Por otro lado hay que destacar el importante papel que juegan los arbustos en estas tareas, ayudados por unos desarrollos biométricos y reproductivos muy rápidos, en especial, granadillos y retama blanca, interesantes por formar extensos matorrales en el medio natural.

El Plan Forestal de Canarias

El Plan Forestal de Canarias

Jorge Naranjo Borges*
José Ricart Esteban***
Juan Guzmán Ojeda**
María José Jiménez Díaz*


Medio Ambiente CANARIAS: Revista de la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente, 1999, n. 15

Este Plan contempla una inversión de 14.200 millones de pesetas en siete años

Con la aprobación del Primer Plan Forestal de Canarias por el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Canarias en la sesión de 25 de mayo de 1999, publicado en el BOC 1999/117 de martes 31 de agosto de 1999, se nos brinda la oportunidad histórica de impulsar todos aquellos aspectos relacionados con el sector forestal y que indudablemente implican no sólo la ordenación de nuestros montes, sino la incorporación de las nuevas corrientes existentes en los diferentes planos, internacional, europeo y nacional, a las políticas que deben realizarse en ésta materia.

En los últimos años, la evolución producida en el ámbito forestal, ha hecho que ésta adquiera una dimensión diferente, con el objetivo básico de integrar los aspectos de multifuncionalidad y sostenibilidad ecológica, económica y social de los montes en el desarrollo rural, con la triple finalidad de fijar la población rural, generar empleo (nuevos yacimientos del medio rural) y proteger el medio ambiente. Conceptos tenidos en cuenta por la Comisión Europea para elaborar un plan de trabajo que diseñe un Plan Forestal Europeo para el siglo XXI y que a su vez son incorporados en el Plan Forestal Canario. Este Documento se encuentra en consonancia con las líneas marcadas por la Unión Europea expresadas, en muchos casos a través de vías de financiación que hacen posible su realización.

En este sentido, no se puede olvidar que, con la aprobación del Plan Forestal durante el año 1999, se hace coincidir el Primer Programa de Desarrollo enmarcado en el periodo 2000 - 2006, con el Programa de Acción Comunitaria, evitándose situaciones de desfase entre lo que se prevé en el propio Plan y las realidades económicas existentes. Actualmente, se está trabajando a nivel nacional en la elaboración de la Ley Básica Forestal que sustituya la preconstitucional Ley de Montes del año 1957, dando paso al diseño y establecimiento de una Política Forestal Nacional Básica, sin perjuicio de que las Comunidades Autónomas, entre las que se encuentra la Comunidad Autónoma de Canarias, la complementen de forma acorde a sus peculiaridades. Entre sus contenidos figura como instrumento de planificación, el Plan Forestal. Consecuentemente, la aprobación del Plan Forestal Canario supone una anticipación amén de dotar a Canarias del instrumento necesario que articule el desarrollo coherente del sector forestal, siguiendo el ejemplo de otras Comunidades Autónomas como la andaluza, gallega, navarra o madrileña que ya cuentan con Planes Forestales aprobados.

Los objetivos anteriormente descritos empiezan a articularse ya desde este Plan Forestal, contribuyendo a la creación del marco adecuado para el ejercicio de competencias delegadas en los Cabildos Insulares.

Documento

El Plan Forestal de Canarias, con una vigencia prevista de 28 años, es un instrumento de planificación que establece las directrices necesarias para la correcta gestión de los recursos forestales en las siete islas. El objetivo fundamental del Plan Forestal de Canarias es mejorar el estado de la cubierta vegetal del archipiélago a través de la gestión multifuncional, es decir, una gestión capaz de compatibilizar la función ecológica, económica y social de nuestros bosques. Además de los objetivos de conservación y mejora de las masas forestales, el Plan Forestal contempla objetivos jurídico-administrativos tales como el establecimiento de un marco normativo forestal moderno u objetivos de carácter social como el refuerzo de la vinculación entre la población rural y el monte a través del mantenimiento del empleo rural y la generación de rentas para los habitantes de las áreas forestales.

El contenido del Plan Forestal de Canarias se ha estructurado de la siguiente manera:

* Un marco de planificación que se ciñe al nuevo contexto de la política forestal nacional e internacional, así como a los objetivos, ámbito, vigencia y principios del Plan Forestal de Canarias,
* Un diagnóstico que caracteriza la situación actual por la que atraviesa el sector forestal en Canarias a través de un análisis, entre otros, de la propiedad, restauración hidrológica, repoblaciones, selvicultura, aprovechamientos o incendios de los últimos años,
* Diversos programas de actuación que sugieren una serie de directrices y actuaciones que las Administraciones públicas deben llevar a cabo.
* Por último, un Primer Programa de Desarrollo para el período 2000-2006 que presupuesta las actuaciones según tipos e islas.

El grueso del Plan lo constituyen los presupuestos de las actuaciones previstas para los próximos siete años y los Programas de Actuación contemplados: Programa de repoblación forestal; Programa de restauración hidrológico-forestal; Programa de ordenación, selvicultura y aprovechamientos forestales; Programa de áreas frontera y extensión forestal; Programa de investigación y experimentación forestal; Programa de legislación y apoyo administrativo; Programa de seguimiento del Plan Forestal.

Repoblación forestal

El Programa de repoblación forestal está dividido, como el resto de programas, en objetivos, ámbito de aplicación, directrices generales, directrices sobre producción en viveros, directrices sobre repoblaciones forestales y actuaciones generales.

Entre los objetivos destacan la planificación en la producción anual de plantas, el aumento de la superficie forestal arbolada en las islas deforestadas, el fomento de masas mixtas que garanticen la diversidad o la repoblación en terrenos particulares.

En lo que respecta a las directrices sobre producción en viveros se hace alusión al cambio progresivo hacia el contenedor forestal, fomento de la producción de plantas en viveros particulares y a la elaboración de las normas relativas a la comercialización y a la calidad exterior de los materiales forestales de reproducción aplicables a las especies forestales canarias.

En cuanto a las directrices sobre repoblaciones forestales caben destacar los seis tipos de repoblaciones que se establecen en función de los objetivos perseguidos y las técnicas empleadas. Así, el Plan Forestal tiene en cuenta la repoblación forestal, la agroforestal, la silvopastoril, la convencional, la repoblación bajo cubierta y en claros. Las especies destinadas a estas repoblaciones se recogen por islas en los Anexos del programa y, además de especies arbóreas, contemplan especies arbustivas.

En las actuaciones se prevén además de la superficie de repoblación por ecosistema y su coste por islas, la delimitación de regiones de procedencia y rodales selectos de las especies prioritarias del monteverde y bosque termófilo. El presupuesto total de este Programa asciende a más de 3.600 millones y a más de 500 millones anuales, por lo que se trata de unos de los Programas con mayor peso específico dentro del Plan Forestal.

Restauración hidrológico-forestal

El Programa de restauración hidrológico-forestal se basa en un objetivo claro de conservación del suelo productivo o potencialmente productivo frente a procesos de erosión de origen no natural, que han sido inducidos o acentuados por el hombre: deforestación, prácticas agrícolas inadecuadas, usos ganaderos no ordenados y construcción de infraestructuras.

También se incluye en este apartado el objetivo de conservar la red de pistas forestales del archipiélago, sometida generalmente a fuertes procesos de degradación por erosión hídrica.

El ámbito de aplicación es la cuenca hidrológica como unidad integral de actuación, en sus tramos altos, medio y bajo. Obviamente, para acometer la conservación de las pistas forestales, el ámbito será la propia red y sus zonas aledañas.

Las directrices del Programa se clasifican en las denominadas generales (referentes a aspectos globales de consideración del sistema suelo-agua-vegetación y su planificación), y en directrices de gestión (clasificando las tres grandes líneas de acción contra la erosión: por cuencas, por infraestructuras viarias forestales y las correcciones puntuales).

Las actuaciones del Programa son un reflejo final de las directrices. Se propone fundamentalmente: elaboración de planes de corrección hidrológico-forestal por cuencas concretas según prioridades; desarrollo y ejecución de obras derivadas de corrección hidrológico-forestal por cuencas detalladas; diseño de planes insulares de restauración y mantenimiento de pistas forestales; y elaboración de catálogos de obras de corrección para su seguimiento y conservación posterior.

Las actuaciones suman 3.288 millones de pesetas para los próximos siete años, haciendo un reparto entre las islas con mayores problemas de erosión (fundamentalmente Lanzarote, Gran Canaria, Fuerteventura, La Palma y La Gomera), pero supeditando la inversión de años posteriores a lo que se diagnostique mediante los estudios propuestos en el propio Programa.

El agente principal es la Comunidad Autónoma, ya que por un lado es la Administración competente en planificación hidrológico-forestal, y para la ejecución de obras mantiene un convenio con el Ministerio de Medio Ambiente, el cual financia tales infraestructuras bajo la coordinación de la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente.

Ordenación, selvicultura y aprovechamientos forestales

Este Programa se encarga principalmente de proporcionar las directrices necesarias para el adecuado tratamiento de nuestras masas forestales. Para lograr definir y aplicar dichos tratamientos se introduce, a través de la Ordenación, una nueva herramienta planificadora en Canarias, herramienta que se denomina "Plan Técnico de Gestión".

Dentro de dicho Programa se distinguen por un lado las directrices dirigidas a mejorar, sustituir o transformar las distintas masas de repoblación, y por otro lado las directrices encaminadas a proteger y fomentar aún más la resistencia natural de nuestros montes cara a los incendios forestales.

El Programa defiende que, con carácter general, la selvicultura que se practique en los montes de titularidad pública busque modelos finales con dominio o exclusividad de especies autóctonas, mientras que en los montes privados y de copropiedad (consorcios) se diseñe una selvicultura basada en la función preferente del monte, las figuras administrativas de protección y la propia demanda del propietario.

Para asegurar el uso sostenible del monte, el Programa se preocupa especialmente por el mantenimiento de los aprovechamientos tradicionales, proponiendo su ordenación y revisión a través de los denominados "Planes Técnicos de Aprovechamiento".

La potenciación del carboneo, la recuperación de pequeños aprovechamientos con carácter artesanal, la regulación en la recolección de setas y hongos, el aprovechamiento de especies no autóctonas, pero locales, cuyos frutos actualmente se importan, la promoción de árboles de ornamento para épocas navideñas, la elaboración de Catálogos de Arboles Singulares, la publicación de información y la promoción de una ecocertificación para nuestros productos forestales son otros de los múltiples aspectos recogidos en este programa.

El presupuesto total de este Programa oscila en torno a los 4.000 millones de pesetas, con algo más de 500 millones anuales, y prevé la ordenación de la mayor parte de las masas arboladas de Canarias, así como el tratamiento de mejora selvícola de 6.183 hectáreas.

Áreas frontera y extensión forestal

Este Programa se vertebra dentro del Plan Forestal como un programa horizontal, ya que lejos de constituir un programa específico, afecta en mayor o menor medida al resto de los programas. Dicho Programa se preocupa por buscar distintas vías de concertación con los particulares propietarios para la ampliación, mejora y establecimiento de renta ambiental y socieconómica en sus montes.

El Programa pretende, en pocas palabras instrumentar e impulsar la herramienta de gestión conocida como "extensión forestal". El ámbito de aplicación de este programa se define dentro de las denominadas "Áreas Frontera", definidas como aquellas zonas en las que aparecen cultivos y/o asentamientos rurales en mezcla o mosaico con la vegetación forestal, incluyendo además las zonas arboladas en figuras de copropiedad (consorcios) con la Administración. El Programa cuenta con un presupuesto de 1.400 millones, alimentados sobre todo por la disposición económica para la adquisición de fincas.

Investigación y experimentación forestal

Este Programa contempla, entre sus objetivos, la ampliación de los conocimientos científicos a través del desarrollo de nuevas líneas de investigación, la aplicación de estos conocimientos en la práctica y su posterior divulgación.

La investigación forestal será promovida por la Comunidad Autonóma de Canarias, la cual establecerá una Comisión de Investigación formada por técnicos representantes de los siete Cabildos Insulares, los cuatro Parques Nacionales y la Consejería competente en materia de Conservación de la Naturaleza. La Comisión promoverá los programas y estudios de investigación, bien directamente o a través de convenios con las Universidades o Centros de Investigación.

Las líneas de investigación propuestas se ciernen sobre los campos de la genética, repoblaciones, selvicultura, aprovechamientos, plagas y problemas medioambientales globales (desertización, efecto invernadero). Con un presupuesto total de 375 millones y 52 millones anuales cuenta con el presupuestos más modesto.

Legislación y apoyo administrativo

La realidad canaria se caracteriza por el disperso del conjunto normativo de aplicación, así como la carencia de un cuerpo normativo que regule y ordene los diferentes aspectos relacionados con esta materia. En este sentido, el Plan Forestal Canario a través del Programa de legislación y apoyo administrativo se plantea como principales objetivos los siguientes:

* Dotar a la Comunidad Autónoma Canaria de un marco legal adecuado que regule y ordene los montes, su gestión y conservación, de acuerdo con su multifuncionalidad ambiental, social y productiva, garantizando además la sostenibilidad.
* Impulsar el diseño de un adecuado marco competencial entre el Estado y la Comunidad Autónoma de Canarias (así como entre Comunidad Autónoma y Cabildos Insulares)que evite duplicaciones y disfunciones entre las distintas Administraciones Públicas en materia forestal y permita la planificación del sector forestal tanto público como privado.
* Dotar del marco jurídico adecuado a la actividad forestal privada para revitalizar un sector económico de gran importancia para la generación de empleo en el medio rural.
* Buscar las posibles soluciones para el cumplimiento o extinción de los consorcios, especialmente en aquellos que son entre Administración Pública y propietarios particulares.

Se establecen directrices tanto de carácter normativo como administrativo que deberán ser tenidas en cuenta a la hora de afrontar las distintas actuaciones previstas, entre las que se pueden encontrar las de carácter más general, como es el caso de la elaboración de la Ley Forestal Canaria y su desarrollo, y otras más específicas que deberán ir realizándose de forma paulatina, pero de manera continua, tal y como se recoge en el Primer Programa de desarrollo del Plan Forestal, entre el año 2000 y el 2006, cuya aplicación del Programa de legislación y apoyo administrativo prevé una inversión de 825.500.000 de pesetas de las que un porcentaje elevado corresponde a deslindes y amojonaminetos de los Montes de Utilidad Pública.

Seguimiento del Plan Forestal

En el Programa de seguimiento del Plan Forestal se indican las pautas que se deben seguir para:

* la aplicación y seguimiento del Plan Forestal
* la revisión del Plan Forestal en general
* la revisión del Primer Programa de Desarrollo para el período 2000-2006
* la elaboración del Segundo Programa de Desarrollo para el período 2007-2013
* la metodología general para los sucesivos programas de desarrollo y sus revisiones

Para el seguimiento anual se propone trabajar de antemano en los presupuestos que en materia forestal se propongan por parte de la Consejería competente en este campo, ajustando éstos a la previsión de inversiones contenida en el Plan Forestal para cada año. Se realizará la distribución de las partidas presupuestarias para las actuaciones forestales, según corresponda la competencia a una u otra administración, es decir Comunidad Autónoma o Cabildos Insulares.

Por su parte, la aplicación de los Cabildos Insulares de las respectivas actuaciones contenidas en el Plan se coordinará con la C.A. através de convenios de colaboración para la gestión de proyectos cofinanciados por la unión Europea, ya que estas materias son objeto de financiación a través, fundamentalmente, de Fondos Estructurales.

La evaluación posterior de la ejecución de las actuaciones se hará por una Comisión Técnica de Seguimiento del Plan Forestal. El resultado de esta evaluación final deberá plasmarse en un documento informativo que diagnostique el grado de cumplimiento anual del Plan Forestal, identifique los motivos principales del incumplimiento y proponga la correspondiente modificación, en caso necesario, a tener en cuenta en el momento de su revisión al final del período del correspondiente programa de desarrollo (7 años).

Por último el programa prevé que el Plan Forestal de Canarias, además de ser un documento de carácter técnico a disposición de los gestores y planificadores que intervienen en el medio forestal para su conocimiento y aplicación, contará con la correspondiente publicación de carácter divulgativo para su difusión social y podrá ser una herramienta para dar orientación y argumentos a cualquier actuación de educación ambiental de contenido forestal, por lo que se constituye como guía fundamental para el desarrollo de esta línea de trabajo.

Programa de Desarrollo 2000-2006

El presupuesto de las actuaciones previstas para los próximos 7 años se ha calculado en 14.200 millones, lo que supone una inversión media anual de 2000 millones de pesetas. Las mayores inversiones se realizarán en repoblaciones forestales, tratamientos selvícolas y restauraciones hidrológicas en cuencas con problemas de erosión. El grueso de las repoblaciones se pretende ejecutar en la provincia oriental con más de 200 hectáreas anuales, mientras que en las extensas masas boscosas de la provincia occidental se tratarán de 400 a 800 hectáreas anuales.

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**Ingeniero Técnico Forestal. Gerente de la Fundación Canaria para la Reforestación (Foresta)
*Ingeniero de Montes. Viceconsejería de Medio Ambiente.
***Técnico Jurídico. GESPLAN, S.A.

Bienvenido al Weblog La Selva de Doramas

Bienvenido al Weblog <i>La Selva de Doramas</i>

El COLECTIVO ECOLOGISTA TURCON no quiere permanecer impávido ante la angustiosa situación de destrucción del paisaje y la flora y fauna de Gran Canaria.

A la vista de todos está la desesperada situación de nuestra Isla, que día tras día se convierte en un desierto. Nuestro escaso monte, seco por falta de lluvias y por una inexistente política forestal, se quema y seca o recibe directas agresiones en forma de vertederos, talas, carreteras o construcciones, tanto legales como ilegales. El suelo, falto de vegetación, es erosionado por los vientos y las cada vez más escasas lluvias, creando el desierto.

El Gobierno de Canarias, el Cabildo Insular de Gran Canaria y los diversos ayuntamientos -salvo honrosas excepciones-, no toman medidas eficaces ni en forma ni cantidad, ya sea dotando de los debidos medios contraincendios, dotando de plantillas adecuadas en número y profesionalización a las diversos departamentos de medioambiente de las administraciones, ampliando los correspondientes capítulos presupuestarios, adquiriendo suelo para su repoblación, llegando a acuerdos con propietarios privados para hacerles cómplices de una adecuada gestión del suelo, reforestando masivamente con especies autóctonas y regando después periódicamente lo plantado para asegurar su supervivencia, haciendo campañas divulgativas y educativas constantes para que la población y los medios de comunicación se involucren decidida y constantemente, etc. Incluso las zonas verdes de Gran Canaria, ubicadas en el centro y norte, están camino de ser páramos semidesérticos igual que las zonas del sur.

Es por ello por lo que el COLECTIVO ECOLOGISTA TURCON ha creado esta Web que queremos sea divulgadora de noticias, buscadora de soluciones, foro de debate, revulsivo de conciencias, integrador de personas con inquietudes y ganas de trabajar y para poner en marcha actividades y campañas para luchar contra el desierto, la erosión y el cambio climático, nuestros mayores enemigos.

Nuestra propósito no es tan sólo frenar la caída hacia el abismo medioambiental de Gran Canaria sino, además, trabajar de ejemplo y conciencia ante las instituciones, la empresa privada y la sociedad para recuperar nuestros antiguos bosques de laurisilva, termófilos, dragonales y del pinar. Que la "Selva de Doramas" (no en vano es este el nombre del Weblog y Portal, y también del programa de radio semanal que nuestro Colectivo emite desde Telde para toda la Isla), alabada y cantada por tantos poetas, visitantes y escritores de la antigüedad que disfrutaron de ella, vuelva a ser una realidad para la recuperación de nuestro delicado ecosistema, nuestro disfrute y el de las generaciones futuras.

Hacemos nuestra la frase del idealismo de mayo del 68, cuando las juventudes de París decían: "Sea realista, pida lo imposible". Bienvenid@ si quieres trabajar por el presente para tener alguna posibilidad de futuro.

Conclusiones de las III Jornadas Forestales de Gran Canaria

Conclusiones de las III Jornadas Forestales de Gran Canaria

Celebradas del 2 al 5 de diciembre de 1996 en Arucas, las III Jornadas Forestales de Gran Canaria pusieron de manifiesto la importancia de la reforestación y las vías de subvención que se han abierto desde la Administración autonómica para reforestar tierras agrícolas abandonadas.

Las III Jornadas Forestales de Gran Canaria se celebraron en la ciudad de Arucas, organizadas por el Cabildo de Gran Canaria. Se expusieron tres bloques de ponencias que giraron sobre los siguientes temas: reforestación, mejora de masas forestales e incendios forestales. Además se organizó una visita al Brezal del Palmital y a la Finca de Pavón (en las medianías del Norte de la isla), el día 5 de diciembre, que contaron con un nutrido grupo de asistentes, tanto de público en general como profesionales vinculados al sector forestal.

Las Jornadas Forestales se iniciaron hace tres años, por iniciativa del Cabildo de Gran Canaria. La celebración de la tercera edición ha supuesto su consolidación como foro de intercambio y discusión sobre aspectos forestales.

A continuación se exponen la conclusiones de dichas Jornadas. Los interesados en recibir copias de las ponencias, podrán dirigirse a la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Arucas, calle Alcalde Suárez Franchy 11, 35404 Arucas.

CONCLUSIONES

1. La reforestación sigue siendo en Gran Canaria el contenido principal de su política forestal. Unido a las acciones de repoblación por parte de la Administración, se abren actualmente vías de subvención para la reforestación de tierras agrícolas abandonadas, en su mayor parte de propiedad privada. Estas importantes medidas económicas, que todavía no han tenido en Gran Canaria la repercusión esperada, deben acompañarse de otras de desarrollo y ordenación de los bosques en zonas rurales, como contempla el Real Decreto 152 de 2 de febrero de 1996, haciendo especial hincapié en el fomento de obras hidráulicas de bajo impacto y de uso múltiple.

2. La falta de productividad forestal en Gran Canaria ha incrementado la inmportancia de los frutales forestales como el nogal, almendrero y castañero. Estos gozan de una aceptación generalizada en el medio rural, por su producción de frutos. Teniendo en cuenta que en general mejoran las condiciones para el asentamiento de especies autóctonas, debe fomentarse el uso de los frutales forestales en la reforestación de tierras agrícolas abandonadas, a ser posible en mezcla con especies autóctonas. Especies como el algarrobero y el nogal deberán ser incluidas en las ayudas a la reforestación de tierras agrícolas abandonadas.

3. Se constata una falta de comunicación entre la Administración y el habitante del medio rural, en lo que a política forestal y medioambiental se refiere. La extensión forestal como herramienta de comunicación puede suponer una gran ayuda para conseguir los objetivos forestales de la Administración en fincas privadas, asegurando el aumento de la superficie forestal y la mejora de la cubierta vegetal existente basándose en criterios ecológicos, económicos y socio-políticos y buscando el necesario equilibrio con las actividades agrícolas tradicionales.

4. Tras una fase prolongada de destrucción forestal en Gran Canaria, que duró hasta mediados del presente siglo, se pasó a una fase de restauración y conservación forestal, que perdura hasta nuestros días. En los últimos años y como síntesis de ambos períodos, se ha comenzado con la gestión de las masas existentes. Es fundamental que estas importantes labores de mejora tengan continuidad a lo largo de los próximos años, para preparar los bosques insulares y satisfacer adecuadamente sus funciones forestales.

5. La mejora de masas forestales ha conllevado problemas técnicos derivados de la acumulación de biomasa en los pinares y palmerales tratados, con el consiguiente incremento del riesgo de incendio. La puesta en práctica de actividades tradicionales como el carboneo, unido a métodos más modernos como la saca por cable y trituración de residuos forestales están abriendo nuevas perspectivas con una importante incidencia social, al demostrar la productividad de los ecosistemas forestales autóctonos, mejorando la imagen de éstos entre la población rural.

6. El eucalipto tratado a monte bajo sigue siendo el sector forestal más productivo en Gran Canaria, con un importante arraigo en la zona de medianías del Norte. No se vislumbran alternativas a corto plazo para este claro ejemplo de gestión forestal insostenible. Medidas como evitar las cortas a hecho y extracción del sotobosque, unidas a la reintroducción bajo cubierta de especies autóctonas pueden ayudar a atenuar el impacto ecológico de dicho tratamiento sobre el medio.

7. Los incendios son la principal amenaza de nuestros ecosistemas forestales, principalmente de los pinares, por sus efectos sobre la biodiversidad, la erosión, el balance hídrico insular y el paisaje. Deben aunarse esfuerzos para minimizar la superficie de bosque quemada cada año.

8. La pérdida de relevancia del sector agrícola y forestal ha conllevado un abandono generalizado de las áreas rurales. Este hecho unido al incremento de la demanda de ocio por la población urbana, ha disparado los incendios forestales en las islas. Se deben acometer políticas que fomenten la persistencia de las actividades agrícolas tradicionales, fomentar el uso de recursos humanos locales en prevención y extinción de incendios y valorar objetivamente la adecuación de nuevas tecnologías a las condiciones canarias.

9. Actualmente predominan las causas antrópicas sobre las naturales en el origen de los incendios forestales. Como complemento a la prevención y extinción tradicional, debe verse el manejo del fuego en los ecosistemas forestales. El pinar canario, ecosistema que muestra una gran adaptación al incendio, parece un medio adecuado para poner en práctica medidas como los contrafuegos y los fuegos prescritos.

En 1995 se reforestaron en Gran Canaria 56 hectáreas de fincas agrarias abandonadas

En 1995 se reforestaron en Gran Canaria 56 hectáreas de fincas agrarias abandonadas

Javier López Figueroa
Ingeniero Técnico. Unidad Insular de Gran Canaria. Viceconsejería de Medio Ambiente

Medio Ambiente CANARIAS : Revista de la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente, 1996, n. 0

En la isla de Gran Canaria, en el año 1995, se forestaron siete fincas con una superficie total de 56 hectáreas y se presentaron ocho nuevas solicitudes que se encuentran en tramitación.

Estas experiencias de forestación llevadas a cabo en fincas abandonadas se realizaron según la Orden 9/11/1993, por la que se completaba, para su aplicación en la Comunidad Autónoma de Canarias, el Real Decreto 378/1993, de 12 de marzo, donde se establecía un régimen de ayudas para fomentar inversiones forestales en explotaciones agrarias, así como una serie de acciones de desarrollo y de aprovechamiento de los bosques situados en las zonas rurales.

En este Real Decreto se trasponían dos Reglamentos comunitarios a la legislación española: el 1610/1989, por el que se establecían acciones de desarrollo y aprovechamiento de los bosques en zonas rurales; y el 2080/1992, por el que se establecía, asimismo, un régimen de ayudas a las medidas forestales en la agricultura.

Los objetivos que se perseguían en la Orden señalada eran los siguientes:

- Recuperar tierras para la creación de ecosistemas forestales de especies autóctonas, mediante el desarrollo de una política de forestación de tierras agrarias con especies adecuadas a sus características y al medio natural de las islas, como modo de ampliar la extensión de formaciones vegetales de alto valor natural y mejorar la calidad paisajística de las islas.

- Contribuir a la disminución de los más graves problemas ambientales del archipiélago como son: el riesgo de erosión y la pérdida de biodiversidad, derivados, en buena medida, de la progresiva disminución de las masas forestales autóctonas.

- Contribuir a la recuperación de masas forestales compuestas por especies nativas y endémicas de alto valor ecológico actualmente escasas y muy fragmentadas. Favorecer el desarrollo de una política protectora de las aguas mediante la creación de masas forestales captadoras de agua. Las superficies agrarias susceptibles de forestación eran las siguientes: huertos familiares, tierras ocupadas por cultivos leñosos y/o herbáceos, barbechos y otras tierras no ocupadas, prados naturales, pastizales, y eriales a pastos.

Los beneficiarios de dichas ayudas eran: titulares de explotaciones agrarias ya fueran personas físicas o jurídicas de derecho privado, agrupaciones formadas por titulares de explotaciones agrarias, entidades locales y otras entidades públicas.

Las fincas forestadas en Gran Canaria durante 1995 corresponden a solicitudes que se presentaron en un período que abarca desde antes del 30 de noviembre de 1993 hasta el 28 de febrero de 1994. Sin embargo, debido a la sequía de ese año, la forestación no pudo llevarse a cabo, por lo que los solicitantes tuvieron que pedir una prórroga hasta el 31 de diciembre de 1995.

La acogida de la Orden de Forestación, ha sido positiva, ya que, durante 1995, aparte de las forestaciones que estaban en marcha, se presentaron ocho nuevas solicitudes.

Sin embargo, aún estamos muy lejos de alcanzar los objetivos que están en dicha Orden por varios motivos: falta de divulgación e información in situ y al dueño de parcelas sobre la existencia de estas ayudas; cierto recelo por parte de los agricultores que creen que plantar especies arbóreas autóctonas dentro de sus terrenos les impedirá un posible uso urbanístico de éstos en el futuro, cuando, en realidad, dicho uso urbanístico está condicionado por normas que lo regulan y ajenas a la forestación.

Finalmente, hemos de señalar que está prevista la publicación de una nueva Orden de Forestación en la que se abrirá un nuevo plazo de admisión de solicitudes y se modificarán, entre otros, los Anexos I (Modelo de solicitud) y II (Especies, densidades, utilización y precio) de la Orden del 14 de marzo de 1995, aparecida en el B.O.C. nº 44 del 10 de abril de 1995.