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Web y foro contra la desertización, el cambio climático y erosión en las Islas Canarias

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Luis Balairón, físico y meteorólogo: «El cambio climático podría traer más frío a España»

Luis Balairón, físico y meteorólogo: «El cambio climático podría traer más frío a España» La Razón, 14-8-2005

Madrid- El público confunde conceptos como calentamiento global, cambio climático, clima y tiempo meteorológico. Y tiende a mezclar las cosas. Ahora que estamos ante un año seco, el eco en los medios aparece más amplificado, y confuso. ¿Estamos ante un nuevo ciclo de sequía provocado por el cambio climático? ¿Vamos a sufrir más olas de calor este verano? ¿Se ha vuelto loco el tiempo? «Siempre me he resistido a afirmar que las sequías son una consecuencia del cambio climático, y por ello muchos me han tachado de conservador», explica Luis Balairón, físico y meteorólogo del Instituto Nacional de Metereología (INM). Precisamente, el INM forma parte del organigrama del Ministerio de Medio Ambiente. Su titular, Cristina Narbona, afirmó recientemente que estamos ante un nuevo ciclo de sequía provocado por el cambio climático.

–¿Suscribe esta afirmación?

–En sentido estricto, no tenemos capacidad de predicción de sequías. No son predecibles de aquí a cinco años, ni son cíclicas. Es cierto que después de un periodo de tiempo largo con lluvias, el primer año de sequía produce una preocupación especial porque cabe la posibilidad de que sea el inicio de una sequía más prolongada. Pero se aplica el principio de precaución. Lo que interpreto es que se están adoptando medidas de precaución en cuanto a la sequía y de adaptación al cambio climático.

Asociación incorrecta

–Científicamente, ¿usted asociaría la sequía y el cambio climático?

–No. Son dos cosas distintas. Cuando se habla de la intensidad de una sequía, se refiere a los efectos que va a producir. En un contexto de cambio climático, la misma sequía meteorológica tiene un efecto distinto. Una disminución del 20 por ciento de las precipitaciones en 1910 no va a tener los mismos efectos que en la actualidad. Ahora vamos a tener una demanda mayor de agua. Lo que ocurre con el cambio climático es que a más temperatura, el agua disponible es menor. Y eso depende de cuánta agua haya caído y cuánta se haya evaporado. Si en el futuro la temperatura aumenta un par de grados, las sequías van a ser más graves debido a que el agua disponible va a ser menor.

–Es decir, el cambio climático hará más intensas las sequías.

–No sabemos si aumentará la frecuencia de las sequías, pero sí su impacto por efecto del incremento de la temperatura. Se reducirá el agua en los pantanos, los recursos hídricos disponibles. Por tanto, debemos adoptar medidas de adaptación superiores a las que tendríamos de tomar en nuestra zona mediterránea si no hubiera cambio climático. La regulación hídrica con cambio o sin cambio climático es distinta. El ejemplo extremo es Suiza. Una anticipación de la época de deshielo, es decir, si se produce un mes antes, implicaría que parte de la cantidad de agua que actualmente se almacena como nieve y que no se evapora, iría fundiéndose con más velocidad y antes, por lo que se produciría un proceso de evaporación anticipada. La regulación hídrica es distinta, ni peor ni mejor. En Suiza, que planifica su gestión hídrica con grandes pendientes con una gran cantidad de nieve almacenada en los Alpes, necesitará adaptar su regulación hídrica por el cambio climático. Que es lo que importa al ciudadano, el agua disponible para agricultura, riegos, piscinas, campos de golf o consumo.

–España siempre ha sufrido episodios de sequía. ¿No es normal?

–La sequía forma parte del clima mediterráneo, y entra dentro de la normalidad climática. Por eso se insistió mucho en la que ocurrió entre 1990 y 1995. La frase que se acuñó, después de reuniones con expertos de Israel, es que la sequía es una oportunidad. Un país como el nuestro debe aprovechar las épocas de sequía como una oportunidad para replantearse su gestión del agua y entender que un país mediterráneo tiene que tener una gestión del recurso contando que la sequía es parte del clima, sea o no una desgracia. El cambio climático introduce un factor adicional, la forma de adaptarte a esa sequía ha de ser distinta; no es seguro que vayan a reducirse las precipitaciones, pero sí el agua disponible. La sequía meteorológica es la que afecta al agua que cae, pero la del usuario, ciudadano o del agricultor, la compañía hidroeléctrica o el ingeniero, es el agua que les llega para usar, bien en el riego o para producir energía eléctrica. En este sentido, esa «sequía» sí aumentará con el cambio climático.

–¿Qué sugieren las predicciones de los modelos climáticos en cuanto a la cantidad futura de lluvias?

–En algunos se produce aumento de precipitaciones, como el modelo de Hadley, sobre todo hasta el 2050, y a partir de aquí una estabilización, aunque en un nivel más alto que en la actual, sobre todo en las cuencas atlánticas. Aumentan las lluvias de invierno, y en otros modelos las de primavera. Lo que sí se reduce son las lluvias de otoño y las de verano. Casi todos los modelos producen cambios de precipitación que no van más allá de aumentos o disminuciones del cinco por ciento. Los cambios no son grandes, aunque serían extraordinarios si afectaran al sureste español. El problema es que ahora tenemos una gran seguridad en cuanto al aumento de temperatura, pero mucha inseguridad en cuanto a precipitaciones. Si entendemos la sequía como falta de agua, el concepto de preocuparse por el cambio climático está científicamente respaldado. Si hablamos de sequía como el agua que cae, la incertidumbre es mayor.

Recursos en detrimento

–Es decir, cae más agua pero hace más calor, entonces el recurso hídrico disminuye.

–En las evaluaciones, disminuye en términos netos, la evaporación es muy fuerte en 2030 o 2050, con un aumento de temperatura de más de dos grados. La lámina de agua embalsada y la de escorrentía superficial baja. La vegetación requiere más agua. Es como si colocas un jarrón con una planta dentro de una habitación con calefacción, necesita más agua que si la dejas fuera, en el balcón, donde hace más frío. Ahora llevamos diez años con precipitaciones abundantes, y la sequía siempre empieza con episodios como éste. No hay razones para asegurar que estamos ante un periodo de precipitaciones escasas. Puede ocurrir perfectamente que se acabase la racha por este año anómalo.

–¿Cuáles son las consecuencias climáticas del deshielo, aportar más agua dulce y fría al Atlántico?

–Si alterásemos la circulación del Atlántico Norte, y se colapsara el mecanismo de redistribución de calor, Europa occidental sufriría un enfriamiento de unas cuantas décadas, a pesar de que el resto de la Tierra se caliente. El cambio climático produciría un enfriamiento en Europa y no un calentamiento. España sufriría un enfriamiento, aunque más débil que en Noruega o Inglaterra, pero sería apreciable, y podría contrarrestar incluso el calentamiento. Es decir, podría anular el calentamiento global durante varias décadas.

España concentra casi el 40% de la superficie quemada de la UE

España concentra casi el 40% de la superficie quemada de la UE CanariasAhora.com, 10-8-2005

España ostenta el dudoso honor de concentrar el 40% de los incendios que se registran en la Unión Europea, y el 38,7% del total de superficie quemada, la mayoría bosques, según los datos publicados este miércoles por la Comisión Europea, correspondientes al año 2004. Casi el 81% de los incendios registrados ese año ocurrieron en la Península Ibérica (el 41% en Portugal). Durante los primeros siete meses de 2005, los grandes incendios (de más de 100 hectáreas) han arrasado ya 37.252 hectáreas en nuestro país.

Entre el 1 de enero y el 31 de julio del 2005, en los 5 grandes países del sur de la UE, donde se registran la mayoría de los fuegos de UE, ardieron un total de 134.203 hectáreas en grandes fuegos. La mayor superficie quemada corresponde a Portugal (76.238 hectáreas), seguido de España (37.252), Italia (14.227), Francia (4.930) y Grecia (1.556). En total se registraron uno 70.000 fuegos que mataron a 19 personas, de las cuales 11 fallecieron en el incendio de Guadalajara.

La Comisión Europea destacó que las perspectivas para lo que queda de temporada "no son especialmente positivas". A principios de este año, el análisis de las previsiones de riesgo de incendio puso de manifiesto la existencia de una "situación crítica" y en el mes de junio, los niveles de riesgo se encontraban ya muy por encima de los registrados en 2003 y 2004 debido a la sequía.

Según el Ejecutivo comunitario, una de las causas del mayor riesgo es que en algunos de los incendios de este año el fuego cambió su modelo de comportamiento tradicional "por otro de aparición súbita de focos de incendio de rápida expansión", como el que se registró en Guadalajara, y que también se ha observado en las afueras de Atenas, y en las zonas turísticas de Cerdeña.

Los últimos años

En los últimos 25 años, se han registrado más de un millón de incendios en la UE, que han destruido 12 millones de hectáreas.

Durante este periodo, España fue el país con más superficie calcinada, seguido de Italia y Portugal. No obstante, en los últimos cuatro años se ha estabilizado la tendencia ascendente en el número de incendios en los países del sur, algo que la Comisión atribuye a las campañas de información y las mejoras en las capacidades de prevención y lucha contra el fuego.

España es el país más beneficiado por la aplicación del programa Forest Focus de UE, centrado en la protección de bosques, cuyo presupuesto asciende a 65 millones de euros para el periodo 2003-2006. Durante el año 2003-2004, España absorbió el 31% del presupuesto, seguida de Italia (21%) y Portugal y Grecia (16%).

Un informe asegura que la mortalidad infantil en países pobres se duplica cuando las tierras están afectadas por la desertización

Un informe asegura que la mortalidad infantil en países pobres se duplica cuando las tierras están afectadas por la desertización Consumer.es, 20-6-2005

Un informe difundido a finales de la pasada semana por la organización Millennium Ecosystem Assessment mantiene que la mortalidad infantil en las tierras secas de los países en vías de desarrollo alcanza a unos 54 niños de cada mil nacimientos, el doble que las zonas con agua.

El informe, en cuya redacción han participado más de 1.300 expertos de 95 países, añade que la creciente desertización del planeta amenaza con aumentar el número de personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares por la falta de agua.

La desertización también causa fuertes tormentas de arena que afectan, incluso, a la salud de los habitantes de zonas muy remotas y que están relacionadas con dolencias típicas de épocas de sequía, como la fiebre, la tos o los ojos irritados, dice el documento. Detalla también que las tormentas de arena que tienen lugar en el desierto del Gobi -en la frontera de China y Mongolia- pueden alterar la calidad del aire de China, la península de Corea, Japón y hasta de Norteamérica, donde llegan a originar problemas respiratorios a las personas.

En las tierras secas, el 41% del total de todo el planeta, habitan unos 2.000 millones de personas, entre los que se encuentran la mitad de los pobres que hay en el mundo. En las tierras húmedas la desertización también ocasiona estragos como inundaciones, problemas para la extracción de carbón y cambios climáticos en la región, según los expertos que han participado en la elaboración del informe.

El estudio recuerda que la desertización no se debe únicamente a las sequías, sino que "principalmente se deriva del crecimiento de la población, de la aplicación de políticas inapropiadas y de algunos aspectos relacionados con la globalización".

El desierto del Sáhara 'ya ha cruzado' el Estrecho de Gibraltar

El desierto del Sáhara 'ya ha cruzado' el Estrecho de Gibraltar Terra Actualidad, 5-8-2005

El Sáhara 'ya ha cruzado' el Estrecho de Gibraltar y cada vez es mayor la desertización de grandes zonas de España, Portugal e Italia, un grave problema de degradación del suelo que pretende combatir el Proyecto Europeo DeSurvey.

El director del departamento de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid, Carlos San Juan, explicó a Efe que en el proyecto participarán durante cinco años 39 investigadores de 16 países y que los estudios han comenzado por los países citados, en los que es mayor el riesgo de desertización, pero que en el futuro incluirá a Grecia y otras zonas del sur del Mediterráneo.

La creciente desertización del planeta amenaza con aumentar el número de personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares por la falta de agua, y en España, las comunidades de Valencia, Murcia y Canarias se encuentran ya en una situación de riesgo alto o muy alto de que la desertización afecte al cien por cien de su territorio.

Para mitigar esa situación y tratar de paliar los efectos de la desertización en España el Ministerio de Medio Ambiente invertirá en el cuatrienio 2005-2008, en colaboración con trece comunidades autónomas, 82,5 millones de euros.

'España tiene un problema muy grave porque la desertización no deja de avanzar', aseguró San Juan, cuyo departamento tiene la misión en el Proyecto DeSurvey de investigar la influencia del hombre en el proceso de desertización y la acción de los agentes económicos.

'Crearemos un modelo de uso de suelo español basado en las explotaciones censadas desde 1982 hasta 2002 por la importancia de los ecosistemas en zonas de alto rendimiento agrícola', explicó. "Ahora", dijo, "están haciendo la valoración de las zonas 'hot spot' (puntos calientes) de España para ver cuáles serán las primeras franjas que analizarán". "Además, se elaborarán modelos econométricos sobre el comportamiento de la economía española, portuguesa e italiana, para detallar cómo la evolución de la economía afecta a zonas con especial riesgo de desertización".

Para el estudio se cuenta con equipos experimentales que trabajan contrastando la evolución en el tiempo de los procesos de degradación de las tierras de estudio, mediante observaciones desde satélites y medidas sobre el terreno.

También se harán análisis microeconómicos para valorar localmente la zona, cuyos resultados se traducirán con un 'autómata celular en planos dinámicos', que analizará posibilidades de cambio de uso de cada zona para recomendar técnicas específicas que frenen la desertización.

Por parte española, trabajan en DeSurvey, además de la Universidad Carlos III, otras cinco instituciones: el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Instituto Agronómico Mediterráneo de Zaragoza, la Universidad de Castilla-La Mancha, la Universidad de Valencia y la Universidad de Almería.

El sistema está pensado para permitir niveles de resolución a diferentes escalas, tanto espaciales como temporales por autoridades supranacionales como la Comisión Europea, Naciones Unidas y los gobiernos nacionales y regionales. En el proyecto, financiado por el VI Plan Marco de Investigación, también acoge a instituciones de países magrebíes, Chile y China como miembros asociados.

Los incendios han devastado en España cerca de 83.000 hectáreas este año

Los incendios han devastado en España cerca de 83.000 hectáreas este año El Mundo, 3-8-2005

MADRID.- Los incendios forestales han devastado cerca de 83.000 hectáreas de superficie forestal desde comienzos de año y hasta el pasado 24 de julio, según datos provisionales del Ministerio de Medio Ambiente. En este cómputo están incluidas las 10.466 hectáreas que se quemaron en el incendio de Riba de Saelices (Guadalajara).

También están comprendidos los datos de los incendios de Cañamero, Alía y Castañar de Ibor (Cáceres), que según las imágenes del satélite Terra Modis eran de 7.968 hectáreas el día 24 de julio, pero no están incluidas las superficies herbáceas de Andalucía y Extremadura destruidas en los últimos días. Una veintena de grandes fuegos, más de 6.000 incendios y casi 11.000 conatos (en los que arden superficies inferiores a una hectárea) han arrasado en estos meses el 0,247% de la superficie total de España. En los últimos diez años, la media de hectáreas devastadas a 24 de julio ha sido de 53.822,8 hectáreas y únicamente 1995 y 1997 muestran cifras similares a las de este año.

En 1995 ardieron 85.409,4 hectáreas de superficie forestal y se habían producido 17 grandes fuegos y 14.000 incendios y conatos, mientras que en 1997 la superficie quemada fue de 88.416,7 hectáreas y el número de incendios y conatos alcanzó 15.000. En 2002 se quemaron 67.543,4 hectáreas; en 1998 fueron 54.713,8 y en 2000, 53.234,2 hectáreas; en el resto de los ejercicios de la última década, las superficies quemadas a 24 de julio quedan por debajo de 50.000 hectáreas. El año más benigno fue 1996, cuando sólo quedaron arrasadas 27.434,7 hectáreas, seguido de 2001, con 29.5781,2 hectáreas; y 2003, con 34.409,8 hectáreas. En 1999 el fuego devastó 47.806,1 hectáreas y en 2004, 49.989 hectáreas de superficie forestal.

Científicos confirman la relación entre fenómenos climáticos como 'El Niño' y la aparición de epidemias

Científicos confirman la relación entre fenómenos climáticos como 'El Niño' y la aparición de epidemias El Mundo, 4-8-2005

Madrid.- Un grupo internacional de científicos, entre los que se encuentra Xavier Rodó, climatólogo y director del Laboratorio de Recerca del Clima del Parque Científico de Barcelona, de la Universidad de Barcelona, ha confirmado la relación existente entre fenómenos climáticos como 'El Niño' y la aparición de epidemias de cólera, según publica el último número de la revista 'Nature'.

Según explicó la directora de la investigación, Mercedes Pascual, la investigación ha permitido confirmar que "la variabilidad del clima", y en concreto el fenómeno conocido como 'El Niño', caracterizado por condiciones anómalas de lluvia, tiene influencia las epidemias de cólera.

El estudio se realizó sobre una serie temporal recopilada durante los últimos cuarenta años en la población de Matlab, en Bangladesh. En esos datos, los científicos hallaron una correspondencia muy clara entre las variaciones interanuales en la transmisión de la enfermedad y los patrones climáticos.

"Hemos demostrado que la transmisión de la enfermedad es mayor durante condiciones extremas de lluvia, tanto durante inundaciones como en sequías, aunque las variaciones en los casos de cólera no dependen solamente de la variaciones de clima, ya que el clima interactúa con el nivel de inmunidad de la Poblacion", explica la investigadora.

Pascual señala que aunque ya se había demostrado antes una influencia de 'El Niño', se muestra por primera vez cómo el clima actúa sobre la enfermedad del cólera a nivel regional. "Se había propuesto hace mucho tiempo que la lluvia tenía influencia en las epidemias de cólera, pero esta es la primera demostración de este efecto", agregó.

Para la investigadora, las principales implicaciones prácticas de este estudio "conciernen a la futura predicción de la enfermedad", ya que no sólo se han identificado "variables de clima que son críticas", sino también que los modelos matemáticos que se usarán para predecir casos de cólera "tendrán que tener en cuenta el nivel de inmunidad de la población y como interactúa con la variabilidad climática".

En concreto, los investigadores han desarrollado un modelo matemático que integra la dinámica interna de la enfermedad infecciosa, que depende de las características de la población, de las políticas sanitarias y de las campañas de vacunación, con elementos externos como los climáticos.

El modelo puede ser de utilidad en enfermedades infecciosas como el cólera, la malaria y el dengue, que siguen una dinámica en el tiempo que se repite, aproximadamente, siguiendo un ciclo anual, aunque no todos los años son iguales, ya que mientras a veces desarrollan epidemias, otras veces presentan incidencias inferiores a las habituales.

Las consecuencias de la desertización en Argentina

Las consecuencias de la desertización en Argentina Cristian Frers
Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social
cristianfrers@hotmail.com

Uno de los más graves problemas ambientales que se presenta en áreas rurales es la desertización, fenómeno de degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y sub-húmedas secas derivado de los efectos negativos de actividades humanas. Las causas son el sobrecultivo, la utilización excesiva de las tierras para el pastoreo y la deforestación, que derivan en agotamiento y erosión del suelo. La productividad del suelo disminuye, se reduce la producción de alimentos, se le quita a la tierra su cobertura vegetal y todo ello impacta en forma negativa en áreas que no están afectadas directamente por estos síntomas, causando inundaciones, salinización del suelo, deterioro de la calidad del agua y obstrucción de ríos, corrientes y reservorios con sedimentos.

La búsqueda de máximos beneficios a corto plazo de la agricultura intensiva se ha convertido en la principal causa de degradación de los suelos y el agua y, por tanto, de los procesos de desertización. El elevado consumo de agua, la fuerte mecanización y la utilización de productos agroquímicos, constituyen los elementos característicos de la agricultura intensiva, cuyo incremento en los últimos tiempos, está propiciando un aumento de la presión y degradación de nuestros suelos.

Más del 30% de la superficie del Planeta lo constituyen áreas susceptibles a la desertización. En ellas viven en torno a mil millones de personas, que en menos de unas decadas será muy difícil alimentar a la creciente población. Los más perjudicados son los países de África, de algunas zonas de Asia del este y del sur, y de Sudamérica.

La imagen de Argentina como granero del mundo y productora de cereales y carnes en abundancia no se ajusta a la realidad: la porción continental de la República Argentina posee una superficie de 2.700.000 km2, en la cual aproximadamente sólo el 25% corresponde a regiones húmedas y subhúmedas. El 75% restante (15 % de zonas semiáridas y 60% de zonas áridas) presenta riesgo de desertificación. Además, un tercio de la población del país (9,5 millones de personas) vive en zonas secas, y de éstas proviene alrededor de la mitad de la producción agropecuaria nacional. Ya no se trata de una posibilidad: el 40% de la superficie continental del país se encuentra afectado por procesos que están degradando sus tierras.

En la Pampa Semiárida, con suelos arenosos de pendientes suaves, se generalizó la agricultura con prácticas incorrectas y el sobrepastoreo en las áreas más secas. Las sequías periódicas desataron procesos de erosión eólica dando origen a médanos y exponiendo los suelos a la erosión hídrica.

En la Patagonia, estepa con relieve de mesetas, la causante principal de la desertificación está dada por el sobrepastoreo ovino. Los sistemas ganaderos extensivos establecidos hace más de un siglo no contemplaron el uso sustentable del pastizal natural, acentuando sus condiciones de aridez por disminución o eliminación de la cubierta vegetal. Coexisten en el ambiente patagónico los valles irrigados con severos procesos de salinización y revenimiento. Actualmente más de 30% de la superficie de la región se encuentra afectada por procesos erosivos eólicos e hídricos graves o severos.

El Chaco Semiárido gran planicie ubicada en el centro norte del país, presenta un ecosistema forestal sujeto a desmonte masivo y sobrepastoreo, que junto a la agricultura intensiva, expone los suelos a las precipitaciones y temperaturas extremas, generando pérdidas en fertilidad y eficiencia hídrica, y procesos erosivos.

En el área de Cuyo coexisten importantes áreas bajo riego, con problemas de salinización y revenimiento freático (oasis de cultivo), con extensas llanuras fluvioeólicas sujetas a sobrepastoreo y deforestación.
Hay que tener presente que los impactos no sólo tienen relación con el medio ambiente, repercute también en los sistemas sociales y económicos. Si bien las consecuencias ambientales corresponden a la destrucción de la fauna y flora, la reducción significativa de la disponibilidad de los recursos hídricos y deterioro físico y químico de los suelos genera una pérdida considerable de la capacidad productiva, provocando cambios sociales (como las migraciones) que desestructuran las familias y acarrean serios impactos en las zonas urbanas, para donde se desplazan las personas en busca de mejores condiciones de vida.

Los cultivos intensivos han sido y son una de las principales causas de pérdida de suelo fértil. Los países ricos aplican su tecnología y sus capitales para incrementar la producción de las tierras. Los países pobres incrementan su producción de alimentos a través de nuevas roturaciones y desmontes. La falta de mercado interior obliga a producir para mercados exteriores muy competitivos.

Las poblaciones en crecimiento sobreexplotan sus tierras y, debido a esto, tienen que emigrar cuando ya han agotado todos sus recursos. Son los problemas añadidos, consecuencia de la desertización y destrucción del medio. El incremento de la población incide en la pérdida de suelo fértil, ya que se necesita espacio para edificar. El ritmo de crecimiento demográfico actual reducirá en un tercio la superficie agrícola por persona, en las próximas generaciones.

La forma más antigua de llegar a la desertización de un terreno está ligada directamente a la supervivencia de los pueblos y la provoca el hombre. El llamado sobrepastoreo es decir, mantener demasiado ganado en una superficie dedicada a pastos acarrea la pérdida de especies comestibles y el consiguiente crecimiento de especies no comestibles. Si la excesiva presión de pastoreo continúa, la pérdida de la cubierta vegetal puede llevar a la erosión del suelo. Muy ligada a esta causa aparece la sobreexplotación, en la que el suelo se agota por la pérdida de nutrientes y la erosión. Si se acortan los periodos que las tierras quedan en barbecho, es decir, libres de todo cultivo o se abusa del uso de técnicas mecánicas que producen una pérdida generalizada de suelo, estaremos frente a un futuro de tierras infértiles y secas. También la tala excesiva de vegetación, para crear tierras agrícolas y pastizales, pero sobre todo para destinarla a leña caracteriza las tierras secas de los países en desarrollo provoca que, en regiones enteras (como el Sahel en África), los alrededores de las ciudades carezcan por completo de árboles. La salinización del suelo consecuencia directa del el uso de técnicas agrícolas rudimentarias y prácticas poco apropiadas, unido a la mala gestión de los programas de irrigación, es otra de las causas directas de la muerte de la tierra. Todos estos factores son inherentes a la presencia del hombre en la Tierra, pero en el último siglo se le sumó otra actividad humana altamente devastadora: el turismo, sobre todo la preparación urbanística destinado a alojarlo. No es raro encontrar en zonas cálidas complejos que bien parecen oasis en desiertos. Las aguas, en muchas ocasiones subterráneas, que la naturaleza destina a hectáreas se canalizan para servir a unos cuantos metros cuadrados, en clara disminución de las demás tierras.

Para dominar la desertificación es indispensable que las sociedades humanas aprendan otra vez lo que aprendieron por primera vez hace miles de años, esto es, que la vida social y cultural sólo es posible en las zonas secas si se es capaz de elaborar una economía que esté en armonía con la naturaleza, adaptada a las condiciones del lugar.

Para una lucha eficaz frente al problema de la desertificación se hace imprescindible desarrollar acciones de prevención y de recuperación. Para la prevención se requiere planificar un adecuado manejo del recurso suelo, conservar los bosques, evitar el sobrepastoreo, utilizar métodos adecuados de irrigación, mejorar los pronósticos de sequía a largo plazo y combatir la pobreza rural. Para la recuperación de áreas ya degradadas es necesario reforestar, mejorar el uso del agua y fijar médanos.

Técnicamente, las áreas afectadas por la desertificación pueden ser "restauradas" cuando se recupera el ecosistema a través del abandono del mismo, lo que reduce la presión de uso de los recursos y posibilita la recuperación de los componentes originales del ecosistema, logrando una restauración de éste y de su capacidad de sostenimiento, "rehabilitadas" cuando se recupera el ecosistema original a través de un mejor manejo, lo que produce un cambio permanente o "habilitadas" cuando se recupera el ecosistema por medio del agregado de elementos ajenos a él, tales como especies vegetales exóticas, construyendo un ecosistema distinto del original pero que puede ser manejado en forma sustentable.

En todo caso resulta imprescindible realizar las siguientes acciones, tanto para la prevención en áreas susceptibles como para la recuperación en áreas degradadas:

· Mejorar las condiciones sociales, culturales y económicas.
· Prevenir el avance de la erosión y el deterioro de la vegetación.
· Planificar el uso del suelo
· Realizar actividades agrícolas con técnicas de labranza conservacionistas
· Utilizar sistemas de riego que eviten los peligros de sedimentación y salinización.
· Desarrollar variedades de vegetales resistentes a la sequía.
· Mejorar los pronósticos de sequía a largo plazo y sistemas de alerta temprana.
· Conservar los bosques nativos.
· Reforestar

Medio Ambiente pide a los ciudadanos que ahorren agua en solidaridad con los agricultores

Medio Ambiente pide a los ciudadanos que ahorren agua en solidaridad con los agricultores LibertadDigital.com, 16-6-2005

El Ministerio de Medio Ambiente inicia este viernes una campaña para promover un uso responsable del agua en el ámbito doméstico e intentar que los buenos hábitos de consumo se conviertan en algo permanente. "Pon tu gota de agua. Gota a gota se hace el río" es el lema de la campaña, para cuya grabación no se ha utilizado ni una sola gota de agua. Cristina Narbona ha pedido a los ciudadanos que ahorren agua en solidaridad con los agricultores, que ya están padeciendo la sequía.

La campaña de publicidad centra su mensaje en la importancia de abrir los grifos sólo el tiempo que sea necesario y propone al ciudadano una serie de conductas para un uso responsable del agua: ducharse en vez de bañarse, usar la lavadora y el lavavajillas con la carga completa, no tirar aceites usados por el fregadero o el inodoro, lavar el coche con esponja y bayeta, reutilizar de un año para otro el agua de la piscina, evitar pérdidas por fugas o instalar sistemas de riego por aspersión o goteo en los jardines.

Además, las cuñas publicitarias señalan que España no tenía una primavera tan seca desde hace casi 60 años, que la situación no es alarmante y que la cantidad agua disponible es menor, aunque puede aumentarse con unos hábitos de consumo responsables.

Para la campaña, que tendrá una amplia difusión en medios de comunicación, salas de cine y medios de transporte, no se ha utilizado ni una gota de agua, ya que de los grifos que aparecerán en las imágenes lo que salen son las letras de la palabra "agua".

Cristina Narbona, titular de Medio Ambiente, declaró que es posible llegar hasta ahorros del treinta por ciento sin tener que renunciar al confort, tal como ya ocurrió en periodos de sequía anteriores, en los que se alcanzó un veinte por ciento de ahorro en el consumo. Además, apeló a un consumo responsable de los ciudadanos como prueba de solidaridad con los agricultores, que ya están sufriendo esta sequía.

"Pon tu gota de agua. Gota a gota se hace el río", que se inicia este viernes, coincide con el Día Mundial contra la Desertización y la Sequía, en el que se hará un llamamiento para ahorrar agua y reducir las emisiones contaminantes que aceleran el cambio climático.

Más desierto, más sequía y ausencia de reacciones

Más desierto, más sequía y ausencia de reacciones CanalSolidario.org, 9-7-2005

En 1994, la ONU declaró el 17 de junio "Día Mundial de Lucha contra la Desertización y la Sequía". El objetivo era abordar la sequía que afectaba al continente africano. Once años después, la desertización ya se extiende por el Norte.

Según un informe de Naciones Unidas, la desertización amenaza la vida de 1.200 millones de personas en un centenar de países. Las tierras secas cubren más de un cuarenta por ciento de la tierra firme; de este porcentaje, el veinte por ciento se considera desértico.

Según Kofi Annan, nos encontramos ante “uno de los procesos de degradación ambiental más alarmantes del planeta”. Sólo en el sector agrícola, el proceso de desertización ocasiona unas pérdidas anuales de cuarenta y dos mil millones de dólares.

Este mismo informe también alerta de que la desertización plantea un riesgo para la estabilidad de las sociedades y crea una gran presión en las zonas secas que aún no han sido degradadas. Millones de personas que habitan estas tierras tendrán que emigrar en búsqueda de nuevas tierras donde poder sobrevivir. Las estadísticas presentadas son alarmantes: la mortalidad infantil en estas tierras es diez veces superior que en los países industrializados y el doble que en las regiones pobres consideradas húmedas.

El fenómeno se extiende de manera indefendible. América Latina comienza a ser escenario también de este proceso. Un millón de kilómetros cuadrados de Brasil son considerados zonas de riesgo; más de medio millón de kilómetros cuadrados mexicanos se encuentran en una delicada situación; y el setenta y cinco por ciento de Argentina corre el riesgo de convertirse en desierto, un proceso derivado según Naciones Unidas de actividades del hombre, no de forma natural.

Los Tratados de Libre Comercio que se están firmando en la zona así como el ALCA (el Área de Libre Comercio de las Américas) también tiene consecuencias. Estos acuerdos imponen en cierta medida al sector agrícola que mejore la producción, y se teme que no se hará de forma sostenible, con el consiguiente esfuerzo y deterioro que padecerán esos terrenos.

Propuestas

Naciones Unidas ha advertido de que muchas de las causas que aceleran este fenómeno son evitables. La sustitución de la agricultura por el pastoreo podría ser una solución para un sesenta y cinco por ciento de estas tierras.

Otra advertencia o sugerencia de la ONU es que si los terrenos fueran propiedad de los agricultores que los cultivan, se limitarían a realizar prácticas sostenibles, importándoles no el terreno que meramente trabajan, sino el terreno que les da de comer y que es suyo.

Naciones Unidas ha realizado un informe exhaustivo, real y por ello, alarmante, del fenómeno de desertización que está afectando al planeta. Nuevos escenarios, situaciones límite y millones de personas en peligro es su resumen.

Muchos de los estados que en un principio sólo tenían que sensibilizar ven como son un nuevo escenario seco. Ahora los gobiernos tienen que reaccionar ante esto y plantear acciones. La ONU da ideas, en este momento hay que llevarlas a la práctica.

Más información:

United Nations Convention to Combat Desertification (en inglés)

Las tímidas concesiones de EEUU posibilitan un acuerdo de mínimos sobre el cambio climático

Las tímidas concesiones de EEUU posibilitan un acuerdo de mínimos sobre el cambio climático CanariasAhora.com, 9-7-2005

Algunas importantes concesiones del presidente de Estados Unidos (EEUU), George W. Bush, hicieron posible el logro de un acuerdo en torno al cambio climático en la cumbre del G8 que se celebra en Gleneagles (Escocia).
EFE. Gleneagles (R.Unido)

El pacto queda muy lejos de las ambiciones del primer ministro británico, Tony Blair, que aspiraba a lograr un compromiso concreto de los Ocho -Estados Unidos (EEUU), Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá, Japón y Rusia- para la reducción de las emisiones de los gases causantes del "efecto invernadero".

El texto, tal y como se ha anticipado entre algunas delegaciones y que se dará a conocer oficialmente en las próximas horas, no prevé ningún objetivo concreto ni un calendario. Sí hace mención en dos ocasiones, como ya ha revelado el presidente francés, al protocolo de Kioto. El asunto se perfilaba como el más espinoso de la cumbre, y el que más debates motivó entre los sherpas, los asesores de los distintos gobiernos que se encargan de redactar los acuerdos finales. Hasta la cumbre, EEUU se mostraba reacio a todo acuerdo que hiciera alusión al protocolo de Kioto para la reducción de emisiones de gases contaminantes.

Estados Unidos es el único país del Grupo de los Ocho que no ha suscrito el protocolo, que entró en vigor este año y que expira en 2012. Hasta ahora, el presidente George W. Bush, argumentaba que no estaba demostrado que el calentamiento global tuviera una causa humana.

Bush, que considera que Kioto hubiera "hundido" la economía de su país, también ha criticado repetidamente el protocolo por no incluir a los países en desarrollo, en especial a la India y China, dos países cuyo rápido crecimiento les convierte en unos de los principales países emisores de gases contaminantes. En los últimos días, sin embargo, el presidente ya había apuntado un cambio en su posición al reconocer que el cambio climático representa un "problema" y "en parte" tiene causa humana.

El acuerdo tentativo pone de manifiesto que el cambio climático es "un desafío a largo plazo que tiene el potencial de afectar" a todo el mundo y reconoce que el aumento en el consumo de combustibles fósiles representa una de las principales causas del fenómeno. Las dudas de EEUU acerca de las causas del problema quedan patentes en una línea que indica que "persiste la incertidumbre sobre nuestro entendimiento del cambio climático". El presidente francés, Jacques Chirac, afirmó el jueves que "hemos notado un cambio en la posición estadounidense", lo que ha posibilitado "una mejora" en el acuerdo final. Según Chirac, los atentados perpetrados el jueves en Londres hicieron que los dirigentes se mostraran más resueltos a lograr un acuerdo.

En un sentido similar se había manifestado también el sherpa de la delegación estadounidense, Faryar Shirzad, una de las personas que se encontraban presentes cuando los Ocho recibieron la noticia de los atentados de Londres. Shirzad afirmó que después de conocer la noticia se detectó "un renovado sentimiento de determinación por parte de los líderes para seguir adelante con su trabajo, para producir verdaderos resultados que demuestren su compromiso colectivo para mejorar las vidas de la gente, para hacer frente a los desafíos globales".

Si el cambio climático fue uno de los principales asuntos de la cumbre, el otro fue el aumento de la ayuda a África. Los líderes del G8 lograron finalmente un acuerdo que permitirá doblar la ayuda a ese continente para 2012, uno de los objetivos de la presidencia británica. Pero el compromiso no incluye cifras, lo que representa un revés para Blair, que esperaba hacer realidad su objetivo de elevar las actuales cifras de ayuda, de los actuales 25.000 millones de dólares a 50.000 millones.

También queda fuera del compromiso la idea del primer ministro británico de que los Ocho destinarán el 0,7% de su Producto Interior Bruto (PIB) a la ayuda al desarrollo para 2015.

Pagar más, única medida eficaz para ahorrar agua

Pagar más, única medida eficaz para ahorrar agua El País, 28-6-2005

José Luis Barbería

REPORTAJE: LA CRISIS DEL AGUA / 2

El consumo de agua representa sólo el 1% del gasto familiar de los españoles, que gastan cinco veces menos en agua que en teléfonos móviles.

Sobre la mesa del Gobierno hay un estudio que establece los márgenes de rentabilidad de los cultivos y calcula el impacto en cada caso de una eventual subida de los precios del agua. El objetivo es poner coto a la expansión ilimitada de la agricultura, que paga el agua al 10% de su coste real y es la segunda más subvencionada de Europa. Será necesario el consenso político.

El ideal del centenario modelo español: "Agua libre, gratis, para todos", se revela hoy no sólo como una pretensión vana e irreal, sino también como un objetivo contraproducente, en la medida en que fomenta el uso irresponsable del agua, amenaza las capacidades y reservas y compromete el futuro mismo del sistema hidrológico y medio ambiental. Tal y como plantea la directiva comunitaria 2000/60, adoptada por España a finales de 2003, los españoles tendrán que acostumbrarse a pagar el agua a su coste real y a atenerse a los recursos disponibles, sin confiar ya en que los grandes trasvases resuelven necesariamente el problema.

"Alardear de mantener el agua a bajo precio es como conducir mirando al retrovisor, porque se gasta más allí donde es más barata", apunta Luis Martínez Camps, responsable de relaciones institucionales de Aguas de Barcelona AGBAR, la principal empresa privada española en el suministro de agua urbana. La facturación del agua urbana supuso el pasado año unos 3.000 millones de euros, mientras que la factura de los teléfonos móviles, por ejemplo, ascendió a 15.000 millones. Al contrario de lo que ocurre ahora -el agua sólo supone el 1% de los gastos familiares-, todo invita a pensar que en un futuro no lejano los españoles responderán con mayor presteza a la pregunta: "¿Sabe usted cuánto paga de agua?".

Mientras el campo se agita, los ciudadanos recurren masivamente al agua embotellada porque la red pública no ofrece siempre garantías de calidad. Las garrafas de agua forman parte de la cesta de la compra en Barcelona y en otras ciudades como Valencia donde algunos médicos aconsejan a las embarazadas que no beban agua del grifo. Y en el Sur y el Levante, pero también a lo largo y ancho de la geografía, mucha gente desconfía de la calidad y hasta de la potabilidad del agua que les suministran las redes públicas. Sólo el pasado año, los españoles gastaron en agua mineral 1.750 millones de euros, prácticamente la misma suma (1.800 millones) que el Gobierno central destinó al mantenimiento y creación de nuevas infraestructuras hidráulicas: embalses, pantanos, conducciones. "Con el dinero que nos gastamos en agua embotellada, podríamos ofrecer a todos los ciudadanos un agua de boca (para beber y cocinar) tratada con la mejor tecnología de ósmosis y de una calidad tal que me río yo del agua mineral embotellada", indica Domingo Jiménez Beltrán, director del Observatorio de la Sostenibilidad y ex director de la Agencia Europea de Medio Ambiente.

Nueva calificación de potabilidad


Ciertamente, como subraya Luis Martínez Camps, la cobertura sanitaria del agua del grifo en nuestro país es segura al 100%. "El agua es el producto más vigilado del mundo. En Barcelona, hacemos más de mil controles diarios en la red y le aseguro", indica, "que se puede beber entre dos y cuatro litros diarios durante 70 años sin que pase absolutamente nada". De hecho, según el mismo responsable de AGBAR, la mitad de los barceloneses bebe agua del grifo y el 80% la utiliza para cocinar. En su opinión, el elevado consumo de agua embotellada responde a lo que los técnicos llaman la percepción organoléptica del agua, determinada por el color, el sabor, el olor y la temperatura, pero también a la asociación con un cierto estatus social. Sea como fuere, los barceloneses valoran menos el agua que procede del río Llobregat que la que proviene del Ter y cabe pensar que no se equivocan en esta apreciación ya que la del Llobregat, más contaminada en origen por las antiguas explotaciones mineras de la cuenca, requiere para su uso potable mayores tratamientos de depuración.

Pero, establecida la garantía sanitaria, lo que cuenta es la calidad del agua que consumimos. Otra de las directivas comunitarias, la 140/2003, adoptada por España el 1 de enero del pasado año, endurece notablemente los requisitos necesarios para obtener la calificación de potabilidad. Y como esa exigencia será total y de obligado cumplimiento en enero de 2009, España tendrá que realizar un gran esfuerzo inversor en el tratamiento y optimización de la calidad del agua de boca, que supone únicamente el 2% o 3% de la que consumimos en las ciudades.

Dos o tres euros por mil litros

La "directiva 2000/60" supone toda una revolución porque emplaza al Gobierno a cobrar a sus ciudadanos no sólo el coste del agua, que no es otra cosa que el coste de la conducción del agua al lugar en que se demanda, sino también el coste ambiental, algo mucho más difícil de calibrar, en efecto, pero no por ello menos real, e incluso el "coste de oportunidad", el precio que obtendría en el mercado del agua. "Calculo que con estos criterios el precio real del agua urbana en España estará entre los dos y los tres euros por metro cúbico (1.000 litros), afirma el secretario general para el Territorio y la Biodiversidad, Antonio Serrano. Según esa referencia, las comunidades urbanas estarían pagando el agua en España a menos de la mitad de su coste, puesto que aunque las diferencias varían notablemente -desde 1,97 euros por metro cúbico de Baleares a 0,71 de Navarra y La Rioja-, el precio medio del agua para uso urbano en España se situó en 2003 en 1,10 euros por metro cúbico. Es una cifra superior a la de ciudades italianas como Turín (0,59 euros), pero menor a la de la mayoría de las capitales europeas: Estocolmo (1,42), Ginebra (1,68), Bruselas (1,85) y, desde luego, muy inferior a la de ciudades alemanas como Zúrich (3,78) y Hamburgo (4,20).

También los precios del agua para regadíos son substancialmente diferentes en uno u otro punto de la geografía española -desde los 35 céntimos por metro cúbico del agua desalada en Murcia, hasta los 20 céntimos del agua subterránea y en uno o dos céntimos de las aguas superficiales-, aunque no faltan casos en los que el agua es gratis total porque no se abonan los recibos. Según el Libro blanco del agua, publicado por el anterior Gobierno, en España se paga el 10% del precio real del agua de uso agrícola. A nadie se le escapa que el propósito de cobrar el agua a su coste choca frontalmente con una cultura ancestral que considera que éste es un recurso libre y sin precio que el Estado está obligado a suministrar. Esa mentalidad imperante cree que la escasez se resuelve con nuevos trasvases y juzga un despilfarro todo lo que sea verter agua al mar.

Ninguno de los responsables gubernamentales consultados en este reportaje discute, por lo demás, que el cobro efectivo del agua a su coste supondría el descalabro para muchos agricultores que disponen de unos márgenes de rentabilidad muy reducidos. La directiva europea permite las excepciones justificadas y da un plazo para la recuperación total de costes que alcanza hasta el año 2010, lo que posibilita un incremento escalonado de los precios, pero, con las salvedades que se quieran, el cobro efectivo del agua de uso agrícola resulta a medio plazo ineludible. Primero, porque la nueva política del agua que impulsa la Unión Europea tiene, obviamente, como objetivo reducir la demanda. Y segundo, porque la agricultura consume en nuestro país el 80% de los recursos hídricos, mientras que la industria y los hogares se reparten el 20% restante a partes iguales. Eso convierte a la agricultura en el objetivo prioritario de cualquier plan de control y ahorro. "Hay que actuar e introducir un elemento de racionalidad, ya que la demanda de un bien que no tiene precio es ilimitada", repiten altos responsables del Ministerio de Medio Ambiente.

Activar el regadío por teléfono

Poner coto a la expansión del regadío -en los últimos 10 años se han creado 350.000 nuevas hectáreas-, resulta, por lo visto, la condición indispensable para aplicar una política "sostenible" del agua en España. El otro problema es la contaminación de los suelos por el abuso de fertilizantes y abonos. "El efecto contaminante de los fertilizantes se manifiesta a los 15 años cuando se depositan en la capa freática y por eso nos estamos encontrando ahora con muchos suelos y aguas contaminadas", dice Antonio Serrano, secretario general para el Territorio y la Biodiversidad. "Esas aguas se pueden tratar, en efecto, para reutilizarlas en el uso doméstico, pero requieren procedimientos sumamente caros porque no basta con los filtros y los aportes de cloro".

La idea de que el agua se despilfarra profusamente en la agricultura, sobre todo en las cuencas altas de los ríos, está muy presente entre los estudiosos y responsables medioambientales aunque quien más quien menos huye de las declaraciones altisonantes para evitar recalentar una atmósfera sometida ya a muy altas presiones. "Ésa es una apreciación que en el ministerio de Agricultura percibimos como lejana, distante de la realidad", apunta Fernando Moraleda, sin dejar de admitir que el riego a manta, por inundación de las tierras, constituye todavía la práctica habitual de la mitad de los agricultores.

A su juicio, la idea de que las poblaciones urbanas padecen restricciones por culpa de los excesos en la agricultura adolece de simplismo. "Esa visión parte de la idea, equivocada, de que existe una única fuente de la que mana el agua que se distribuye por toda España, cuando la realidad es que hay miles de fuentes y que todo es mucho más complejo". Partidario de una interpretación flexible de la directiva europea, el secretario general de Agricultura prefiere hablar de la necesidad de modernizar los regadíos y de sellar las conducciones y acequias deterioradas por donde se pierde el 25% del agua.

"Nuestro objetivo", destaca, "es modernizar un millón de hectáreas instaurando el goteo y toda la última tecnología informatizada. Con un teléfono móvil y desde cualquier lugar del mundo, hoy podemos poner en marcha el regadío e introducir los abonos por la misma conducción del agua e incluso detectar al instante las pérdidas. En España disponemos de la mejor tecnología del mundo en materia de riegos y tenemos que aprovecharla", indica. Se calcula que la modernización de un millón de hectáreas de regadíos puede suponer el ahorro de 1.600 hectómetros cúbicos, casi el triple del consumo anual de toda la comunidad de Madrid.

El diferente peso del factor agua

No es exactamente un secreto que las relaciones entre los ministerios de Agricultura y de Medio Ambiente están sujetas a lo que podría llamarse la "tensión creativa", resultante de las diferencias entre perspectivas que ponen el acento, bien en la producción o bien en la sostenibilidad. "En ocasiones, manejamos ópticas distintas pero nuestras relaciones son muy provechosas, hasta el punto de que todas las decisiones las tomamos por consenso", indica el secretario general de Agricultura. Junto al proyecto de crear un banco público del agua que complemente al mercado actual de aguas subterráneas, ambos ministerios analizan en la actualidad un estudio sobre la estructura del coste de cada cultivo por cuencas que establece los márgenes de rentabilidad existentes y estima la incidencia de una eventual primera subida del precio del agua.

El aumento general del precio del agua, asunto al que la ministra de Medio Ambiente, Cristina Carbona, evita poner fecha, repercutiría de manera muy diferente en el campo español. Mientras que la agricultura de interior dispone de agua pero difícilmente podría pagarla a su coste real, la del arco mediterráneo, altamente rentable y productiva, no debería tener dificultades para absorber los nuevos precios. Ésa es al menos la opinión del director de la sociedad estatal Aguas de las Cuencas Mediterráneas, Acuamed, Adrián Baltanás. "El factor agua supone menos del 5% del coste de la producción agrícola en Almería y entre el 5% y el 10% en Murcia. Hay que tener en cuenta", añade, "que el invernadero, el modelo más rentable, exige una inversión por hectárea de varios cientos de miles de euros y que el precio de las semillas es cada vez mayor porque también son cada vez más sofisticadas". Es cierto, que en muchos casos, la agricultura no es ya un medio de vida, sino una industria, un sector económico -Mario Conde y la duquesa de Alba figuran entre los agricultores españoles más subvencionados-, en el que se invierten y se ganan grandes sumas de dinero.

La lógica económica impulsa a conducir el agua a los terrenos de máxima rentabilidad, pero ya no es posible ignorar los costes materiales de esas obras, ni las repercusiones sociales de llevar esa lógica a su extremo. ¿Hay que sacrificar a la agricultura de las cuencas altas? ¿Permitir que continúe el despoblamiento de provincias que, como dice gráficamente Fernando Moraleda, "caben en un estadio de fútbol"? No pocos expertos vaticinan que la globalización acabará con la agricultura de secano en cuanto la UE y EE UU levanten sus últimas barreras proteccionistas y que la única agricultura española con futuro capaz de competir con la marroquí o la chilena, es la que ya se desarrolla en determinadas áreas del arco mediterráneo, una agricultura industrial muy tecnificada capaz de producir, casi sin tierra, cualquier cosa en cualquier temporada.

Arroz subvencionado en el desierto

En estos momentos en los que la UE reconsidera su Política Agraria Común (PAC), una pregunta clave es si hay que seguir subvencionando -con 6.000 millones de euros anuales, la agricultura española es la más subvencionada de la Unión, detrás de la francesa- cultivos extensivos como la remolacha, los cereales, el maíz o el algodón que consumen mucha agua, salinizan los suelos y dan un rendimiento económico escaso. ¿Tiene sentido seguir subvencionando el cultivo de arroz en el desierto de Los Monegros? Para casi nadie es un secreto que hay agricultores que plantan exclusivamente por las subvenciones y que en ocasiones ni siquiera se molestan en recoger la cosecha.

Fernando Moraleda contraataca preguntando si hay que dejar que las leyes del mercado sigan despoblando el campo español. "¿Qué le cuesta más al Estado: resolver los problemas derivados de los cinturones de pobreza que se crean en torno a las ciudades o asentar los núcleos de poblaciones rurales? ¿Y qué papel juega el precio del agua en todo esto? ". El turismo rural y la artesanía son algunas de las actividades alternativas que los expertos europeos recomiendan para las poblaciones rurales que trabajan una agricultura de subsistencia pero, obviamente, la reconversión de los agricultores no es siempre posible. Sin caer en el paternalismo cursi de quienes ven a los agricultores como "los jardineros del paisaje" que hay que proteger a toda costa, parece claro que España necesita un modelo de ordenación y desarrollo territorial más equilibrado y sostenible que ponga fin al éxodo rural y a la masificación costera y urbana.

Obviamente, la cuestión, el reto, es asegurar la sostenibilidad del sistema, conciliar territorialmente las demandas de un recurso escaso y codiciado, aplicar una política respetuosa con las directivas europeas que asegure el ahorro y el reparto inteligente y equitativo. "Y por qué un agricultor aragonés va a renunciar a plantar melocotoneros para que los plante uno de Murcia?", pregunta, a su vez, Eugenio Nadal, ex presidente de la Confederación del Ebro y consultor de la Diputación de Aragón. "¿En nombre de qué debe renunciar a esa actividad? Ningún trasvase puede justificarse ya en los regadíos. La única solidaridad exigible en el terreno del agua es la que afecta al consumo humano", sostiene.

"Hay que plantearse la utilidad y el coste de los pantanos porque tampoco se le puede exigir a un ciudadano de Soria que financie con sus impuestos obras que benefician exclusivamente a otros", señala el presidente del Colegio de Geólogos, Luis Eugenio Suárez. "¿Se puede invocar a la solidaridad con Marbella o Benidorm para pedir a los pueblos humildes de comarcas de montaña que acepten ser inundados y desaparecer?", pregunta, a su vez, Pedro Arrojo. Se diría que en el terreno del agua, la España pobre se rebela contra la España desarrollada, pero, como subraya el profesor Arrojo, "la nueva cultura del agua que necesitamos no es de izquierdas ni de derechas, ni tiene por qué enfrentar a unos territorios con otros. De lo que se trata", indica, "es de responder al reto de la sostenibilidad".

Para ser encauzada, esta cruda polémica que atraviesa a España de norte a sur y de este a oeste necesita un consenso político, un pacto de Estado por el agua. "Si no se produce un gran consenso nacional sobre el agua, esto acabará siendo un desastre", predice el director general del Agua, Jaime Palop.

El desierto que viene

El desierto que viene El País, 27-6-2005

José Luis Barbería

REPORTAJE: LA CRISIS DEL AGUA / 1

La sequía ha dejado de ser sólo un problema cíclico y pasajero. Los expertos ponen en evidencia que el futuro de España está en juego si no cambiamos el actual modelo de desarrollo. La sequía actual se superpone a una profunda crisis medioambiental y a una situación de agudo desequilibrio hidrológico entre oferta y demanda que no se resolverá con las futuras lluvias ni con nuevas infraestructuras hidrológicas. La paradoja española es que los cultivos más rentables y la mayor expansión urbanística se dan cita precisamente en las áreas más áridas de toda Europa.

Campos cuarteados y cosechas vencidas, requemadas bajo la solana inmisericorde, incendios forestales, fuentes, pozos, ríos y lagunas secas, embalses bajo mínimos de los que apenas fluye un hilo de agua que se evapora fatalmente en el camino hacia las plantaciones y las huertas. Abrasado por la sequía, el campo español emite nuevamente su grito sediento y con él ascienden los malos humores que dudan entre encomendarse al santo o arremeter contra el Gobierno de turno. Y, sin embargo, el problema, el verdadero problema, no se resume ya en la estampa de esta sequía temprana, en las conocidas calamidades de un fenómeno natural, pasajero. La cuestión de fondo es que la sequía actúa ahora en el contexto de una crisis medioambiental profunda, generalizada e inquietante y que se superpone con su carga dramática a una situación de progresivo deterioro que lleva décadas causando estragos.

Por abundantes que sean, las lluvias venideras no recompondrán el equilibrio hidrológico roto hace mucho tiempo, ni restituirán por sí mismas el déficit hídrico que ha pasado a ser estructural. Sabemos que ni el rico poso cultural del regadío legado por romanos y árabes, ni toda la potente ingeniería hidráulica que ha hecho que este país ostente, con 1.300 grandes obras, el récord mundial de superficie de presas y embalses por habitante y kilómetro cuadrado, nos preservan ya de nuestra propia deriva y mucho menos de las incertidumbres de un futuro comprometido por el calentamiento de la atmósfera y el cambio climático.

Una cuarta parte de la península Ibérica está amenazada por el proceso de desertización rampante que ha ido tiñendo de amarillo la superficie no hace tanto tiempo verde de países como Túnez o Marruecos. Tenemos a la mitad de los ríos, acuíferos y embalses sobreexplotados o severamente contaminados por los malos usos agrícolas e industriales y al 60% de nuestras aguas dulces costeras salinizadas por la intrusión marina, a causa de la reducción de los caudales de las aguas subterráneas y de superficie. Por no hablar del largo muestrario de especies acuáticas extinguidas o en situación crítica, de la regresión de dunas y deltas en el litoral, de las arrasadas praderas costeras de algas marinas en la que desovan los peces, de la desaparición de lagunas, manantiales y fuentes.

Los mismos Ojos del Guadiana, allí donde los libros de geografía situaban el resurgimiento del río, han quedado borrados de la faz de la tierra por la sobreexplotación del "Acuífero 23" que nutre los salinizados fondos del parque natural de las Tablas de Daimiel. Borrados hasta el punto de que, 30 años después de su pérdida, los tribunales de justicia les han oficiado su responso en una sentencia que los declara oficialmente inexistentes y que da la razón a los particulares que reclaman el uso de esas tierras consideradas desde siempre de dominio público.

Algo más que un caudal de H2O

¿A estas alturas, podemos permitirnos ignorar a los agoreros del cambio climático que vaticinan un panorama de desastres encadenados: sequías e inundaciones, desertización y escasez? ¿A los augures de la Organización Meteorológica Mundial que anuncian que en un par de décadas dos tercios del planeta padecerán estrés hídrico y que España está situada en una zona de riesgo? ¿Y a las academias de ciencias del G-8, a las legiones de expertos medioambientalistas que sostienen que ese cambio ya está aquí y que se manifiesta en el aumento de las temperaturas y en la proliferación de las sequías e inundaciones que han castigado a Europa en los últimos tiempos? ¿No se han apagado, por otra parte, muchas de las voces igualmente expertas que hace sólo unos años desdeñaban olímpicamente la teoría del cambio climático por considerarlo un ejercicio de ciencia-ficción?

Los Gobiernos de los países desarrollados empiezan a dar crédito a esta alarma mundial. El propio Ministerio español de Medio Ambiente incluye en su página web las estimaciones para 2050 de los efectos previstos del cambio climático en nuestro país. Según esos alarmantes cálculos, la temperatura media subirá 2,5 grados, las precipitaciones se reducirán un 10% y la humedad del suelo disminuirá en un 30%. Los valores y conceptos ecológicos han dejado de ser patrimonio de unos pocos pioneros pretendidamente atacados por la ansiedad, la exageración y la espontaneidad para incorporarse a los análisis científicos y a los programas de los Gobiernos.

No es que el mundo se esté rindiendo voluntariamente al discurso ecologista, es que la economía del sistema empieza a resentirse gravemente de los efectos del proceso, es que la realidad misma, la nueva realidad, obliga a reconsiderar los modelos. Con las resistencias lógicas que entrañan los cambios de gran envergadura (Kioto), comienza a abrirse paso una nueva mentalidad que ya no mira al río como a un puro canal de H2O, al bosque como a un simple almacén de madera y al acuífero como al depósito que se puede perforar impunemente, 100, 500, 1.000 metros, hasta extraerle sus entrañas. Ahora se descubre que el río está compuesto también de elementos sólidos: arenas necesarias para la conservación de las playas y nutrientes indispensables para la vida de los deltas y de las praderas marinas que nos aseguran la pesca; se comprueba que las formaciones boscosas son, en realidad, los mejores embalses porque guardan y filtran espaciadamente el agua, frenando las crecidas e inundaciones.

En el límite con el desierto

Hay una lógica económica, antes que ideológica-ecológica, que se fundamenta en la constatación de que los viejos modelos de desarrollo conducen a la ruina y al desastre, en la seguridad empírica de que recuperar lo sacrificado en el altar de lo que fue progreso y ya no es tal resulta a veces imposible y siempre enormemente costoso. Quienes pueden permitírselo, los países ricos, se aprestan a salvar su patrimonio natural -lo que no les impide trasladar al Tercer Mundo sus industrias contaminantes- y cabe pensar que dentro de unas décadas los ríos-cloacas quedarán asociados al paisaje de los países pobres incapaces de reaccionar. Aunque los correctores lexicográficos automáticos de español refutan todavía, por extraño, el vocablo "sostenibilidad", ésa y no otra es la palabra clave de los tiempos venideros.

Sin necesidad de apuntarse al catastrofismo -ya hay bastante dramatismo artificioso en la confrontación territorial y política española por el agua-, la realidad es que nuestro sistema se nos está haciendo cada vez más vulnerable e insostenible y que frente a una demanda-exigencia de agua progresivamente mayor -crece a un ritmo del 13% anual- seguimos disponiendo de los mismos recursos: unos 110.000 hectómetros cúbicos potenciales, de los cuales únicamente son aprovechables directamente el 9%. Ese caudal limitado -menguante, cabría decir, a tenor del promedio de lluvias de los últimos años- está condicionado, además, por una orografía imposible y un régimen pluviométrico diabólicamente irregular que divide radicalmente a la Península entre la franja húmeda del norte y el resto seco.

"No es que llueva mucho menos que en el resto de Europa", aclara Adrián Baltanás, director de la empresa pública Acuamed, encargada de gran parte del centenar de actuaciones (plantas de desalinización, reutilización de aguas residuales, modernización de regadíos, mejora de abastecimientos, aprovechamiento de aguas subterráneas) encaminadas a sustituir el frustrado proyecto del trasvase del Ebro. "Si consideramos el agua que revierte en los cauces y ríos (las escorrentías), nosotros disponemos de unos 2.700 metros cúbicos (cada metro cúbico son 1.000 litros) por habitante y año, mientras que la media europea es de unos 3.000. Nuestro gran problema es la irregularidad temporal y geográfica con que llueve, y la elevada evaporación, claro".

La gran paradoja del caso español es que los productos más rentables, los que brillan en los supermercados europeos, se cultivan precisamente en el arco mediterráneo, allí donde llueve muy poco, en áreas como Almería y Murcia, las más secas del continente europeo, cuyos índices de pluviosidad les equiparan con el desierto. "El año hidrológico nos ha dado 150 litros por metro cuadrado, cuando la referencia que se establece para fijar el límite con el desierto es de 250 litros por metro cuadrado", indica Manuel Aldeguer, comisario de la cuenca del Segura. Es una contradicción irresoluble porque las ventajas de los cultivos mediterráneos, dos, tres y hasta cuatro cosechas al año, se derivan de la alta disponibilidad solar, las elevadas temperaturas medias y la ausencia de heladas.

Entre medio millón y un millón de pozos

"Producimos cuando el resto de la agricultura de Europa está parada, y ésa es nuestra ventaja, el valor añadido. España es un minicontinente capaz de producir de todo, desde papaya hasta leche, pasando por maíz", subraya el secretario general para la Agricultura, Fernando Moraleda. El peso económico del arco mediterráneo se evidencia en el valor que obtienen sus exportaciones agrarias: más de 800.000 millones de pesetas en 2000, el 68% nada menos de las exportaciones agrícolas de toda España. Claro que si hablamos de Almería -el 16% de la superficie cultivada en esa provincia es de invernadero, bajo plástico-, la principal contrapartida ecológica es el vaciamiento y contaminación del gran acuífero del Campo de Dalias, que recoge las aguas de Sierra Nevada. La voz de alarma, lanzada años atrás cuando el cultivo bajo plástico alcanzó las 9.000 hectáreas, no ha impedido la continua sobreexplotación de ese acuífero y la extensión del invernadero, que hoy alcanza las 27.000 hectáreas, el equivalente a 54.000 campos de fútbol.

A la extensión continuada de los cultivos -con 3,5 millones de hectáreas, España dispone de la mayor superficie de regadíos de toda Europa-, se suma el incremento de las urbanizaciones en un área que acoge a buena parte de los 45 millones de turistas internacionales y en la que el consumo de agua ha aumentado un 30% en los últimos cinco años. Por los estudios realizados en Lanzarote se sabe que los turistas utilizan una media de 230 litros de agua por persona y día, frente a los 150-160 litros de la población española. De acuerdo con los datos de 2003, la densidad de población en las cuencas del Mediterráneo (155 habitantes por kilómetro cuadrado) está a punto de duplicar a la media nacional (86,1 habitantes por kilómetro cuadrado).

Tal y como establecen los informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y proclama a diario la evidencia misma, en España existe "un desequilibrio agudo entre la oferta y la demanda", un desequilibrio acelerado entre lo disponible y lo necesario que ni todos los proyectos de nuevos embalses y trasvases pueden ya por sí mismos resolver. Entre otras razones, y al margen del impacto ambiental que conllevan las grandes obras, porque se ha demostrado que la política de allegar nuevos recursos hídricos a zonas de escasez crea nuevos consumos y demandas que superan las nuevas disponibilidades. Las meras expectativas de agua en las zonas costeras del levante y el sur español disparan automáticamente proyectos de urbanización y de extensión de regadíos en una dinámica aparentemente sin fin. "Detrás de la pancarta clásica: 'El campo español se muere de sed', lo que encontramos, a menudo, son intereses especulativos inmobiliarios", sostiene Pedro Arrojo, profesor de Análisis Económico, presidente de la Fundación Nueva Cultura del Agua y premio Goldman para Europa.

Insumisión hidrológica

Contra la práctica establecida en la cultura tradicional del campo -"la acequia para el riego y el pozo para la sequía", es un dicho clásico de la huerta valenciana-, las aguas subterráneas, que sostienen el caudal mínimo de los ríos, están siendo utilizadas como recurso sistemático para resolver ese agudo desequilibrio entre oferta y demanda. Suponen más del 30% de las utilizadas en los regadíos y son las grandes desconocidas. El especialista en aguas subterráneas y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid en Hidrología Fernando López Vera calcula que en España hay en estos momentos entre 500.000 y un millón de pozos, en su gran mayoría no declarados. "Pero, en realidad, nadie sabe lo que hay", dice, "porque manejamos información de los años ochenta. ¿Y cómo vamos a intervenir", pregunta, "si no sabemos a ciencia cierta qué es lo que tenemos delante?". Es una preocupación que comparte plenamente el secretario general para el Territorio y la Biodiversidad, Antonio Serrano. "En efecto, en el terreno estadístico hay un desbarajuste notable; no tenemos datos muy fiables", reconoce, "puesto que los diversos estudios disponibles dan resultados muy distintos".

La Ley de Aguas de 1985 estableció que las aguas subterráneas, consideradas de propiedad privada desde el Derecho romano, pasaran a ser de dominio público, exactamente igual que las superficiales. Pero los legisladores no se atrevieron a aplicar ese enunciado de forma retroactiva e incluyeron un artículo transitorio en virtud del cual los dueños de los terrenos conservan la propiedad privada de los pozos, y del agua, construidos con anterioridad a la fecha de promulgación de la ley. "En la práctica, lo que ocurre es que la gente sigue perforando pozos que no declara y que si se les detecta, les basta con argumentar que el pozo es anterior a 1985", afirma Fernando López Vera.

A su juicio, compartido por otros expertos, la ley es de difícil aplicación y habría que cambiarla. "Como los pozos siguen siendo de uso privado", explica, "se necesita una orden judicial para poder inspeccionarlos, así que cada cual hace lo que la da la gana y los que cumplen con la ley aparecen desasistidos. Tenemos una situación de insumisión hidrológica y una Administración impotente, porque las confederaciones hidrográficas se inhiben a menudo por falta de medios o de voluntad", asegura el catedrático de Hidrogeología. Mientras charla con el periodista, Fernando López Vera recibe la noticia de que en la cuenca del Segura hay 85.000 hectáreas nuevas de regadíos ilegales alimentadas con aguas subterráneas.

Las vertientes del conflicto

Aunque los responsables de las confederaciones hidrográficas no comparten, por lo general, esta imagen de desgobierno, pocos niegan la conflictividad que rodea, particularmente, el uso de las aguas subterráneas. Las perforaciones ilegales y los "robos" en acequias y conducciones que, en ocasiones, transforman en un páramo plantaciones y fincas de tradición centenaria, están en el fondo de muchos de los litigios que llegan a los tribunales. Según López Vera, sólo en los juzgados de Ciudad Real debe de haber entre 2.000 y 3.000 expedientes relacionados con el agua. A la lentitud de la justicia se unen en este caso las dificultades probatorias que implica todo lo relacionado con el agua. "Es difícil probar que había agua donde ya no hay", apunta el presidente del Colegio de Geólogos, Luis Eugenio Suárez.

Aunque en un país como España el agua ha sido siempre un elemento conflictivo -"en otros tiempos se tiraba de escopeta si el vecino te robaba el agua", comenta el director general del Agua, Jaime Palop-, el asunto está adquiriendo últimamente una dimensión extraordinaria. A la conflictividad vecinal por el agua hay que sumar la confrontación entre comunidades autónomas con intereses divergentes -las diferencias entre Castilla-La Mancha y Murcia y Valencia no son el único caso-, así como la polémica abierta entre las comunidades del PP y el Gobierno central por la derogación de la ley del trasvase del Ebro.

El hecho de que el modelo de organización por cuencas fluviales, modelo inventado por España y adoptado universalmente, no coincida con la estructura autonómica tampoco facilita las cosas. "Hay un divorcio entre la gestión de cuenca y el ámbito autonómico, pero tenemos que intentar que las autonomías se sientan en las confederaciones hidrográficas como en su propia casa", afirma Jaime Palop. El agua se ha convertido en un problema de primera magnitud que condiciona drásticamente el modelo de desarrollo agrícola, puesto que la agricultura consume hoy el 80% de los recursos disponibles.

Hasta el 2008 el Ministerio de Medio Ambiente invertirá 82 millones de euros para paliar los efectos de la desertificación

Hasta el 2008 el Ministerio de Medio Ambiente invertirá 82 millones de euros para paliar los efectos de la desertificación El Mundo, 17-6-2005

MADRID.- El Ministerio de Medio Ambiente destinará durante el período 2005-2008 más de 82 millones de euros para paliar los efectos de la desertificación, un mal que ya afecta a más de un tercio de la superficie de España. La Comunidad Valenciana, Murcia y CANARIAS están ya en situación de riesgo muy alto de que la desertificación afecte al 100% de su territorio.

Para realizar las actuaciones oportunas, Medio Ambiente suscribirá acuerdos con Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura, Galicia, La Rioja, Madrid, Murcia y Valencia.

Según la información facilitada por este Departamento, las Comunidades en las que el riesgo de desertización es menor son las de Asturias, Galicia (en las que ese riesgo es nulo), Cantabria (el 0,28% del territorio presenta un riesgo bajo) y el País Vasco (el 6,69 del suelo tiene un riesgo medio).

Con la mayoría de su superficie en riesgo muy alto están Cataluña, CANARIAS (la que más, con el 68'5% de todo su territorio), Murcia y la Comunidad Valenciana, mientras que regiones como Andalucía o Madrid tienen un riesgo alto. En situación de riesgo moderado están Aragón, Baleares, Castilla La Mancha, Extremadura, La Rioja y Navarra.

En vísperas del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación, el Ministerio de Medio Ambiente pretende llamar la atención sobre esta realidad, que en España afecta principalmente a las regiones de Andalucía, Murcia, Valencia y Canarias. Los factores climatológicos, naturales y humanos inciden en el desarrollo de la desertificación en todo el país. Para mitigar este proceso, según Medio Ambiente, desde la Dirección General para la Biodiversidad se están llevando a cabo distintas actuaciones, como la implantación de cubierta vegetal protectora y fijadora de suelos.

Asimismo, se está trabajando en un Inventario Nacional de Erosión de Suelos, para cuantificar y reflejar cartográficamente los principales procesos de erosión del suelo; una Red de Estaciones Experimentales de Seguimiento y Evaluación de la Erosión, y un Programa de Acción Nacional contra la Dertificación.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la desertificación amenaza en la actualidad a la cuarta parte de las tierras del planeta, a 250 millones de personas y el sustento de más de 1.000 millones de habitantes de 100 países, debido a la disminución de la productividad agrícola y ganadera.

La realidad del cambio climático en España y sus principales impactos ecológicos y socioeconómicos

La realidad del cambio climático en España y sus principales impactos  ecológicos y socioeconómicos Francisco Ayala
Asesor científico del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) de la ONU

El cambio climático en España: una realidad

El Cambio Climático por aumento del efecto invernadero, tratado habitualmente como una posibilidad seria por estar científicamente fundada, pero necesitada aun de elementos suficientes de confirmación (Balairón, 2000; IPCC, 2001), de acuerdo con lo que se deduce del análisis de los datos actualmente disponibles , parece haber comenzado ya en España.

Los elementos que configuran esta realidad, obtenida del análisis de los datos de 38 observatorios meteorológicos de la red principal distribuidos por toda la España Peninsular (Instituto Nacional de Meteorología, 2002), una vez excluidos los afectados por perturbaciones como la “isla de calor” de las grandes ciudades, y los carentes de un número suficiente de datos, son los siguientes.

a) Subida media de la Temperatura media anual en la España Peninsular en el periodo 1971-2000 : 1,53 ºC. La temperatura ha subido en 36 de los 38 observatorios analizados de forma estadísticamente significativa al 95 %.

Dado que las predicciones máximas de los modelos climáticos son -para el siglo XXI- de hasta unos 0,4 ºC de aumento por década para el siglo XXI ( Parry et al. 2000 ), 1,2 ºC para 30 años, la realidad observada para el periodo 1971-2000 sugiere que estas tasas máximas previstas se estarían superando hoy un 27,5 %, que el problema es más grave de lo que suponíamos, y que puede llegarse a mediados de siglo con una subida mínima de temperatura respecto a 2000 de 2,50 ºC y probable en torno a los 3,5 ºC dado el aumento previsible de gases invernadero, 1-2 ºC más de lo que pensábamos hace unos pocos años. Ya el meteorólogo Carlos Almarza, del Instituto Nacional de Meteorología, advirtió en 2000 que el aumento de temperatura en Madrid en el último siglo y medio, descontado el efecto de isla térmica, había sido un 50 % superior a la media del Hemisferio Norte (Almarza, 2000). Esto supone que hemos entrado en una clara africanización del clima peninsular en España, ya que el cuarto meridional del país tiene ya temperaturas medias iguales a las del norte de Marruecos hace un cuarto de siglo, y a mediados de siglo, las tendrá toda la mitad sur.

b) Precipitación anual: sin cambios o a la baja mayoritariamente donde hay tendencia estadísticamente significativa. Un análisis de los datos del Instituto Nacional de Meteorología para la media de precipitación en España en el periodo 1947-1999, indica que no se observa aun una tendencia estadísticamente significativa; sin embargo, la tendencia de la precipitación estacional en invierno, componente principal de la anual en gran parte del país, y principal fuente de generación de recursos hídricos, indica una clara tendencia decreciente, estadísticamente significativa al 95%. Por tanto, El descenso de la lluvia previsto en los modelos parece haber comenzado.

c) Humedad relativa del aire: a la baja donde hay tendencia estadísticamente significativa.

d) Número de días de nieve anuales: a la baja sin excepción.

e) Nº de días con Temperatura media mayor de 25ºC, al alza sin excepción. Esto indica una clara tendencia al aumento de las olas de calor, tanto en frecuencia como en severidad.

f) Temperaturas máximas anuales y mínimas anuales: al alza sin excepción.

g) Nivel medio del mar (Alicante): la tasa anual de subida se ha multiplicado por 3 en la década 1990-2000 (3,875 mm/año) respecto a la década 1980-1990 (1,345 mm/año). Fenómenos similares se han producido en el Cantábrico.

Este conjunto de hechos constituyen una primera aproximación al problema, claramente significativa, que debería alertar a todos los que tienen que ver con el Clima o sus efectos. El resultado coincide con una apreciación ampliamente extendida entre la población de que el clima “No es como antes”. Dado que se trata de un proceso en marcha, una primera repercusión de esta realidad debería ser la incorporación de este aspecto en cuantos planes, programas y proyectos, públicos y privados, puedan resultar afectados de forma significativa por el mismo.

Impactos ecológicos y sobre recursos agrarios e hídricos

Gran parte de los impactos, bien a nivel global (IPCC, 2001; Watson, 2001), bien a nivel regional (Karas, 1997), han sido ya identificados.

Ecosistemas forestales:

a) Ralentización del crecimiento y productividad debido al claro aumento del estrés hídrico.

b) Aumento de la peligrosidad (y frecuencia en los naturales) de los incendios forestales por la mayor temperatura y sequedad del aire c) La menor productividad conlleva inevitablemente un aumento de la vulnerabilidad de las especies animales asociadas y el descenso de la caza salvaje, así como un descenso de la materia orgánica en los suelos forestales, que realimenta una menor productividad d) El aumento de temperatura conllevará inevitablemente un corrimiento altitudinal de las zonas de vegetación; esto puede conllevar tanto la destrucción de endemismos de la zona sin vegetación más alta, como la conversión a estepa de algunas zonas bajas actualmente forestadas.

Humedales:

La disminución de los recursos hídricos, el aumento de temperaturas y la disminución de la humedad del aire, conllevan menores láminas de agua por el severo aumento de la evaporación ; pueden darse graves crisis ecológicas especialmente en humedales de alimentación pluvial dominante (Ayala-Carcedo, 2002).

Recursos hídricos:

El mero aumento de temperatura, a igualdad de lluvia, conlleva inevitablemente un claro aumento de la evapotranspiración a través de suelos y plantas, y por tanto una reducción de los recursos disponibles. Esta reducción ha tenido que darse ya, lo que cuestiona algunas restituciones de aportación a régimen natural realizadas en algunas cuencas por los organismos hidrográficos que no muestran tendencia a la reducción y que han sido utilizadas para el Plan Hidrológico Nacional (PHN) 2002.

Este descenso generalizado de recursos, evaluado ya desde 1996 (Ayala-Carcedo, 2003) cuestiona en profundidad tanto los planteamientos económicos -menos recursos sobre los que repercutir los costes de obras hidraúlicas- como ecológicos de no pocas actuaciones del PHN (Arrojo y del Moral eds., 2003). El caso del Trasvase Ebro-Costa Mediterránea es especialmente relevante, ya que la disminución de recursos en la cuenca del Ebro, aunada a la aceleración de la subida del nivel del mar -y por tanto la mayor penetración de la cuña salina Ebro arriba hacia Tortosa, lo que implica la necesidad de asegurar mayores caudales en el río para impedir dicha penetración-, colocan esta obra en un campo claramente marginal en lo económico frente a otras alternativas, y con graves repercusiones ecológicas ( Vid. Arrojo, y del Moral edits., 2003).

El descenso de recursos, junto a la pérdida de productividad de los ecosistemas naturales tierra adentro, conllevará un descenso de los recursos pesqueros y la productividad de los ecosistemas marinos, volviéndolos más vulnerables ante la contaminación marina.

Costas:

Agravamiento generalizado del retroceso de costas y deltas y erosión de las playas por la triple combinación de : a)Subida del nivel del mar debida a la expansión térmica del agua derivada de una mayor temperatura b)Descenso de los recursos hídricos portadores de sedimento c) Sobrerregulación de los ríos. Esto hace que las políticas de aguas y costas deban estar vertebradas, debiendo sujetarse la primera a los requisitos ecológicos impuestos por la segunda. Una de las consecuencias de estos hechos previsibles puede que sea probablemente la revisión al alza del límite de 100 metros de dominio público marítimo-terrestre para la construcción en zonas costeras, ya que el ascenso previsto para mediados de siglo, unos 20 cm al menos, supone en numerosas zonas la invasión marina de esta franja de dominio público.

Agricultura:

a) Descenso de la productividad de los secanos y pastos por el aumento del estrés hídrico y las rachas de sequía.

b) Aumento de la vulnerabilidad de frutales por el adelanto de la floración, debido a las heladas tardías.

c) Mayor vulnerabilidad de los suelos a la salinización

d) Probablemente, una mayor incidencia de diversas plagas agrícolas. Algunos aspectos de estos impactos, han sido analizados por Shafer y Mjedle (1994) e Iglesias (1995).

Impactos en sectores económicos y sociales

a) Aumento de las olas de calor en frecuencia, persistencia y severidad con su cortejo de efectos asociados: muertes de personas, incendios forestales, descenso del turismo etc. Cabe recordar, en España, las olas de calor veraniegas de 1995, con 93 muertos, y la de 2003, con 141 muertos y graves incendios, los fenómenos con mayor mortalidad de la última década.

b) Penetración de infecciones exóticas propias de zonas más cálidas y agravamiento de infecciones debidas a legionella y similares.

c) Descenso de los consumos energéticos para calefacción –uno de los efectos positivos del Cambio Climático- y aumento severo de los de refrigeración / acondicionamiento. Dado que estos segundos implican consumo de energía eléctrica, frente al uso directo del combustible en la calefacción, y los rendimientos en la conversión de energía térmica en eléctrica, menores del 50%, esto implicará un aumento neto de las emisiones de gases invernadero y, por tanto, una dificultad adicional para el ya problemático cumplimiento del Protocolo de Kioto, que obliga jurídica y económicamente a España a limitar el aumento de emisiones de gases invernadero para 2012 al 15% sobre las de 1990 (en la actualidad, se lleva un aumento del 38%).

d) Aunque algunos estudios pronostican un aumento de la frecuencia y severidad de los riesgos tipo inundación (Easterling et al., 2000), no se detecta aun en España una tendencia estadística suficientemente significativa que permita hacer un pronóstico.

Una parte de los nuevos riesgos puede ser neutralizada a través de contramedidas adecuadas. Así, en el sector agrícola, mediante el cambio de variedades o especies mejor adaptadas al nuevo clima o cambio en los sistemas y calendario de laboreo. Lo mismo puede decirse en el sector energético, aunque es dudoso sean suficientes para permitir el cumplimiento del Protocolo de Kioto tras el escaso interés en el tema de los gobiernos que han seguido a la firma del Protocolo.

Una exposición de medidas para frenar el Cambio Climático, poco priorizadas e insuficientes en mi opinión, puede verse en la Estrategia Española sobre cambio climático para el cumplimiento del protocolo de Kioto recientemente aprobada en 2004 por el Consejo Nacional del Clima, un primer paso, modesto, en la dirección adecuada.

Referencias

· Almarza, C. (2000). Respuesta al Calentamiento Global de la serie de temperatura media anual de Madrid. Actas de la II Asamblea Hispano-Lusa de Geodesia y Geofísica..

· Arrojo, P. y del Moral, L. edits. (2003). La Directiva Marco del Agua: realidades y futuros.III Congreso Ibérico de Planificación y Gestión del agua. Fundación Nueva Cultura del Agua, Zaragoza, 585 pp.

· Ayala-Carcedo, F.J.(2003). Impactos del Cambio Climático sobre los recursos hídricos en España y viabilidad física y ecológica del Plan Hidrológico Nacional 2001. En Arrojo y Del Moral eds. La Directiva Marco del Agua: Realidades y Futuros. Fundación Nueva Cultura del Agua, Zaragoza, 253-271.

· Ayala-Carcedo, F.J. (2002). Notas sobre impactos físicos previsibles del Cambio Climático sobre los lagos y humedales españoles. En del Moral ed. III Congreso Ibérico de Planificación y Gestión de Aguas, Sevilla, Fundación Nueva Cultura del Agua, 360-364.

· Ayala-Carcedo, F.J. y Piserra, M. (2000). Impacto potencial del Cambio Climático sobre la economía y los seguros en Europa. Gerencia de Riesgos y Seguros, MAPFRE, Año XVII, 69, 15-20

· Balairón, L. edit. (2000): El Cambio Climático, El Campo de las Artes y las Ciencias , 137, Servicio de Estudios del BBVA.

· Easterling, D.R.; Meehl, G.A.; Parmesan, C.; Changon, S.A.; Karl, T.R. & Meams, L.O. (2000). Climate Extrems: Observations, Modelling and Impacts. Science, 289, 2068-2074.

· Iglesias, A. (1995), La influencia del cambio climático sobre los cultivos, El Boletín, Mº de Agricultura, Pesca y Alimentación, Madrid, 21, 16-24.

· Instituto Nacional de Meteorología (2002). Valores normales y estadísticos de observatorios meteorológicos principales (1971-2000). Vols. 1-5.

· IPCC (2001). Third Assessment Report on Climate Change. United Nations (hay versión en la red ).

· Karas, J. (1997). El Cambio Climático en la Región Mediterránea. Greenpeace.

· Parry, M.; Parry, C. y Livermore, M. (edit.)(2000), Valoración de los efectos potenciales del cambio climático en Europa (Informe ACACIA de la Comisión Europea, Resumen y conclusiones), Universidad de Castilla-La Mancha-Iberdrola, Toledo, 29 pp.

· Peñuelas, J. 2004. El avance de la primavera y las asincronías entre especies llegan también a España. Investigación y Ciencia , Prensa Científica, Barcelona, 330, 74-75.

· Shafer, C.E. & Mjedle, J.W. ( 1994). Weather, Agricultural Production and Prices. En Griffiths ed. Handbook of Agricultural Meteorology, Oxford University Press, NY, 299-308.

· Watson, R.T. ed. (2001). Climate Change 2001: Synthesis Report..Cambridge University Press, 700 pp.

Cambio climático

Cambio climático Antonio Pérez Henares

Los cambios de clima no son ninguna novedad en la historia de la Tierra. Han sido su constante vital. Y han sido, en ocasiones, terribles y traumáticos. Han supuesto el exterminio de innumerables especies y han propiciado el florecimiento de otras tantas. En nuestra Península, y sin necesidad de remontarnos ni al Pleistoceno ni al Jurásico, sino en esta misma era cuaternaria, hubo momentos en que los hipopótamos y los elefantes se bañaban en el Manzanares bajo un ardiente sol tropical y periodos gélidos en que los mamut se paseaban por Granada y los iceberg navegaban por el estuario del Tajo.

Entonces, ¿por qué asusta tanto a los científicos este cambio que parece estar echándose encima? La explicación es que, en este caso, el cambio no es natural, sino que está siendo artificialmente provocado por la mano del hombre, y por ello, por su artificio, parece estarse produciendo con inusitada velocidad y con efectos que pueden ser más demoledores.

Sin embargo, y a pesar de las alarmas científicas cada vez más insistentes, la sociedad no parece motivarse por el asunto al que ve, como poco, lejano y hasta ajeno. Como si con ellos no fuera. La extinción de una especie o la amenaza sobre un determinado hábitat les conmueve porque son capaces de verlo y de sentirlo, pero esto del cambio climático les suena a hipótesis futura. Y no. Esta ahí, llamando a la puerta, y aunque no queremos oírlo, nos la va a acabar tirando abajo.

Cambio climático: Canarias amenazada

Cambio climático: Canarias amenazada Canariasemanal.com, octubre 2004, n. 0

Celia Rodríguez Santamaría

Hasta hace bien poco parecía un peligro remoto. Pensábamos que aun cuando el cambio climático se produjera, sus efectos no nos afectarían ni a nosotros ni a nuestros hijos. Contribuían a alejar nuestros temores las declaraciones de numerosos “expertos”, generalmente afines a las esferas empresariales o de los gobiernos, que trivializaban las advertencias de los ecologistas y de algunos científicos, calificándolas de catastrofistas.

Su optimismo se sostenía en que, supuestamente, los avances de la ciencia y de la técnica – por si solos – solventarían los posibles “efectos secundarios” del crecimiento económico de Occidente. Los medios de comunicación, la mayoría dependientes económicamente de estas esferas de poder, ayudaron a disipar los posibles temores de la gente. El objetivo ha sido, y continúa siendo, ocultar o tergiversar la auténtica naturaleza de lo que se avecina.

Hoy, sin embargo, resulta difícil atreverse a negar la evidencia de la amenaza. Las manifestaciones de la crisis climática son cotidianas. Un reciente estudio de la Agencia Europea de Medio Ambiente ha constatado que los efectos del cambio climático pueden apreciarse ya en Europa en forma de tormentas, inundaciones, sequías y "otras condiciones meteorológicas extremas, cada vez más frecuentes y económicamente gravosas". De entre los países europeos, España y Portugal –frontera sur del continente- serán los más afectados por los efectos del calentamiento. El problema ha resultado ser mucho más grave de lo que se había calculado. A mediados del presente siglo sus temperaturas medias pueden llegar a incrementarse entre 2,5 y 3,5 grados centígrados en relación a las actuales. Pero si el futuro inmediato de la Península Ibérica no resulta muy esperanzador, el del Archipiélago Canario se presenta aún más inquietante. Dada su particular situación geográfica, cualquier alteración brusca, como una disminución de las precipitaciones, podría generar en las islas un proceso de desertificación de catastróficas consecuencias económicas y sociales.

EL “EFECTO INVERNADERO” COMO ORIGEN DEL CAMBIO CLIMÁTICO

La atmósfera terrestre está compuesta por una mezcla de gases (principalmente Oxígeno y Nitrógeno) entre los que se encuentran los que generan el “efecto invernadero”: dióxido de carbono, metano, dióxido de nitrógeno, etc. Estos gases absorben una parte del calor solar devolviéndolo luego a la superficie terrestre. Gracias a este proceso –que aminora las variaciones térmicas - la temperatura media de la Tierra es de unos 15 Cº. Sin una atmósfera que realizara esta función sería de unos -18 Cº. Por lo tanto, lo que se ha dado en llamar “efecto invernadero” es un fenómeno natural sin el cual no sería posible la vida en la Tierra tal y como la conocemos. Sin embargo, el Dióxido de Carbono (CO2) o el Metano no se introducen en la atmósfera solo por causas naturales sino también como consecuencia de la actividad humana. Actualmente, casi nadie se atreve a cuestionar que es esta actividad la que ha añadido un exceso de “gases invernadero” a la atmósfera provocando las alteraciones climáticas. Según el IPCC*, “un cambio discernible de influencia humana sobre el clima global ya se puede detectar entre las muchas variables naturales del clima”.

Más de las tres cuartas partes del CO2 que se concentra en la atmósfera tiene su origen en el consumo que se hace en unos pocos países del Primer Mundo de los combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo) del Planeta. El uso masivo de estas fuentes de energía no renovables ha aumentado la concentración de CO2 en la atmósfera en un 30% con respecto a los niveles preindustriales. Si su utilización continuara incrementándose al ritmo actual, a finales del presente siglo se llegaría a un aumento del 100%. Ni siquiera la constatación de que las reservas de petróleo y las de gas natural son claramente insuficientes para sostener durante mucho tiempo el crecimiento de la producción energética es capaz de detener esta escalada destructiva.

Por otro lado, también la deforestación desempeña un papel fundamental en la concentración de CO2. Los bosques actúan como “sumideros” naturales, ya que las plantas absorben Dióxido de Carbono durante su crecimiento. Los incendios destruyen este elemento de autorregulación y liberan el CO2 almacenado. Para comprender la magnitud de este proceso basta señalar que durante el siglo XX se destruyó el 60% de los bosques tropicales y que, cada año, se queman o talan cinco millones de hectáreas de selva, dos millones de bosque mediterráneo y diez millones de coníferas.

CONSECUENCIAS PLANETARIAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Quizá el más conocido de los efectos del cambio climático sea el calentamiento global del Planeta. Los años noventa fueron los más calurosos desde que comenzaron a registrarse las temperaturas y la velocidad del calentamiento es actualmente de casi 0,2 grados por década. Según la mayoría de los estudios científicos, en los próximos 100 años se producirá un incremento global de entre 1.5 y 5.8 Cº. Lógicamente se trata de datos aproximativos, pero las revisiones al alza de las primeras cifras que se habían calculado indican que el fenómeno no deja de agravarse. En cualquier caso este aumento de temperatura sería el más rápido en los últimos 10000 años y haría muy difícil la adaptación de los ecosistemas del Planeta. Los conocimientos actuales son suficientes para pronosticar que, en muchos casos, ésta adaptación no se producirá. Se estima que de una quinta parte al 65% de los bosques boreales pueden desaparecer. Y, según un estudio reciente publicado en la revista Nature, más de un millón de especies podrían extinguirse antes del 2050. Jamás nuestra civilización ha tenido que enfrentarse a una amenaza semejante.

El calentamiento del Planeta está provocando ya la fusión de la capa de hielo de los casquetes polares y el subsiguiente aumento del nivel del mar -unos 88 cm a finales de este siglo- podría inundar muchas islas y ciudades costeras. Además, estas crecidas invaden las desembocaduras de los ríos, las zonas fértiles, salinizando muchos acuíferos y reduciendo las reservas de agua potable. A lo largo de este siglo, más de cien millones de personas pueden verse afectadas directamente por estas secuelas del cambio climático. Comoquiera que en el suelo helado de las áreas boreales se concentra una gran cantidad de metano –cuyo efecto sobre el recalentamiento global es muy superior al del CO2- si la descongelación de estos territorios no se detiene, su liberación acelerará enormemente el ritmo de este proceso.

En las próximas décadas aumentarán la frecuencia y la dureza de las olas de calor, que sólo en el año 2003 causaron la muerte de unas 30000 personas en los países de la Unión Europea.

La excesiva evaporación generada por el incremento de las temperaturas contribuirá a modificar los ritmos de las lluvias. Las masas de aire caliente absorben gran cantidad de vapor de agua que más tarde se descarga en forma de violentas precipitaciones. Por lo tanto, las altas temperaturas no provocarán solamente una intensificación de las sequías; sino también al aumento de las lluvias torrenciales. La agricultura y la ganadería de grandes zonas del Planeta pueden resultar arruinadas por el efecto combinado de ambos fenómenos.

Lo que hace no mucho tiempo era una fundada predicción científica se ha convertido en los últimos años en una realidad. En el 2003, los desastres naturales causados por fenómenos climáticos extremos se multiplicaron por 7. En el 2004, todo apunta a que la devastación que están provocando los ciclones, huracanes y tormentas superará con creces las pérdidas personales y materiales del pasado año.

Pero no solo la agricultura y la pesca sino todos los ecosistemas terrestres y acuáticos y, por lo tanto, el conjunto de las actividades socioeconómicas básicas y la salud humana se verán gravemente afectados. La Organización Mundial de la Salud ha alertado de que el cambio climático conllevará la reaparición y extensión de enfermedades infecciosas como la malaria, el dengue o la fiebre amarilla y una significativa pérdida de vidas humanas.

Muchos otros impactos son aún difíciles de prever, pero lo que sí se sabe con certeza es que no se manifestarán aisladamente. Ya en 1966, el biólogo Barry Commoner alertaba de que “el medio ambiente es un sistema complejo, delicadamente equilibrado, y este conjunto íntegro recibe el impacto de todas las agresiones infligidas separadamente por los agentes contaminadores… sus efectos acumulativos, sus acciones interdependientes y su amplificación, pueden ser fatales para la compleja trama de la biosfera”.

Commoner llegaba a finales de la década de los sesenta a conclusiones similares a las que, en el año 2003, se exponían en un informe sobre el estado del Mundo elaborado por el Instituto Wordswatch “a no ser que se produzca un cambio radical, la capacidad de la biosfera de la Tierra para albergar vida – incluyendo la humana – no podrá garantizarse por muchos años”.

EL CAMBIO CLIMÁTICO EN CANARIAS: EL IGNORADO PROTOCOLO DE KYOTO

Aunque puede hablarse con total propiedad de las “consecuencias globales del cambio climático”, sus impactos serán bastante dispares en unas y otras regiones de la Tierra. A la hora de evaluar la gravedad y magnitud que tendrá este cambio en cada una de ellas se deben tener en cuenta, al menos, dos factores fundamentales. La capacidad de los diferentes países para dar respuesta a los fenómenos climáticos más extremos y la situación geográfica de cada una de ellos. Como puede suponerse, serán los habitantes de las regiones más pobres –especialmente los del Sur- los que más sufrirán con las sequías, inundaciones, desplazamientos y hambrunas.

Pero, también entre los países del “Primer Mundo” la variable geográfica resultará fundamental. Al menos a muy corto plazo, aquellos que estén situados en altas latitudes podrían verse incluso beneficiados por unas temperaturas más suaves. En cambio, para los de bajas latitudes la elevación de las temperaturas se traducirá en: un mayor número de incendios, disminución de las reservas de agua, descenso de la productividad agrícola, etc.

En el caso del Archipiélago Canario, situado a escasos 100 Km del continente africano, la tendencia hacia la desertificación se manifestará intensamente, aunque ésta no será la única consecuencia negativa del cambio climático. Un incremento continuado de las temperaturas podría convertirse en detonante de un colapso del frágil e insostenible modelo económico impuesto en las islas, responsable a su vez de su feroz degradación medioambiental. Subordinar la economía de una región a un solo sector y tan inestable como el turístico, tal y como se ha hecho en Canarias, es de por sí bastante peligroso. Si además esto se hace en un territorio limitado y con unos ecosistemas tan frágiles como los del Archipiélago; y cuando la única “planificación” consiste en permitir el “crecimiento” ilimitado en beneficio de una depredadora clase empresarial, sin duda se están sentando las bases para reproducir las crisis económicas que han caracterizado toda nuestra historia.

En el Archipiélago Canario la “liberalización” del suelo ha dado rienda suelta al gran negocio de la especulación inmobiliaria que ha destruido, sistemáticamente, el suelo rústico, las zonas verdes y las costas de las islas.

La construcción de muelles deportivos, macro hoteles o campos de golf y la actividad asociada a estas instalaciones ha generado y continúa generando un consumo de energía desorbitado. La ingente cantidad de residuos que este consumo provoca desborda totalmente las posibilidades de tratamiento de las islas; por lo que, en muchos casos, se recurre a la incineración. Una de las prácticas que más gases de efecto invernadero incorpora a la atmósfera.

La política de gestión del agua, que prioriza también el abastecimiento del desproporcionado sector turístico y de una agricultura de exportación muy poco “ecológica”, somete los escasos acuíferos a una sobreexplotación e incrementa también el gasto energético de manera exponencial.

Para nuestra casta política, cuya connivencia con los sectores empresariales es bien conocida, los acuerdos internacionales que pudieran frenar este “crecimiento” no han supuesto ningún obstáculo. En 1997 el gobierno español firmó, junto a otros 38 países industrializados, el Protocolo de Kyoto. El compromiso de los representantes de la Unión Europea consistió en reducir la emisión de seis de los gases de efecto invernadero en un 8% entre los años 2008-2012 con respecto a los niveles de 1990. Sin embargo, a algunos países, que alegaron su escasa capacidad para reducir las emisiones, se les proporcionó un trato especial. Al Estado español se le permitió aumentar sus emisiones en un 15%. En el año 2003, ya había superando en casi un 40% los niveles de 1990. El archipiélago canario ha estado a la cabeza en la consecución de este lamentable record. Entre los años 1990 y 2000 la emisión de gases de efecto invernadero aumentó en Canarias en un ¡76,6%! (más que en cualquier otra parte del Estado).

En las Islas, un 49% de las emisiones de CO2 están generadas por el transporte; sobre todo por los vehículos privados. El censo de coches en Canarias supera las 1300.000 unidades, lo que significa que circulan casi 7 vehículos por cada 10 habitantes (datos del ISTAC). Pese a que estas cifras son más que alarmantes, no existen políticas ni presupuestos serios destinados a fomentar la alternativa del transporte público. Los hipócritas “días sin coche” celebrados cada año se combinan con la construcción de más carreteras y circunvalaciones que no pueden solventar los problemas de circulación, en tanto el parque móvil continúe aumentando.

Mientras, los canarios han empezado a sufrir algunos de los efectos del cambio climático. La ola de calor que afectó al Archipiélago entre los meses de julio y agosto del presente año fue, según el director del Centro Meteorológico de Canarias, “la más intensa que se ha conocido en Canarias”. El pasado verano se alcanzaron temperaturas de hasta 46 Cº en Lanzarote, 43Cº en Tenerife o 42Cº en el sur de Gran Canaria. Al menos 13 personas murieron como consecuencia de esta ola de calor.

Recientemente, un estudio realizado por la ULPGC estableció que las “mareas de algas” formadas por primera vez en aguas de Gran Canaria y Tenerife se originaron por una “combinación de condiciones climáticas inusuales hasta la fecha”. Según el profesor Antonio Ramos, se llegaron a dar en el mar temperaturas de 29,5 grados “tres por encima de la máxima temperatura registrada en los últimos 15 años”. Según los responsables del estudio este tipo de afloramiento puede convertirse en recurrente en el Archipiélago si las temperaturas continúan siendo tan elevadas. Y añadieron además que podrían reproducirse “otras bacterias más tóxicas que presentarían un riesgo para la salud humana”. No se trata, en este caso, de una manifestación espectacular del cambio climático, aunque sí ilustra hasta que punto son imprevisibles muchas de las consecuencias cuando se altera bruscamente el equilibrio de los ecosistemas.

En cualquier caso, lo que sí se puede predecir es que Canarias será una de las regiones donde más influirá este cambio. De alguno de los fenómenos extremos que hemos mencionado, como las lluvias torrenciales, hemos tenido ya trágicos adelantos, como las inundaciones en Tenerife en mayo del 2003.

Uno de los grandes peligros que tendremos que afrontar en el presente siglo será el progresivo aumento del nivel del mar. Ni siquiera es necesario imaginar escenarios apocalípticos de desaparición total de las islas (lo que por otro lado tampoco se puede descartar). Basta con pensar en el terrible impacto que incluso pequeños aumentos tendrían sobre nuestras playas y muelles, de los que tanto depende la actividad económica del Archipiélago.

Por otro lado, difícilmente el castigado sector agrícola de Canarias podría sobrevivir a un intenso proceso de desertización provocado por el efecto combinado de unas precipitaciones cada vez más escasas y el aumento en la evaporación del agua.

Si se suman a todos estos efectos una importante pérdida de biodiversidad y el fuerte incremento de la erosión de las islas, el panorama resultante no es, ciertamente, demasiado alentador. Y, desde luego, nada tiene que ver con el “paraíso de clima eternamente primaveral” que en las últimas décadas ha convertido a nuestro territorio en lugar de descanso para turistas británicos, alemanes o daneses.

Actualmente estamos viviendo una de las crisis más graves en el sector turístico y no parece que vaya a tener una pronta solución. ¿Qué sucederá en los próximos años si, como indican todos los datos, el ritmo del cambio climático continúa incrementándose? Y, ¿qué alternativas están planificando nuestros eximios políticos locales?

El pasado mes de mayo, el gobierno autónomo de Coalición Canaria mostró hasta que punto se interesa por el bienestar de sus ciudadanos, solicitando a Madrid un tratamiento especial para continuar superando el porcentaje de emisiones de gases recomendado para el Archipiélago.

¿QUÉ SE ESTÁ HACIENDO PARA DETENER EL CAMBIO CLIMÁTICO?

A nivel internacional, los síntomas cada vez más evidentes de lo que nos depara el futuro inmediato han hecho cundir la alarma. En los últimos años una acelerada toma de conciencia se ha generado en sectores cada vez más amplios de la sociedad. Muchos han empezado a actuar individualmente intentando cambiar sus hábitos de consumo y ahorro. En consonancia con esta nueva sensibilidad social, políticos profesionales e incluso los propietarios de las industrias más contaminantes se han transformado en ecologistas de nuevo cuño, incluyendo en sus respectivos discursos una inevitable alusión al “desarrollo sostenible”. ¿Pero, son sinceras estas declaraciones? Dejemos que los hechos se encarguen de responder a esta pregunta.

Los dirigentes políticos de todo el Mundo conocen desde hace al menos tres décadas lo que debería hacerse para intentar afrontar la crisis medioambiental. Los primeros estudios elaborados por el Club de Roma sobre este problema datan de finales de los años sesenta.

En 1972, la ONU se vio obligada a celebrar la primera cumbre de la Tierra. Desde entonces, las reuniones internacionales se han venido celebrando sin que ninguna de ellas sirviera para implementar medidas operativas capaces de frenar el grave deterioro al que está sometido el planeta.

En la Cumbre de Río de Janeiro, 1992, los líderes mundiales adoptaron, por fin, un “plan de acción para lograr un desarrollo sostenible”. Se realizaron numerosas y esperanzadoras declaraciones sobre la lucha contra el cambio climático, la protección de la biodiversidad o la erradicación de las sustancias tóxicas. La prensa internacional calificó el evento como el más importante de los celebrados hasta la fecha. Sin embargo, los grandes medios de comunicación prefirieron no hacerse eco del “desembarco” en la Cumbre del “Consejo Empresarial para el desarrollo Sustentable”, una asociación compuesta por 48 dirigentes de las mayores empresas de todo el Mundo. En realidad, el convenio sobre cambio climático firmado en Río de Janeiro por 181 países no estableció normativa vinculante alguna ni disposiciones efectivas. El “libre mercado, las nuevas tecnologías y el crecimiento económico” se mantuvieron como condiciones imprescindibles para alcanzar un “desarrollo sostenible” definido a la medida de los intereses representados por el Consejo Empresarial. En 1995, el Consejo se reorganizó, integrando esta vez a 150 empresas multinacionales de 27 países que participaron en la preparación de la Cumbre de Johannesburgo celebrada en el 2002. Así las cosas, no es de extrañar que el Plan de Acción aprobado en la ciudad africana propusiera como mecanismo para superar la degradación medioambiental una mayor “liberalización de los mercados”. Diferentes organizaciones internacionales han venido denunciando como la ONU ha abierto sus puertas a las más poderosas corporaciones multinacionales; que consiguen una y otra vez imponer sus propuestas de “autorregulación mediante códigos voluntarios de conducta”. Estas empresas, responsables directas de la destrucción medioambiental, comenzaron muy pronto a invertir una pequeña parte de sus beneficios en magníficas campañas propagandísticas destinadas a fabricarse una renovada imagen ecológica y a imponer un nuevo “ambientalismo empresarial”. Teoría en la que se plasma el deseo de subordinar el cuidado medioambiental a la “racionalidad” del mercado.

Un buen ejemplo de la hipocresía que se esconde tras estas lujosas propagandas lo ofrece la petrolera española Repsol. Recientemente, los responsables de la compañía hicieron público un comunicado en el que manifestaban su “preocupación ante los crecientes indicios de que la actividad humana está causando un impacto sobre el clima de consecuencias aún impredecibles”. Y se comprometían a “colaborar con las administraciones públicas de los países donde opera para facilitar el cumplimiento de los compromisos internacionales, singularmente el Protokolo de Kyoto”.

La realidad es que, en países como Argentina o Ecuador, Repsol IPF, además de despreocuparse totalmente de sus ingentes emisiones de gases, está cometiendo un auténtico genocidio con las ya menguadas poblaciones indígenas. Los Huaorani de Ecuador y los Mapuche de Argentina han denunciado a la petrolera por: explotación laboral, contaminar las reservas de agua potable ocasionando un número importante de muertes o enterrar los desechos de su producción sin ningún tratamiento previo. El 80% de los indígenas Huaorani de Ecuador son portadores de hepatitis como resultado de la explotación petrolífera. En Colombia, la compañía ha instalado bases militares para custodiar los pozos de petróleo; participando en las masacres paramilitares y en amenazas de muerte a los sindicalistas que se atreven a denunciar estos abusos.

Pero la actividad de Repsol IPF apenas si se diferencia de las prácticas del resto de multinacionales que, han conseguido apropiarse incluso de las reivindicaciones ecologistas. Paradójicamente, quienes hoy pretenden abanderar un “crecimiento sostenible” formaban parte, hasta hace bien poco, del “Global Clima Coalition”, poderoso grupo de presión creado para oponerse a las reglamentaciones sobre las emisiones de gases de efecto invernadero previstas por el Protocolo de Kyoto.

¿Y el publicitado Protocolo? ¿No podría significar al menos un primer paso para revertir el cambio climático?

El acuerdo firmado por los 39 países industrializados en la ciudad japonesa se ha presentado ante la opinión pública mundial como la muestra más evidente de que, finalmente, los líderes políticos han comprendido la necesidad de pasar a la acción en la defensa del medioambiente. Al mismo tiempo, se ha venido haciendo hincapié en que la negativa de los EE.UU. a comprometerse en el proyecto anulaba gran parte de su efectividad, ya que la potencia norteamericana es, con mucho, el Estado más contaminante del Planeta. Sin duda, esto es cierto. Pero representa tan solo un pequeña parte de la verdad.

Cuando han pasado casi siete años desde los acuerdos de Kyoto podemos realizar un primer balance sobre la credibilidad de las promesas realizadas en esa Cumbre.

La media de reducción de gases de efecto invernadero asumida en Kyoto por los países más industrializados fue de aproximadamente un 5.2%. Actualmente, y según un informe que la propia ONU hizo público en el 2003, “los países ricos están aumentando las emisiones de gases causantes del efecto invernadero y la tendencia no presenta signos de cambiar”. De acuerdo con los estudios realizados por esta organización, las emisiones de Europa, Japón, Estados Unidos y otros países industrializados crecerán en conjunto un 17% de aquí al 2010.

Pero lo más preocupante no es el hecho de que los rubricantes del Protocolo hayan sido incapaces de lograr la reducción a la que se comprometieron. Aún más significativo es el propio contenido de los acuerdos, que refleja hasta que punto sus pactos continúan subordinados a las necesidades de acumulación de los grandes poderes económicos. No mucha gente sabe que el Protocolo de Kyoto incluyó una fórmula ideal para que los firmantes pudieran eludir el compromiso ecológico: “la posibilidad de comerciar con los derechos de emisiones”. Esta cláusula –basada en los supuestos de la economía neoliberal- permite a las empresas que deseen contaminar por encima de los niveles establecidos acudir al mercado para comprar estos derechos a otras empresas o países. De esta forma, los Estados que más contaminan intentarán garantizar “su crecimiento económico” comprando sus cuotas a los países subdesarrollados. Sin ir más lejos, el Plan Nacional de Asignación de Derechos de Emisión de CO2 del PSOE prevé cumplir con el compromiso de Kyoto recurriendo a la compra de derechos en América Latina y la Europa del Este. El procedimiento para llevar a cabo este tipo de transacciones también fue desarrollado en el Protocolo bajo el eufemismo de “Mecanismos de Desarrollo Limpio”. Proyectos de inversión – es decir, nuevas posibilidades de hacer negocio- relacionados con bosques, plantaciones forestales y suelos en dichos países.

Con todo, el más importante de los engaños consiste en ocultar a la mayoría de la población el hecho de que el objetivo de reducir en un 5% u 8% las emisiones de CO2, no modificaría ni un ápice la evolución del cambio climático. Según las opiniones científicas más autorizadas, para estabilizar la concentración efectiva de Dióxido de Carbono en la atmósfera sería preciso reducir las emisiones de origen energético entre un ¡70% y un 80%! (con respecto a los niveles de 1990). Y aún así, dicha estabilización solo tendría lugar una década después con una cantidad de dióxido de carbono un 8% mayor que en 1990.

No es casual que nadie mencione estas cifras ya que, sencillamente, reducciones de esta magnitud son absolutamente incompatibles con la ley de hierro que rige el sistema económico mundial: la acumulación. Una de las primeras lecciones que se imparte a cualquier joven estudiante de Economía es que la única manera de evitar la paralización de la producción - que se produce cuando esta acumulación no puede continuar - consiste en aumentar el Consumo ¡sin cesar y además a una tasa creciente! Este objetivo básico de la actividad económica de la sociedad capitalista se formula habitualmente como la necesidad de alcanzar “un rápido y continuado crecimiento”.

En la actualidad, ya hemos sobrepasado con creces la capacidad de regeneración de la biosfera terrestre y los recursos naturales más básicos se agotan de manera alarmante. Y, pese a las viejas promesas de “prosperidad para todos”, el incremento de la producción continúa basándose en una concentración cada vez mayor de la riqueza y en la extensión de la miseria entre la mayor parte de la población mundial. Mientras el 20% de los habitantes del planeta dispone del 86% del PIB global; más de mil millones de personas no pueden acceder al consumo básico de agua, alimentación o energía.

Esta crítica situación ha convertido en un reto impostergable recuperar una explicación totalizadora que sea capaz de establecer las oportunas relaciones entre ecologismo – economía y política. Una explicación que permita desechar, por quiméricas, las soluciones que durante décadas nos han venido presentando como “realistas”. El cambio climático no se detendrá convenciendo a los grandes multinacionales para que contaminen con moderación. Por el contrario, su búsqueda continua del máximo beneficio y la lucha incesante por conquistar nuevos mercados y dominar los escasos recursos naturales continuarán empeorando, necesariamente, la crisis medioambiental. Las guerras de conquista contra Irak o Afganistán o la creación de un ejército europeo con capacidad para intervenir con la misma “efectividad” que el de los EE.UU., son sólo algunos ejemplos de lo que las grandes potencias están dispuestas a hacer para facilitarles el trabajo.

Así pues, atender a los imperativos ecológicos solo será posible modificando radicalmente el tipo de economía que rige nuestra civilización. Desde luego esta no será una tarea fácil ni exenta de duras confrontaciones. Tampoco el éxito de la empresa está garantizado. Pero, en cualquier caso, superar el actual sistema de producción y construir una sociedad que garantice la satisfacción de las necesidades básicas de las mayorías, respetando los ecosistemas a los que debemos la vida, es en la actualidad un requisito indispensable para la supervivencia de la especie humana. ¿Acaso existe otra motivación más importante que pueda guiar nuestros esfuerzos?

Referencias bibliográficas:

-* IPCC: Panel Internacional sobre Cambio Climático, compuesto por unos 2500 científicos

- Reichmann, Jorge. “Todo tiene un límite: Ecología y transformación social” Editorial Debate, S.A. (2001)

- Commoner, Barry. “Ciencia y supervivencia” (1966)

- Instituto Worldwatch “Situación del Mundo en el 2003” FUHEM e Icaria Editorial

- Nieto, Joaquín – Santamaría, José “Emisiones de gases de efecto invernadero en España por Comunidades Autónomas” 29 de octubre de 2003

- Ayala, Francisco “El cambio climático en España: una realidad”

- Protocolo de Kyoto de la convención marco de las Naciones Unidas

- Profesiones, nº 90 “España tratará de reducir un 0,4 las emisiones de gases hasta 2007” Julio-agosto de 2004

- Tamayo G., Eduardo “Cumbre secuestrada por transnacionales” Servicio informatico “ALAI-amiatina”

- Hauter, Wenonanh “Johannesburgo: Pactos con el diablo. Las sociedades privadas y el medio ambiente global” Rebelión 29 de agosto de 2002

- Wallerstein, Inmmanuel “Ecología y costes de producción capitalistas. No hay salida” Iniciativa Socialista, nº 50 Otoño de 1998

- “Canarias registra el verano más caluroso desde que se miden las temperaturas”. La Provincia. 1 de septiembre de 2004

- “Gobierno de Canarias achaca las “mareas de algas” a las altas temperaturas y el siroco” La Provincia. 24 de septiembre de 2004

- “Lejos de Kyoto”. La Provincia. 9 de mayo de 2004

Gran Canaria, la isla marchita

Gran Canaria, la isla marchita Debido a la desgracia de padecer no solo una sequía cada vez mayor, sino además unas autoridades municipales, insulares y autonómicas totalmente incompetentes y con poco amor al trabajo a la hora de atender sus obligaciones medioambientales y, en particular, su nulo propósito de acometer acciones para solucionar la desesperada situación que vive Gran Canaria y la Provincia de Las Palmas con respecto a su galopante desertización y erosión, reproducimos nuevamente parte de un documento publicado por TURCON en junio de 1999.

Extractado de Política canaria y medio ambiente, un recordatorio de lo que quieren que olvidemos : elecciones junio 1999. Elaborado por Turcón-Ecologistas en acción.

Este documento puede consultarse completo (PDF, 617 Kb).
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Podemos comenzar con el tema tal vez más candente por el perjuicio que nos está causando en los últimos años: la sequía. Problema que, como advertía una conocida revista, golpea dos veces: por el perjuicio que causa y por la inoperancia política para resolverlo. La agricultura, roturadora en tiempos pasados de nuestros bosques y vegetación al objeto de aprovechar el suelo para sustento para la población, es ahora el garante de extensos espacios medioambientales en buena parte de Gran Canaria y del Archipiélago. Su actividad es imprescindible para evitar la erosión del terreno en unas islas cada vez más áridas. Pero la agricultura y la ganadería no son sólo eso –no nos engañemos–, es generación de riqueza y empleo alternativos e, indudablemente, una forma de vida donde se conservan casi en exclusiva nuestras tradiciones como pueblo: romerías, productos y platos típicos, vestimenta, arquitectura, música popular... Sin embargo, en los últimos tiempos observamos, particularmente en nuestra Isla, una sociedad urbana, hostil e indiferente por igual al campo y a la agricultura, que secularmente ha menospreciado la importante labor del agricultor, por no hablar de política y políticos con actitudes claramente biocidas y agrofóbicas, ya sea por acción u omisión.

Indudablemente, vinculada a la agricultura y la ganadería se encuentra el agua, absolutamente imprescindible para las mismas y, desde luego, para su enemigo más directo: el turismo. El gobierno en Canarias y en el ámbito nacional está dominado a todos los niveles por Coalición Canaria y el Partido Popular. Son competentes en el tema del agua el Ministerio de Fomento, el de Medio Ambiente y hasta el de Administraciones Públicas; dentro del Gobierno de Canarias, la Consejería de Obras Públicas y la de Política Territorial, y ya más cerca nuestro Cabildo Insular, dentro del cual hay nada menos que tres organismos: el Consejo Insular de Aguas, el Consorcio de Aguas Depuradas y la Comunidad de la Lumbre. Todo ello sin contar con las competencias de 21 municipios. Pues bien todos ellos son incapaces, según se ha demostrado y recordaremos aquí, de solucionar nuestros problemas de agua.

El nivel freático del subsuelo está a punto de desaparecer por la sobreexplotación, habiéndose secado numerosos nacientes históricos y sin que se ponga coto a los numerosos pozos ilegales o no, muchos de los cuales venden agua a las propias corporaciones. La lluvia artificial se ha suspendido por claras presiones de los propietarios privados de agua –popularmente conocidos como los aguatenientes–, principales interesados en que haya poco líquido en el mercado para poder vendérnosla a precio de oro. Las obras hidráulicas no se acometen en tiempo y forma por papeles que no aparecen y estúpidos políticos que no saben solucionar nuestros más apremiantes problemas. Las depuradoras no funcionan, o dan agua salobre de pésima calidad inundando de malos olores nuestro aire y de sal nuestros cultivos. No se aplica en sus aspectos positivos la muy discutible Ley de Aguas de Canarias, padeciendo la falta de aplicación de un Plan Hidrológico medianamente válido, así como planificaciones de Desarrollo Agrícola y Ganadero tanto insular como regional, faltan programas de ayudas a la producción y comercialización, escasa dotación presupuestaria de las consejerias cabildicia y regional, no hay incentivos para la renovación generacional de los trabajadores del campo para solventar el el acusado envejecimiento de los productores, es nula la investigacion y desarrollo en el área... La lista a este respecto es interminable ¿será verdad aquello de que los canarios no sabemos autogobernarnos?.

Merece la pena que analicemos un poco más en detalle los aspectos aquí esbozados dentro del espacio limitado de esta publicación, comenzando por la situación en que nos encontramos y por los logros políticos acometidos para remediarlos, llamando la atención sobre la administración que más responsabilidad tiene en este problema: el Cabildo Insular de Gran Canaria.

La situación en que nos encontramos

Nuestra provincia fué el lugar de toda España donde menos llovió en el periodo interanual de 1997-1998 –según datos del Instituto Nacional de Meteorología–, con sólo 19 días de lluvia en Gran Canaria entre 365, y únicamente 92 litros de aprovechamiento. Almería, con su famoso desierto y siendo el lugar más seco de la Península Ibérica tuvo 28 en el mismo período.

La Mesa del Agua, la Agricultura y la Ganadería, cifró a finales del mismo año en 13.000 millones las necesidades sólo en las medianias de Gran Canaria, no ya para paliar la sequía, sino para poder superar la crisis en la que se ha visto sumida durante años por la falta de apoyo de las instituciones y en particular del Cabildo. A 19 de mayo pasado la prensa anunciaba que la escasez y la demanda duplicaba el precio del agua en el primer trimestre del año, por ello, el portavoz de la Federación de Exportadores de Productos Hortofrutícolas, Roberto Góiriz, anunciaba que se encarecerán los precios de venta al público, lo que aumentará nuestra cesta de la compra, agravando la ya abultada cifra que al respecto padece la región más inflacionista de toda España. Ello reducirá la competitividad de las exportaciones canarias de este género al exterior que, dicho sea de paso, es lo único que exportamos.

Según un estudio de la Consejería de Agricultura, Pesca y Alimentación del Gobierno canario, el desarrollo turístico ha reducido en tan sólo 7 años el 40% de la superficie cultivable en los municipios de la provincia de Las Palmas que mayor auge en inversiones de ocio han recibido en este periodo. En los años sesenta teníamos 30.000 hectáreas de cultivos, hoy contamos con tan sólo 8.000. El contraste a este respecto es absoluto con la provincia tinerfeña, en la que pese al aumento turístico no sólo no se ha reducido el terreno agrícola, sino que ha aumentado en un 8% en el último período, pasando de 8.329 hectáreas en 1990 a 9.058 en 1997. Sólo en el caso del municipio de Telde, donde fué famosa en otros tiempos la Vega de Telde –la más grande junto con la de la Orotava de toda Canarias–, han desaparecido en los últimos tres años 1.800 hectáreas de cultivos. Por si fuera poco, la población dedicada a la agricultura (el 6% del total) envejece ostensiblemente. El 60% de los agricultores grancanarios tiene más de 50 años, lo que implica que no hay ya un relevo generacional para garantizar la supervivencia del sector.

La erosión en nuestra Isla es brutal. Las Canarias Orientales sufren un proceso cada vez más acelerado de desertización, a través de la pérdida de cubierta vegetal primero y del suelo fértil después a un ritmo de aproximadamente 1 milímetro de espesor anual, lo que supone 25 toneladas por hectárea de media. En nuestro caso, el 60% de la superficie insular tiene un alto nivel de salinidad, que se acrecienta con la mala calidad de las aguas depuradas para el riego, mientras que otro 40% sufre erosión acentuada. Gran Canaria, según un estudio del Departamento de Edafología de la Universidad de La Laguna de principios de esta década, pierde en algunas zonas hasta cien toneladas por hectárea y año, cuando el límite de lo tolerable es entre 2 y 3 en la misma superficie y periodo.Las Islas Orientales pierden así cada año 13.000 toneladas de terreno fértil. Las causas son la sequía, la sobreexplotación hidráulica, la nula política preventiva de las administraciones y el turismo. Frente a ello, la agricultura y la adecuada gestión de los espacios naturales protegidos son la única solución.

Lógicamente la lluvia no sólo es beneficiosa para la agricultura por los cultivos o la ganadería por los pastos, sino también para el turismo, ya que a ningún visitante le agrada ver resecos eriales donde sólo destacan las piedras, sino una isla verde rebosante de
vegetación.

¿Pero qué hacen nuestros políticos?

La acendrada sequía de los últimos años coincide, curiosamente, con el fracaso de la política de repoblación forestal desde los setenta y la desaparición del programa de lluvia provocada que venía sosteniendo en épocas precedentes el Cabildo grancanario.

Al respecto, merece la pena que nos detengamos un instante en el tema de la lluvia artificial. El proyecto, consistente en sobrevolar en avioneta determinados tipos de nubes previamente detectadas por radar y verter en ellas un preparado químico a base de agua destilada, nitrato amónico y urea, fué financiado por el Cabildo Insular por última vez en el periodo 1986-1992, revelándose como de grandes resultados. Prestigiosos meteorólogos como D. Desiderio Padilla han demostrado con su experiencia el éxito en las lluvias obtenidas. Tal es así que las últimas inundaciones sufridas en Las Palmas de Gran Canaria se debieron a ello, consiguiendo además llenar las presas y reverdecer nuestros campos. Sin embargo los propietarios de pozos y accionistas de heredades de aguas o embalses comenzaron una campaña de infundios a fin de desprestigiarlo, lo que consiguieron gracias a la debilidad de los políticos cabildicios que padecemos, que acabaron argumentando que no salía rentable la inversión para los resultados obtenidos. La diferencia a la vista está, la isla se seca año tras año. Somos ya el lugar de España donde menos llueve. Un desastre.

Por contra, un sector que ha perdido de facto el último año la cosecha de vinos y más de la mitad de las de papas, cuenta con un Cabildo que se gasta 100 millones de pts. en una campaña de imagen publicitaria en la que demuestra lo lejos que se encuentra de la sociedad y de los problemas grancanarios.

La ridícula suma inicial ofertada por el Cabildo Insular de Gran Canaria para paliar los catastróficos efectos de la sequía en nuestra isla desde 1998 y que aún subsisten, 600 millones de pts., contrasta con un informe de la misma entidad que revelaba pérdidas por valor de 5.532 millones, cantidad ratificada posteriormente por el Gobierno de Canarias, que no invertía sin embargo un duro en solucionar este gravísimo problema. El mismo Gobierno autónomo ha contemplado además presupuestos mayores para obras hidráulicas en la provincia tinerfeña que en la grancanaria. Sin embargo, el caso más sangrante fué el de los Presupuestos del Estado de 1998 para obras hidráulicas urgentes, cifrados en 227.000 millones, de los cuales sólo destinaron 185 millones a Gran Canaria.

La irresponsabilidad del Cabildo grancanario, gobernado actualmente por Coalición Canaria y Partido Popular y presidido por el conocido José Macías, no conoce precedentes. En casi todos los campos y particularmente en el que ahora nos ocupa se puede asegurar que ha tocado fondo. Quizá el caso más sangrante fue cuando este Cabildo de nuestras desgracias, impasible ante una isla reseca por la persistente sequía que venimos arrastrando en los últimos años, se enzarzó en una absurda discusión con el Ministerio de Economía y Hacienda a causa de un papelito milagroso que por lo visto les era imprescindible para acometer las obras hidráulicas más urgentes para resolver la sequía, por valor de 7.000 millones de pts., producto de lo presupuestado en la comisión mixta de seguimiento del convenio de infraestructuras hidráulicas Canarias-Estado. Pues bien eso fue en noviembre de 1998 ...y el dichoso papel había llegado al Cabildo tres meses antes, en agosto. Ningún cargo o funcionario se interesó en averiguar que pasaba con aquel papel extraviado o retrasado, no se acudió a Madrid personalmente para ver que ocurría. Es mejor dejar pasar el tiempo escudándose en la burocracia dejando que nuestra agricultura y ganaderia se pudran. Por lo visto el dichoso papel fué abducido por los extraterrestres, tan ajenos a nuestro planeta como el Cabildo a la isla de Gran Canaria. Así, a finales del pasado ejercicio, sólo había adjudicados 4 de los 12 proyectos previstos mientras que las áreas de Medio Ambiente, cuyo responsable es Carmelo Ramírez (CC) y Política Territorial, regida por María del Puy Martín (PP), tenían la mayor cantidad de dinero por consejerías (1.900 y 2.200 millones respectivamente) aún pendiente de gastar, lo cual habla a las claras de la eficacia de su gestión. Además, en este último caso se le había bajado un 32% su presupuesto a Política Territorial con respecto al año anterior, debido a su escaso nivel de ejecución y retraso en el gasto.

Sin embargo, la incompentencia absoluta está personificada en las figuras de Andrés Rodríguez y Antonio Sánchez Báez, del Centro Canario Nacionalista (integrado en Coalición Canaria), consejeros respectivamente de Recursos Hidráulicos, y de Agricultura, Ganadería y Pesca del Cabildo grancanario que ni crujen ni mujen, tan anodina es su labor. En el caso de José Macías, del PP, presidente de la Corporación insular, el cargo le viene ancho por todos lados. El pobre hombre, indudablemente buena persona y por lo visto, por eso mismo, absolutamente incompatible con la política, no se entera de nada. Él, que solo sirve para poner buenas caras, estrechar manos y salir en las fotos. Oye campanas y no sabe en donde. Por lo menos y al igual que los máximos responsables de la política canaria tiene quien le escriba los discursos para quedar bien sobre el papel, peroen esta barca indudablemente naufragaremos todos. La Mesa del Agua ha pedido repetidamente a José Macías que no esconda la cabeza debajo del ala ante el grave problema del agua, pero está claro que no se le pueden pedir peras al olmo.

Algunos de los más destacados méritos de la política canaria son:

• El demencial Plan Hidrológico de Gran Canaria elaborado por CC y PP, que condena la agricultura de medianias de la Isla, recomendando que se paralice el crecimiento de la superficie cultivada y se mantenga en el nivel actual. Además, no prohibe explícitamente las extracciones de agua del subsuelo por debajo de los 300 metros. Estas mismas zonas sólo pueden aprovechar ahora el 10% de su potencialidad agrícola y ganadera. Estos planes han convertido a Gran Canaria de esponja en auténtica piedra y arena.

• Se alquilan módulos de depuración en Barranco Seco que no se ponen en marcha, se asignan las obras del terciario en la misma instalación, a fin de eliminar la altisima salinidad de sus aguas –lo que las hace de facto inútiles para el riego–, y habiendo pasado más de un año desde su adjudicación, aún no se han iniciado por el Ministerio de Fomento, gobernado por el Partido Popular (y recordemos que la obra, sin contar los retrasos que siempre se producen, cuentan con un plazo de ejecución de 18 meses, con lo cual no estaría lista hasta el 2001-2002).

• El famoso Trasvasur, canal de trasvase de aguas desde las presas del sur de la Isla hasta los cultivos del sureste sigue, 25 años después de comenzar su construcción y cientos de millones invertidos aún sin terminar.

• Se consiente sin abrir el pico el machacamiento del desarrollo agrícola de la zona de Tafira, expropiando cuarenta parcelas en producción para la unión de la Variante de Tafira con la Circunvalación.

• La venta de los intereses colectivos en el vital tema del agua es patente. Podemos resumirlo en tres puntos: privatización de Emalsa, bajada de pantalones ante la Ley de Aguas en la época de gobierno regional de los socialistas y abandono del excelente programa de lluvia artificial para beneficio de los aguatenientes y de las heredades privadas de aguas (recordemos que el 94'3% de la población no es propietaria de acciones en ningun pozo, galeria o presa). Nada menos que 5.000 millones de pts. mueve al año en Gran Canaria el mercado del agua de uso agrícola. En 1996 el Partido Popular intentó cambiar la Ley de Aguas para eliminar el dominio público del agua en Canarias.

• Como revelaba la prensa de los últimos días, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria está hurtando cada día nada menos que 2.500 m3 de agua a la agricultura de la Isla para regar los jardines, según ha denunciado el Consorcio Insular de Aguas. Desde luego, no criticamos el mantenimiento de unos jardines que embellecen la ciudad y que buena falta le hace, sino el empleo de la moda del césped, planta totalmente ajena a una región semidesértica como la canaria y voraz consumidora de agua, situación más grave además si se priorizan los mismos con respecto a nuestros campos.

• Es inexplicable que un Consistorio como el la capital grancanaria, privatice la mayoría de una empresa de abastecimiento de aguas, Emalsa, y no mantenga el control estratégico de un servicio de primera necesidad, mantenga inactiva una de sus potabilizadoras y acuda al mercado libre (léase pozos que esquilman cada vez más nuestros escasos recursos hidráulicos del subsuelo) a competir con los agricultores encareciendo los costes del agua ya mas cara de toda España. Mientras, estúpidamente, se enfrentan al Consorcio Insular de Aguas, disparando así la crisis del modelo más racional de aprovechamiento de las aguas residuales en la isla La pregunta del millón aquí es ¿cómo es posible que en la actualidad con los medios tecnológicos y económicos de que disponemos y la autogestión prácticamente absoluta que poseemos los canarios desde hace años se consienta esta dejación y abandono de nuestra agricultura y ganaderia y estemos poco menos como hace pocas décadas sacando al santo en procesión para rogar por caridad unas gotas de lluvia?. Cientos de miles de millones se invierten en obra públicas para el tráfico pero no hay para potabilizadoras, lluvia artificial, canalizaciones, ayudas al campo, formación de los agricultores, recuperación de los cultivos perdidos, compensación de desastres naturales, medidas contra la erosión... Esto es ciencia ficción, por lo menos con nuestros pésimos políticos.

La Palmera Canaria (Phoenix canariensis): diversidad Genética e Hibridación

La Palmera Canaria (Phoenix canariensis): diversidad Genética e Hibridación Miguel Ángel González Pérez
Pedro Sosa Henríquez

Departamento de Biología. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Medio Ambiente CANARIAS : Revista de la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente, 2002, n. 23

Primera evidencia molecular de la existencia de híbridos entre Phoenix canariensis y P. Dactylifera.

La importancia de la documentación sobre los niveles y distribución de la diversidad genética en especies para designar estrategias de conservación óptimas está ampliamente reconocida por diferentes autores (Francisco-Ortega et al., 2000; Sosa, 2001) e instituciones internacionales. Así, ya desde 1992, el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas, considera los recursos genéticos de las especies como prioridad en los programas de conservación de la biodiversidad.

En este sentido en los últimos cuatro años, en el grupo de Biología Molecular del Departamento de Biología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria se ha llevado a cabo una investigación sobre la caracterización molecular de la palmera canaria (Phoenix canariensis) como base para su conservación. En este estudio se ha pretendido determinar los niveles de diversidad genética existentes en poblaciones naturales de P. Canariensis; cómo se distribuye esa variabilidad genética en la especie; detectar la existencia de estructuras genéticas dentro de las poblaciones; esclarecer la relación filogenética con P. dactylifera y buscar un marcador molecular que permitiera diferenciar ambas especies, así como sus posibles híbridos.

Para realizar este análisis se ha recurrido a dos técnicas de Biología Molecular como son la electroforesis isoenzimática y los RAPD (Random Amplified Polymorphic DNA), y se ha recolectado un total de 657 muestras, entre todas las islas mayores con palmerales significativos. Así se tomaron ejemplares de Acusa, Fataga, Barranco de la Angostura, La Sorrueda, Tafira y Maspalomas entre otras localidades en Gran Canaria; Haría y Máguez en Lanzarote; Río Palma y Gran Tarajal en Fuerteventura; Rambla de Castro y Acantilado de la Culata en Tenerife; Tamargada, Las Hayas y Vegaipala en La Gomera; y Zumacal y Mirca en La Palma. Además de ejemplares del palmeral de Elche (Hort. Del Gat.) que se utilizaron como referencia de palmera datilera.

Los problemas para su conservación

La palmera canaria, Phoenix canariensis (Hort. ex Chab.), perteneciente a la familia Arecaceae (Palmae), es una especie endémica de Canarias, que se encuentra en mayor o menor medida en todas las islas mayores. Es bien conocido el enorme interés que tiene la palmera canaria en nuestro archipiélago, tanto para el medio ambiente, por ser uno de los elementos más importantes del paisaje canario, como para la economía de algunos sectores populares, teniendo en la actualidad, a parte de un valor ornamental, utilidad en la artesanía para la elaboración de esteras, cestas y otros utensilios. Estas y otras importantes características, como su valor cultural e incluso religioso para el archipiélago canario y los canarios, han sido las razones fundamentales para ser considerada como el símbolo vegetal de nuestra Comunidad Autónoma.

Tanto el estudio de la genética de poblaciones como el diseño de estrategias de conservación en esta especie, presenta dos problemas importantes, ambos relacionados con la otra especie del género Phoenix presente de forma significativa en el archipiélago Canario, la palmera datilera (Phoenix dactylifera). Uno de estos problemas es la dificultad de establecer la naturaleza de los individuos y/o poblaciones. Es decir, determinar qué palmerales son realmente naturales, aquellos que no han sido cultivados ni plantados por el hombre. Esto se ve agravado por el hecho de que desde tiempos inmemoriales se han introducido ejemplares de P. dactylifera en Canarias, por la importancia económica de esta especie. Existen, incluso, citas históricas en las que se incentiva la reintroducción de palmera datilera en Canarias.

El segundo gran problema que presenta la conservación de la palmera canaria es la dificultad, en muchos casos, de la identificación de los ejemplares auténticamente canarios (P. canariensis), debido en parte a la gran plasticidad morfo lógica que presenta esta especie, lo que hace que su aspecto varíe considerablemente según el ambiente donde se encuentra. A esta dificultad, se suma, además, el hecho de que las especies del género Phoenix presentan una gran facilidad para hibridar en la naturaleza, como ya han descrito entre P. canariensis y P. dactylifera muchos autores (Kunkel & Kunkel, 1974; González Pérez, 2001). La similitud morfológica de ambas especies, la existencia de individuos híbridos, y la gran variabilidad morfológica que presenta la palmera canaria conllevan que, actualmente, la clasificación e identificación morfológica de las palmeras, auténticamente canarias, sea muy dificultosa y con un elevado factor subjetivo. Asimismo, en estado juvenil, las morfologías de ambas especies son exactamente iguales, y, por tanto, imposibles de distinguir por los métodos tradicionales. Este problema ha conducido a la plantación de palmeras jóvenes, consideradas canarias, que posteriormente y después de los años han demostrado su carácter híbrido o datilero. Todo esto se ve agravado por la introducción de especies exóticas en las islas, favoreciendo la hibridación y pérdida de entidad genética de la palmera canaria. En palabras de D. Jaime O’Shannahan: “Es preciso sensibilizarnos ante el grito de angustia que la palmera canaria lanza ante su paulatina desaparición, a base de ser atacada, en lo más profundo de su ser, al importarse ejemplares de otras variedades que, plantadas a su vera, con los años, producen híbridos, materializando su destrucción genética, tiro de gracia a su definitiva destrucción”.

A toda esta problemática se une la intervención del hombre, que ha provocado una gran reducción en el número y el tamaño de poblaciones de palmera canaria desde la conquista normando-castellana. Esto implica que su distribución originaria exacta sea difícil de establecer, debido a la gran tala efectuada después de la conquista, a los cultivos llevados posteriormente en las diferentes islas y por supuesto a la presión ejercida por los intereses turísticos.

A pesar de estos problemas, los conocimientos actuales sobre la diversidad genética existente en las poblaciones de P. canariensis y la distribución de esta variabilidad en la especie, son muy escasos o nulos. Así, la falta de más trabajos científicos sobre la diversidad genética de la palmera canaria supone uno de los principales problemas para su conservación.

Nivel y distribución de la diversidad genética

En general, el nivel de diversidad genética de una especie depende de varios factores tales como su biología repro ductiva, tipo de cruzamiento (autofecundación o reproducción cruzada), o dispersión de polen y semillas (por el viento, por animales, por insectos, por gravedad). También influye si la planta es perenne o anual, el porte de la misma, si es arbórea o arbustiva, y la distribución de la especie, es decir, si está ampliamente distribuida o si presenta una distribución restringida (endémica). Así, las especies alógamas (con reproducción cruzada), generalmente, presentan una mayor diversidad genética que las especies autógamas (con autofecundación), ya que la reproducción cruzada genera variabilidad genética, produciendo una mayor diversidad genética intrapoblacional. Asimismo, las especies con una amplia distribución exhiben una elevada diversidad genética con respecto a especies de distribución reducida, debido posiblemente al escaso número de individuos que colonizaron y formaron esas poblaciones (Sosa, 2001).

En nuestra investigación encontramos que la palmera canaria presenta unos niveles de diversidad altos en comparación con otras especies de forma de vida similar (monocotiledóneas, endémicas y con reproducción cruzada). Esta alta diversidad de la palmera canaria no es algo único a esa especie, sino que, nuestros resultados coinciden con los encontrados por varios autores (Francisco Ortega et al., 2000; Batista et al., 2000; González Pérez, 2001; Sosa, 2001; Bou za et al., 2002) en los cuales se describe que las especies vegetales endémicas de la Región Macaronésica presentan unos niveles de variabilidad genética superiores a los detectados en otras islas oceánicas. Esta elevada variabilidad genética presente en especies endémicas de Canarias se debe por un lado a la proximidad del archipiélago al continente, lo que ha posibilitado múltiples colonizaciones por parte del taxon continental. Por otro lado, Francisco Ortega et al. (2000) explica esta alta diversidad exponiendo que las islas han sido refugio de viejos linajes durante los periodos de glaciación y desertificación ocurridos en Europa y Norte de África después del Mioceno. Además, dada las considerables edades geológicas de algunas islas, que oscilan entre 20 millones de años para Fuerteventura y 750.000 años para el Hierro, la variación genética encontrada mediante isoenzimas aumentaría con el tiempo a través de mutaciones u otros procesos, y por lo tanto aquellos taxones más antiguos serían más diversos (Franciso Ortega et al., 2000). En el caso particular de la palmera canaria, una posible especiación de un progenitor ampliamente distribuido, como P. dactylifera o similar, podría explicar la elevada diversidad genética encontrada en esta especie.

Estos altos niveles de diversidad genética detectados en la especie símbolo de la comunidad autónoma, deben alentarnos en los esfuerzos por su conservación, ya que una alta diversidad genética suaviza el efecto de la selección y la endogamia que sufren las pequeñas poblaciones.

En cuanto a la distribución de esta diversidad genética en la especie, se observó que el 75,9% de la diversidad genética detectada en la palmera canaria se encontraba dentro de las poblaciones, mientras que tan solo un 24,1% se debía a variabilidad genética entre poblaciones. Esto es muy relevante a la hora de diseñar estrategias de conservación, ya que la reducción de las poblaciones supone una pérdida de variabilidad genética importante en la especie, con todo lo que ello conlleva.

Aunque la mayor parte de la variabilidad genética, como hemos visto, está mantenida dentro de las poblaciones, el grado de diferenciación genética es considerable. En este sentido, destaca, en el estudio realizado, la gran diferenciación existente entre las poblaciones analizadas de La Gomera con respecto al resto de palmerales estudiados del archipiélago canario. Aunque, debemos tener en cuenta el bajo número de poblaciones analizadas de esta isla, por lo que un aumento de los palmerales sería necesario para confirmar esta fuerte diferenciación genética.

Para determinar la existencia de estructuras genéticas dentro de las poblaciones se llevó a cabo un análisis de autocorrelación espacial, que determina la existencia de correlación entre la distancia geográfica y la distancia genética de los individuos, detectándose la existencia de estructuras genéticas dentro de los palmerales. Esto indica que los individuos más próximos geográficamente se encuentran también genéticamente mas emparentados, siendo el diámetro de esta “estructura familiar” de aproximadamente 100 m, aunque puede variar ligeramente, según las poblaciones. La existencia de estas “estructuras familiares” tiene una repercusión muy importante en las estrategias de conservación, ya que deben ser tenidas en cuenta a la hora de recolectar material para la realización de un banco de semillas, al objeto de recoger la mayor diversidad posible.

Diferenciación genética con P. Dactylifera

Los resultados de identidad genética mostraron una alta relación entre Phoenix canariensis y P. Dactylifera, lo que confirma que ambas especies se encuentran filogenéticamente muy relacionadas, argumento que corrobora la reciente divergencia de ambos taxones. Precisamente, una especie recientemente derivada presentaría: 1) una menor diversidad genética que su progenitor, como muestran los resultados obtenidos para la palmera canaria. 2) Albergaría una parte de la diversidad alélica encontrada en el progenitor con pocos o ningún alelo exclusivo.

Esto se manifiesta en el análisis de la diversidad genética por locus de las poblaciones de palmera canaria y palmera datilera, donde se observa que el número de alelos detectados para todos los loci estudiados en P. canariensis es siempre igual o menor a los observados en P. dactylifera. iii) una alta similitud genética con el taxon, lo cual también se cumple entre ambas especies de Phoenix. A esto se une la circunstancia de que ambas especies de Phoenix hibridan de forma natural y presentan un conjunto importante de caracteres morfológicos comunes, lo que constituye un argumento más a favor de que la palmera canaria y la palmera datilera han divergido recientemente.

A pesar de la gran relación existente entre estas dos especies y gracias a la técnica de los RAPD hemos logrado identificar un marcador molecular que de una forma clara, rápida, objetiva y sin necesidad de que los ejemplares adquieran el porte adulto, nos permita diferenciar los individuos de palmera canaria, palmera datilera y los posibles híbridos. Esto, además, supone la primera evidencia molecular de la existencia de dichos híbridos entre Phoenix canariensis y P. Dactylifera, ya que, hasta ahora, los híbridos eran descritos de forma sujetiva en base a caracteres morfológicos, con el inconveniente que supone la gran variabilidad morfológica que presenta la palmera canaria.

El hallazgo de estos marcadores moleculares que nos permiten identificar los individuos de P. canariensis, P. dactylifera, así como sus híbridos también tiene varias aplicaciones directas para la conservación de la especie endémica, como son los siguientes:

1) Caracterizar los individuos y palmerales auténticamente canarios.

2) Reconocer de forma rápida y libre de ambigüedades los individuos jóvenes de palmera canaria.

3) Identificar el material vegetal (semillas, etc.) para la creación de bancos de germoplasma.

4) Seleccionar ejemplares para programas de reforestación o reforzamiento de los palmerales.

Guías para la conservación

Sobre la base de los resultados obtenidos en nuestro estudio consideramos que las mejores medidas para la protección y conservación de P. canariensis deberían ser las siguientes:

1) No introducir especies foráneas en el archipiélago, o en su defecto controlar donde son plantadas, evitando en la medida de lo posible que estas crezcan cerca de palmerales naturales de P. Canariensis.

2) Respetar y proteger las poblaciones naturales existentes en el archipiélago, evitando su reducción.

3) Es aconsejable evitar el trasiego de palmeras entre poblaciones, ya que los caracteres morfológicos nos han demostrado, en muchos casos, no ser fiables en la correcta diferenciación de individuos de una u otra especie del género Phoenix, presentes en Canarias. A lo cual, además hay que sumarle la posibilidad de que los individuos transplantados sean híbridos, lo que dificulta aún más su identificación mediante caracterización morfológica. Incluso el movimiento indiscriminado de individuos o semillas de palmera canaria de un palmeral a otro podría conllevar el riesgo de depresión por "outbreeding". Esto supone la pérdida de la adaptación local y la ruptura de complejos génicos coadaptados, que conllevaría una reducción del éxito biológico, además de suponer una perdida de diversidad genética interpoblacional.

En el caso de que la repoblación sea la única estrategia posible a seguir, ésta debe estar controlada, teniendo en cuenta que el número de individuos introducidos no puede exceder al 1% de los individuos de la población de origen (Ellstrand & Elam, 1993).

El bosque termófilo en Gran Canaria

El bosque termófilo en Gran Canaria Francisco González Artiles
Servicio de Medio Ambiente. Cabildo de Gran Canaria.

Medio Ambiente CANARIAS: Revista de la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente, 2000, n. 16


La restauración de este ecosistema es factible a pesar de las difíciles condiciones climáticas de su entorno.

El bosque termófilo es una formación vegetal de afinidad mediterráneo-norteafricana, dominada por especies de los géneros Olea, Pistacia, Juniperus, etc., que da lugar a bosques o a matorrales, en función del grado de desarrollo que alcancen sus especies. En la región mediterránea, estas especies son, en muchos casos, las acompañantes de los encinares, alcornocales, etc., pero en Macaronesia, y concretamente en Canarias, constituyen por sí solas bosques con entidad propia, como los acebuchales, lentiscales, almacigales, sabinares, palmerales, etc.

Esta formación ha sido duramente castigada por la actividad humana, ya desde tiempos prehispánicos, al ocupar los terrenos que fueron colonizados y roturados en primer lugar. No obstante, en Gran Canaria se conservan todavía importantes relictos, que si bien son sólo una pequeña parte de lo que llegó a existir, nos permiten constatar su gran riqueza florística y diversidad.

Al hablar de las posibilidades de recuperación de esta formación, debemos de diferenciar la potencialidad que tiene el propio bosque para regenerarse por sí mismo, frente a las acciones de restauración de este ecosistema. En el primer caso, esta formación se ve favorecida por la dispersión ornitócora que tienen la mayoría de los frutos de sus especies pero, al mismo tiempo, se ve fuertemente limitada por una producción y viabilidad de los frutos muy variable, que depende enormemente de las condiciones climáticas del año, el aislamiento de muchos ejemplares, que difícilmente actúan como focos eficaces de dispersión y el elevado lapso temporal que plantea su regeneración natural.

Las ventajas que proporcionan las tareas de restauración de este ecosistema, como el elevado número de ejemplares que se pueden introducir en la naturaleza, la direccionalidad de su introducción (selección de lugares estratégicos a la hora de crear bosquetes), la obtención de resultados en un plazo más corto que en la regeneración natural, y la actuación sobre problemas acuciantes, como la erosión o la degradación paisajística, hacen de la repoblación, una opción realista.

Resultados y discusión

Con la finalidad de obtener datos que avalaran la realización de repoblaciones a gran escala, se hizo un seguimiento, durante varios años, de 4 parcelas repobladas en Gran Canaria: Tirma, Corralillos, Dragonal y Bandama. Para ello se midieron tanto alturas (desde la base de la planta hasta la yema más alta) como diámetros basales de las especies utilizadas (tabla 1), con una periodicidad anual. No se utilizaron ejemplares de sabina (Juniperus turbinata subsp. canariensis) al no existir disponibilidad de ejemplares en vivero de procedencia grancanaria. Las parcelas muestran distinta composición de especies debido a que fueron realizadas por distintos equipos y con distintas finalidades. Se muestran los resultados en forma de porcentaje de variación entre la medida inicial y final del seguimiento, para cada especie arbórea (figura.1). También se hizo una estimación de la supervivencia de los individuos de las especies más frecuentes, utilizados en las repoblaciones (tabla 2).

Como resultado de las mediciones, se observó que el drago (Dracaena draco )y la palmera canaria (Phoenix canariensis) en Bandama, son las dos especies que, sin aporte antrópico de agua o nutrientes, mostraron un mayor incremento porcentual de alturas (Figura 1) probablemente debido a una valencia ecológica que les permite aprovechar situaciones más xéricas. Sin embargo, los ejemplares de palmera introducidos en Tirma y el Dragonal murieron todos, básicamente, por falta de agua.

El almácigo en Bandama es la especie leñosa que muestra un mejor comportamiento en cuanto a incrementos absolutos y relativos, tanto de la altura como del diámetro basal (Figura 1) Estos resultados concuerdan con el valor de tensión máximo de succión obtenido por Naranjo (1994), que confirma a esta especie como más resistente a la sequía (62 atm/bar), que acebuches y lentiscos.

El lentisco sigue a la anterior en cuanto a incrementos porcentuales de alturas y diámetros basales (Figura. 1), no obstante, muestra unos porcentajes de pérdida (Tabla 2) que lo hacen inadecuada para su uso indiscriminado, probablemente debido a que posee la menor tensión máxima de succión (44 atm/bar) de entre las tres especies (almácigos, acebuches y lentiscos) y por lo tanto una menor resistencia a la sequía, comportándose como una especie de transición al monteverde, siendo recomendable su utilización en zonas con condiciones microclimáticas más húmedas y menos expuestas.

El acebuche muestra unos porcentajes de incremento de alturas y diámetro basales inferiores a la especie anterior en Bandama, pese a que alcanza una altura media mayor. En cambio, su porcentaje de supervivencia es muy superior, hecho debido, probablemente, a una tensión máxima de succión netamente superior a la especie anterior (57 atm/bar). Dado el papel que desempeña en las comunidades termófilas, especialmente de las zonas N y NE de la isla y los resultados aquí mostrados, aparece como una especie adecuada para emplear de modo generalizado en los intentos de regenerar este ecosistema.

En relación a la última especie arbórea utilizada en Bandama, el peralillo (Maytenus canariensis), no se han detectado pérdidas, mostrando un crecimiento constante, pero inferior al de las otras especies de árboles comentadas, comportándose, al igual que el lentisco, como una especie de transición al monteverde.

Sin embargo, los peores resultados de crecimiento y supervivencia se observan en los almácigos de Tirma y los acebuches del Dragonal, probablemente debido a las condiciones de las repoblaciones, que se comentan más adelante.

En relación a los arbustos, éstos presentan un papel muy interesante a la hora de crear biomasa vegetal y por lo tanto cobertura del suelo y aporte de nutrientes al mismo a través de la hojarasca, así como nichos para la fauna. Según lo observado, la retama blanca (Retama raetam) y la malva de risco (Lavatera acerifolia), en Bandama, presentan los mejores resultados en cuanto a incrementos absolutos y relativos, tanto de la altura como del diámetro basal, mientras que el granadillo (Hypericum canariense) en el Dragonal, presenta los peores. Sin embargo, el granadillo en Bandama se desarrolla bien, y tiene la ventaja de formar parte de los matorrales de sustitución del bosque termófilo.

Otro aspecto importante es que las especies introducidas puedan frutificar, lo cual ayuda a una regeneración más rápida del ecosistema. El comportamiento reproductivo de los arbustos en Bandama fue variable: el granadillo empezó a fructificar al año de haber sido plantado, el guaydil lo hizo a partir del segundo año, la retama blanca y la malva de risco fructificaron a partir del tercero y el orobal a partir del cuarto. El resto de las especies introducidas, arbóreas o arbustivas, no habían mostrado indicios de reproducción hasta la finalización del seguimiento (1996).

Comparación de las repoblaciones

Comparando repoblaciones, es en Bandama donde se dan los mejores resultados (Figura 1), tanto en supervivencia (Tabla 2) como en desarrollo de las especies, en base a una conjunción de factores climáticos, edáficos, fisiográficos y de manejo de la repoblación. Hay que destacar que el material vegetal empleado es originario de la zona y aclimatado en un vivero in situ, con 1-2 años de edad. Así mismo se protegió a las plantas, tuvieron un riego inicial, etc.

Los Corralillos quedarían fuera de comparación, ya que han recibido un aporte contínuo de agua y un abonado inicial. Los árboles presentan un crecimiento importante entre 1991 y 1994, ralentizándose a partir de esa fecha.

Lo peores resultados mostrados por las repoblaciones de Tirma y el Dragonal se pueden achacar a la falta de protección de las plantas frente a los conejos, a la utilización de plantas que llevaban demasiado tiempo en vivero y a una mala fecha de plantación, seguida de una ausencia total de riegos de apoyo.

Conclusiones

En base a lo aquí expuesto, se consideran factibles las tareas de restauración de este ecosistema, pese a las difíciles condiciones climáticas que se dan en su entorno potencial. Para garantizar un buen establecimiento de las plantas introducidas, es fundamental la utilización de material vegetal de 1-2 años de edad, proteger a la planta frente a herbívoros y, si es posible, realizar algún riego de apoyo. En cuanto a la elección de las especies arbóreas a utilizar, almácigos y acebuches muestran los mayores crecimientos medios, una vez se logra su establecimiento. Por otro lado hay que destacar el importante papel que juegan los arbustos en estas tareas, ayudados por unos desarrollos biométricos y reproductivos muy rápidos, en especial, granadillos y retama blanca, interesantes por formar extensos matorrales en el medio natural.

El Plan Forestal de Canarias

El Plan Forestal de Canarias Jorge Naranjo Borges*
José Ricart Esteban***
Juan Guzmán Ojeda**
María José Jiménez Díaz*


Medio Ambiente CANARIAS: Revista de la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente, 1999, n. 15

Este Plan contempla una inversión de 14.200 millones de pesetas en siete años

Con la aprobación del Primer Plan Forestal de Canarias por el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Canarias en la sesión de 25 de mayo de 1999, publicado en el BOC 1999/117 de martes 31 de agosto de 1999, se nos brinda la oportunidad histórica de impulsar todos aquellos aspectos relacionados con el sector forestal y que indudablemente implican no sólo la ordenación de nuestros montes, sino la incorporación de las nuevas corrientes existentes en los diferentes planos, internacional, europeo y nacional, a las políticas que deben realizarse en ésta materia.

En los últimos años, la evolución producida en el ámbito forestal, ha hecho que ésta adquiera una dimensión diferente, con el objetivo básico de integrar los aspectos de multifuncionalidad y sostenibilidad ecológica, económica y social de los montes en el desarrollo rural, con la triple finalidad de fijar la población rural, generar empleo (nuevos yacimientos del medio rural) y proteger el medio ambiente. Conceptos tenidos en cuenta por la Comisión Europea para elaborar un plan de trabajo que diseñe un Plan Forestal Europeo para el siglo XXI y que a su vez son incorporados en el Plan Forestal Canario. Este Documento se encuentra en consonancia con las líneas marcadas por la Unión Europea expresadas, en muchos casos a través de vías de financiación que hacen posible su realización.

En este sentido, no se puede olvidar que, con la aprobación del Plan Forestal durante el año 1999, se hace coincidir el Primer Programa de Desarrollo enmarcado en el periodo 2000 - 2006, con el Programa de Acción Comunitaria, evitándose situaciones de desfase entre lo que se prevé en el propio Plan y las realidades económicas existentes. Actualmente, se está trabajando a nivel nacional en la elaboración de la Ley Básica Forestal que sustituya la preconstitucional Ley de Montes del año 1957, dando paso al diseño y establecimiento de una Política Forestal Nacional Básica, sin perjuicio de que las Comunidades Autónomas, entre las que se encuentra la Comunidad Autónoma de Canarias, la complementen de forma acorde a sus peculiaridades. Entre sus contenidos figura como instrumento de planificación, el Plan Forestal. Consecuentemente, la aprobación del Plan Forestal Canario supone una anticipación amén de dotar a Canarias del instrumento necesario que articule el desarrollo coherente del sector forestal, siguiendo el ejemplo de otras Comunidades Autónomas como la andaluza, gallega, navarra o madrileña que ya cuentan con Planes Forestales aprobados.

Los objetivos anteriormente descritos empiezan a articularse ya desde este Plan Forestal, contribuyendo a la creación del marco adecuado para el ejercicio de competencias delegadas en los Cabildos Insulares.

Documento

El Plan Forestal de Canarias, con una vigencia prevista de 28 años, es un instrumento de planificación que establece las directrices necesarias para la correcta gestión de los recursos forestales en las siete islas. El objetivo fundamental del Plan Forestal de Canarias es mejorar el estado de la cubierta vegetal del archipiélago a través de la gestión multifuncional, es decir, una gestión capaz de compatibilizar la función ecológica, económica y social de nuestros bosques. Además de los objetivos de conservación y mejora de las masas forestales, el Plan Forestal contempla objetivos jurídico-administrativos tales como el establecimiento de un marco normativo forestal moderno u objetivos de carácter social como el refuerzo de la vinculación entre la población rural y el monte a través del mantenimiento del empleo rural y la generación de rentas para los habitantes de las áreas forestales.

El contenido del Plan Forestal de Canarias se ha estructurado de la siguiente manera:

* Un marco de planificación que se ciñe al nuevo contexto de la política forestal nacional e internacional, así como a los objetivos, ámbito, vigencia y principios del Plan Forestal de Canarias,
* Un diagnóstico que caracteriza la situación actual por la que atraviesa el sector forestal en Canarias a través de un análisis, entre otros, de la propiedad, restauración hidrológica, repoblaciones, selvicultura, aprovechamientos o incendios de los últimos años,
* Diversos programas de actuación que sugieren una serie de directrices y actuaciones que las Administraciones públicas deben llevar a cabo.
* Por último, un Primer Programa de Desarrollo para el período 2000-2006 que presupuesta las actuaciones según tipos e islas.

El grueso del Plan lo constituyen los presupuestos de las actuaciones previstas para los próximos siete años y los Programas de Actuación contemplados: Programa de repoblación forestal; Programa de restauración hidrológico-forestal; Programa de ordenación, selvicultura y aprovechamientos forestales; Programa de áreas frontera y extensión forestal; Programa de investigación y experimentación forestal; Programa de legislación y apoyo administrativo; Programa de seguimiento del Plan Forestal.

Repoblación forestal

El Programa de repoblación forestal está dividido, como el resto de programas, en objetivos, ámbito de aplicación, directrices generales, directrices sobre producción en viveros, directrices sobre repoblaciones forestales y actuaciones generales.

Entre los objetivos destacan la planificación en la producción anual de plantas, el aumento de la superficie forestal arbolada en las islas deforestadas, el fomento de masas mixtas que garanticen la diversidad o la repoblación en terrenos particulares.

En lo que respecta a las directrices sobre producción en viveros se hace alusión al cambio progresivo hacia el contenedor forestal, fomento de la producción de plantas en viveros particulares y a la elaboración de las normas relativas a la comercialización y a la calidad exterior de los materiales forestales de reproducción aplicables a las especies forestales canarias.

En cuanto a las directrices sobre repoblaciones forestales caben destacar los seis tipos de repoblaciones que se establecen en función de los objetivos perseguidos y las técnicas empleadas. Así, el Plan Forestal tiene en cuenta la repoblación forestal, la agroforestal, la silvopastoril, la convencional, la repoblación bajo cubierta y en claros. Las especies destinadas a estas repoblaciones se recogen por islas en los Anexos del programa y, además de especies arbóreas, contemplan especies arbustivas.

En las actuaciones se prevén además de la superficie de repoblación por ecosistema y su coste por islas, la delimitación de regiones de procedencia y rodales selectos de las especies prioritarias del monteverde y bosque termófilo. El presupuesto total de este Programa asciende a más de 3.600 millones y a más de 500 millones anuales, por lo que se trata de unos de los Programas con mayor peso específico dentro del Plan Forestal.

Restauración hidrológico-forestal

El Programa de restauración hidrológico-forestal se basa en un objetivo claro de conservación del suelo productivo o potencialmente productivo frente a procesos de erosión de origen no natural, que han sido inducidos o acentuados por el hombre: deforestación, prácticas agrícolas inadecuadas, usos ganaderos no ordenados y construcción de infraestructuras.

También se incluye en este apartado el objetivo de conservar la red de pistas forestales del archipiélago, sometida generalmente a fuertes procesos de degradación por erosión hídrica.

El ámbito de aplicación es la cuenca hidrológica como unidad integral de actuación, en sus tramos altos, medio y bajo. Obviamente, para acometer la conservación de las pistas forestales, el ámbito será la propia red y sus zonas aledañas.

Las directrices del Programa se clasifican en las denominadas generales (referentes a aspectos globales de consideración del sistema suelo-agua-vegetación y su planificación), y en directrices de gestión (clasificando las tres grandes líneas de acción contra la erosión: por cuencas, por infraestructuras viarias forestales y las correcciones puntuales).

Las actuaciones del Programa son un reflejo final de las directrices. Se propone fundamentalmente: elaboración de planes de corrección hidrológico-forestal por cuencas concretas según prioridades; desarrollo y ejecución de obras derivadas de corrección hidrológico-forestal por cuencas detalladas; diseño de planes insulares de restauración y mantenimiento de pistas forestales; y elaboración de catálogos de obras de corrección para su seguimiento y conservación posterior.

Las actuaciones suman 3.288 millones de pesetas para los próximos siete años, haciendo un reparto entre las islas con mayores problemas de erosión (fundamentalmente Lanzarote, Gran Canaria, Fuerteventura, La Palma y La Gomera), pero supeditando la inversión de años posteriores a lo que se diagnostique mediante los estudios propuestos en el propio Programa.

El agente principal es la Comunidad Autónoma, ya que por un lado es la Administración competente en planificación hidrológico-forestal, y para la ejecución de obras mantiene un convenio con el Ministerio de Medio Ambiente, el cual financia tales infraestructuras bajo la coordinación de la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente.

Ordenación, selvicultura y aprovechamientos forestales

Este Programa se encarga principalmente de proporcionar las directrices necesarias para el adecuado tratamiento de nuestras masas forestales. Para lograr definir y aplicar dichos tratamientos se introduce, a través de la Ordenación, una nueva herramienta planificadora en Canarias, herramienta que se denomina "Plan Técnico de Gestión".

Dentro de dicho Programa se distinguen por un lado las directrices dirigidas a mejorar, sustituir o transformar las distintas masas de repoblación, y por otro lado las directrices encaminadas a proteger y fomentar aún más la resistencia natural de nuestros montes cara a los incendios forestales.

El Programa defiende que, con carácter general, la selvicultura que se practique en los montes de titularidad pública busque modelos finales con dominio o exclusividad de especies autóctonas, mientras que en los montes privados y de copropiedad (consorcios) se diseñe una selvicultura basada en la función preferente del monte, las figuras administrativas de protección y la propia demanda del propietario.

Para asegurar el uso sostenible del monte, el Programa se preocupa especialmente por el mantenimiento de los aprovechamientos tradicionales, proponiendo su ordenación y revisión a través de los denominados "Planes Técnicos de Aprovechamiento".

La potenciación del carboneo, la recuperación de pequeños aprovechamientos con carácter artesanal, la regulación en la recolección de setas y hongos, el aprovechamiento de especies no autóctonas, pero locales, cuyos frutos actualmente se importan, la promoción de árboles de ornamento para épocas navideñas, la elaboración de Catálogos de Arboles Singulares, la publicación de información y la promoción de una ecocertificación para nuestros productos forestales son otros de los múltiples aspectos recogidos en este programa.

El presupuesto total de este Programa oscila en torno a los 4.000 millones de pesetas, con algo más de 500 millones anuales, y prevé la ordenación de la mayor parte de las masas arboladas de Canarias, así como el tratamiento de mejora selvícola de 6.183 hectáreas.

Áreas frontera y extensión forestal

Este Programa se vertebra dentro del Plan Forestal como un programa horizontal, ya que lejos de constituir un programa específico, afecta en mayor o menor medida al resto de los programas. Dicho Programa se preocupa por buscar distintas vías de concertación con los particulares propietarios para la ampliación, mejora y establecimiento de renta ambiental y socieconómica en sus montes.

El Programa pretende, en pocas palabras instrumentar e impulsar la herramienta de gestión conocida como "extensión forestal". El ámbito de aplicación de este programa se define dentro de las denominadas "Áreas Frontera", definidas como aquellas zonas en las que aparecen cultivos y/o asentamientos rurales en mezcla o mosaico con la vegetación forestal, incluyendo además las zonas arboladas en figuras de copropiedad (consorcios) con la Administración. El Programa cuenta con un presupuesto de 1.400 millones, alimentados sobre todo por la disposición económica para la adquisición de fincas.

Investigación y experimentación forestal

Este Programa contempla, entre sus objetivos, la ampliación de los conocimientos científicos a través del desarrollo de nuevas líneas de investigación, la aplicación de estos conocimientos en la práctica y su posterior divulgación.

La investigación forestal será promovida por la Comunidad Autonóma de Canarias, la cual establecerá una Comisión de Investigación formada por técnicos representantes de los siete Cabildos Insulares, los cuatro Parques Nacionales y la Consejería competente en materia de Conservación de la Naturaleza. La Comisión promoverá los programas y estudios de investigación, bien directamente o a través de convenios con las Universidades o Centros de Investigación.

Las líneas de investigación propuestas se ciernen sobre los campos de la genética, repoblaciones, selvicultura, aprovechamientos, plagas y problemas medioambientales globales (desertización, efecto invernadero). Con un presupuesto total de 375 millones y 52 millones anuales cuenta con el presupuestos más modesto.

Legislación y apoyo administrativo

La realidad canaria se caracteriza por el disperso del conjunto normativo de aplicación, así como la carencia de un cuerpo normativo que regule y ordene los diferentes aspectos relacionados con esta materia. En este sentido, el Plan Forestal Canario a través del Programa de legislación y apoyo administrativo se plantea como principales objetivos los siguientes:

* Dotar a la Comunidad Autónoma Canaria de un marco legal adecuado que regule y ordene los montes, su gestión y conservación, de acuerdo con su multifuncionalidad ambiental, social y productiva, garantizando además la sostenibilidad.
* Impulsar el diseño de un adecuado marco competencial entre el Estado y la Comunidad Autónoma de Canarias (así como entre Comunidad Autónoma y Cabildos Insulares)que evite duplicaciones y disfunciones entre las distintas Administraciones Públicas en materia forestal y permita la planificación del sector forestal tanto público como privado.
* Dotar del marco jurídico adecuado a la actividad forestal privada para revitalizar un sector económico de gran importancia para la generación de empleo en el medio rural.
* Buscar las posibles soluciones para el cumplimiento o extinción de los consorcios, especialmente en aquellos que son entre Administración Pública y propietarios particulares.

Se establecen directrices tanto de carácter normativo como administrativo que deberán ser tenidas en cuenta a la hora de afrontar las distintas actuaciones previstas, entre las que se pueden encontrar las de carácter más general, como es el caso de la elaboración de la Ley Forestal Canaria y su desarrollo, y otras más específicas que deberán ir realizándose de forma paulatina, pero de manera continua, tal y como se recoge en el Primer Programa de desarrollo del Plan Forestal, entre el año 2000 y el 2006, cuya aplicación del Programa de legislación y apoyo administrativo prevé una inversión de 825.500.000 de pesetas de las que un porcentaje elevado corresponde a deslindes y amojonaminetos de los Montes de Utilidad Pública.

Seguimiento del Plan Forestal

En el Programa de seguimiento del Plan Forestal se indican las pautas que se deben seguir para:

* la aplicación y seguimiento del Plan Forestal
* la revisión del Plan Forestal en general
* la revisión del Primer Programa de Desarrollo para el período 2000-2006
* la elaboración del Segundo Programa de Desarrollo para el período 2007-2013
* la metodología general para los sucesivos programas de desarrollo y sus revisiones

Para el seguimiento anual se propone trabajar de antemano en los presupuestos que en materia forestal se propongan por parte de la Consejería competente en este campo, ajustando éstos a la previsión de inversiones contenida en el Plan Forestal para cada año. Se realizará la distribución de las partidas presupuestarias para las actuaciones forestales, según corresponda la competencia a una u otra administración, es decir Comunidad Autónoma o Cabildos Insulares.

Por su parte, la aplicación de los Cabildos Insulares de las respectivas actuaciones contenidas en el Plan se coordinará con la C.A. através de convenios de colaboración para la gestión de proyectos cofinanciados por la unión Europea, ya que estas materias son objeto de financiación a través, fundamentalmente, de Fondos Estructurales.

La evaluación posterior de la ejecución de las actuaciones se hará por una Comisión Técnica de Seguimiento del Plan Forestal. El resultado de esta evaluación final deberá plasmarse en un documento informativo que diagnostique el grado de cumplimiento anual del Plan Forestal, identifique los motivos principales del incumplimiento y proponga la correspondiente modificación, en caso necesario, a tener en cuenta en el momento de su revisión al final del período del correspondiente programa de desarrollo (7 años).

Por último el programa prevé que el Plan Forestal de Canarias, además de ser un documento de carácter técnico a disposición de los gestores y planificadores que intervienen en el medio forestal para su conocimiento y aplicación, contará con la correspondiente publicación de carácter divulgativo para su difusión social y podrá ser una herramienta para dar orientación y argumentos a cualquier actuación de educación ambiental de contenido forestal, por lo que se constituye como guía fundamental para el desarrollo de esta línea de trabajo.

Programa de Desarrollo 2000-2006

El presupuesto de las actuaciones previstas para los próximos 7 años se ha calculado en 14.200 millones, lo que supone una inversión media anual de 2000 millones de pesetas. Las mayores inversiones se realizarán en repoblaciones forestales, tratamientos selvícolas y restauraciones hidrológicas en cuencas con problemas de erosión. El grueso de las repoblaciones se pretende ejecutar en la provincia oriental con más de 200 hectáreas anuales, mientras que en las extensas masas boscosas de la provincia occidental se tratarán de 400 a 800 hectáreas anuales.

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**Ingeniero Técnico Forestal. Gerente de la Fundación Canaria para la Reforestación (Foresta)
*Ingeniero de Montes. Viceconsejería de Medio Ambiente.
***Técnico Jurídico. GESPLAN, S.A.